El hombre con un solo diente se acerco mas a Anna e intento pellizcarle uno de los pezones entre el indice y el pulgar; pero ella se encogio hacia atras, protegiendose con los antebrazos.

– Estate quieta -dijo, retorciendose con nerviosismo-. Quedate quieta o te pego un tiro, linda.

Anna cerro los ojos y dejo que le agarrase el pezon. Al principio solo lo sobaba con los dedos como quien lia un cigarro. Pero luego empezo a estrujarlo con fuerza. Lo vi en la cara de Anna. Y en la del tipo, que sonreia con placer sadico, disfrutando del dolor que le infligia. Anna lo soporto en silencio durante un rato, pero eso a el solo le inducia a apretar mas, hasta que al fin, gimoteando, Anna le rogo que parase. Y el lo hizo. Pero solo para estrujarle el otro pezon.

Para entonces yo ya tenia el cuchillo en la mano. Me lo escondi en la manga. Habia demasiada distancia entre el hombre y yo para atacarle cuchillo en mano. Lo mas probable es que me pegase un tiro, y luego a ella la violase y la matase. Era mucha pistola para correr ese riesgo. Pero tirar el cuchillo era arriesgado tambien.

Deje que el cuchillo se deslizase por la palma de mi mano y agarre la hoja como un martillo.

Anna cayo de rodillas, gimoteando de dolor, pero el la agarraba con fuerza, contorsionando la cara con placer horrendo, disfrutando cada segundo de la agonia que estaba escrita en la cara de Anna.

– Cerdo -dijo ella.

Esa era mi oportunidad y, avanzando un paso hacia delante y apuntando con los dos brazos directamente a mi objetivo, arroje el cuchillo, impulsandome con toda la cadera y el impetu del brazo. Apunte a su costado, justo debajo de la mano estirada que seguia retorciendo el pezon.

Lanzo un grito. El cuchillo aparentemente se le clavo en las costillas, pero al instante lo tenia en la mano. Lo solto y el cuchillo cayo al suelo. Al mismo tiempo me disparo y fallo. Senti que la bala me rozaba la cabeza. Rode rapidamente hacia delante esperando encontrarme frente al canon de cinco centimetros o algo peor. En cambio, me encontre delante de un hombre que ahora estaba a cuatro patas, tosiendo sangre en el suelo entre las manos, y luego se ovillo como una bola con la mano en el costado. Eche un vistazo al cuchillo y, al ver la sangre en el filo, supuse que le habia perforado el costado varios centimetros antes de que se lo extrajera del torso.

Parecia que mi proximidad le hacia olvidar el dolor y la angustia de la herida. Retorciendo todo su cuerpo hacia un lado, intento volver a disparar, pero esta vez sin levantar el antebrazo de la punalada del costado.

– ?Cuidado! -grito Anna.

Pero yo ya estaba encima de el, forcejeando para arrancarle el arma de la mano sangrienta mientras disparaba tiros inofensivos hacia el techo. Anna grito. Le pegue un fuerte punetazo en la sien, pero el hombre ya no estaba para peleas. Me aleje de puntillas, intentando evitar el charco de sangre que se extendia por el suelo como un globo rojo que se expande. Todavia no estaba muerto, pero yo sabia que no tenia salvacion. La hoja le habia seccionado una arteria importante. Como una bayoneta. Por la cantidad de sangre que habia en el suelo era evidente que moriria en cuestion de minutos.

– ?Se encuentra bien? -Recogi el sujetador de Anna y se lo di.

– Si -susurro. Se tapaba los pechos con las manos y tenia los ojos llenos de lagrimas. Miraba al hombre, casi como si le diese lastima.

– Vistase -dije-. Tenemos que irnos ya. Alguien puede haber oido los disparos.

Me guarde el arma del tipo debajo del cinturon, enfunde la mia, guarde los faros en el bolso de Anna y recogi los dos cuchillos. Luego eche un vistazo alrededor en busca de cualquiera de esos objetos en los que podrian hincar el diente un poli. Un boton. Un mechon de pelo. Un pendiente. Las pequenas manchas de color en un lienzo, como Georges Seurat, que tanto le gustaba a Ernst Gennat. Pero no habia nada. Solo estaba el, exhalando los ultimos suspiros. Un cadaver que aun no lo sabia.

– ?Y el? -, pregunto Anna, abotonandose la camisa-. No lo podemos dejar aqui.

– Esta acabado -dije-. Cuando llegue la ambulancia ya estara muerto. -La cogi por el brazo y la impulse elegantemente hacia la puerta y luego apague laluz-. Con un poco de suerte, cuando alguien lo encuentre, las ratas habran borrado las pruebas.

Anna separo mi mano de su brazo y encendio de nuevo la luz.

– Se lo dije. No me gustan las ratas.

– ?Y si manda de paso un mensaje en Morse? -le dije-. Para que se enteren de que hay alguien aqui dentro. -Pero deje la luz encendida.

– Es un ser humano -dijo Anna, volviendo al cuerpo en el suelo. Intentando apartar los zapatos de la sangre, se agacho y, con un gesto de impotencia, me miro como rogandome alguna pista sobre lo que ibamos a hacer despues.

El hombre se retorcio varias veces y luego se quedo inmovil.

– No tengo la misma impresion -le dije.

Agachandome a su lado, presione con fuerza el lobulo de la oreja del tipo, e hice una pausa para dar mayor verosimilitud a la escena.

– ?Y bien?

– Esta muerto-le dije.

– ?Esta seguro?

– ?Que quiere que haga, que le expida un certificado de defuncion?

– Pobre hombre -susurro. Luego hizo algo que me parecio muy raro, tratandose de una judia: se santiguo.

– Pues yo me alegro de que haya muerto el pobre hombre. El pobre iba a violarla y matarla. Pero no antes de que me matase a mi, con toda probabilidad, el pobre hombre. El pobre se lo tenia bien merecido, si quiere que le diga lo que pienso. Pero vaya, si usted se quiere quedar aqui velando al pobre hombre, yo prefiero largarme antes de que los polis, o cualquiera de los amigos del pobre hombre, aparezcan por aqui y se pregunten si el arma del crimen que llevo encima me convierte en sospechoso. Por si lo ha olvidado, hay pena de muerte por asesinato en Argentina.

Anna miro el cuchillo de gaucho y asintio.

Fui a la puerta y apague la luz. Anna me siguio hasta la calle. En la puerta, junto al a valla, le dije que esperase un minuto. Corri a la orilla del Muelle Norte y arroje el cuchillo lo mas lejos que pude al Rio de la Plata. En cuanto oi que la prueba tocaba el agua me senti mejor. Ya he visto lo que saben hacer los abogados con una prueba.

Volvimos juntos adonde habia dejado el coche, delante de la estacion. Ya amanecia. Empezaba un nuevo dia para todos, excepto para el hombre de un solo diente que yacia muerto en el suelo del Hotel de Inmigrantes. Me sentia muy cansado. En todos los sentidos habia sido una noche muy larga.

– Oiga -me dijo Anna-, ?le ocurren a menudo este tipo de cosas, Herr…? ?Como me dijo que se llamaba de verdad?

– Gunther, Bernhard Gunther. Y lo dice como si usted no hubiera estado presente, Anna.

– Le aseguro que no voy a olvidar esta noche en mucho tiempo. -Dejo de caminar por un instante y luego vomito.

Le di mi panuelo. Se limpio la boca y respiro profundamente.

– ?Se encuentra bien? -pregunte.

Asintio. Llegamos al coche y entramos.

– Ha estado bien la cita -dijo-. Pero la proxima vez quedamos solo para ir al teatro.

– La llevo a casa -dije.

– No, no puedo ir a casa -dijo Anna mientras bajaba la ventanilla-. Todavia no. No me siento con fuerzas de irme ahora. Y despues de lo que ha pasado, tampoco quiero estar sola. Quedese aqui un momento. Solo necesito estar tranquila un rato.

Servi un poco del cafe que habia traido Anna, Se lo bebio y me miro mientras me fumaba un cigarro.

– ?Que pasa?

– No le tiemblan las manos. Sus labios no estan tremulos. No da caladas ansiosas al cigarrillo. Fuma como si no hubiera pasado nada. Pero que despiadado es usted, Herr Gunther.

– Sigo aqui, Anna. Supongo que eso ya lo dice todo.

Me incline hacia su asiento y la bese. Tuve la sensacion de que le habia gustado.

– Cielo, dime tu direccion y te llevo a casa -le dije, tomandome la libertad de tutearla-. Llevas toda la noche fuera. Tu padre estara preocupado.

– A lo mejor no eres tan despiadado como pensaba.

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