– Yo que tu no apostaria.
Arranque el coche.
– Entonces -me dijo-, ?me vas a llevar a casa en serio? Por algo se empieza. No, si a lo mejor es cierto que quieres ser santo.
Tenia razon, por supuesto. Lo cierto es que queria demostrarle cuan brillante y lustrosa era mi armadura. Conduje rapido. Queria llegar a su casa antes de que algo me hiciese cambiar de opinion. La nobleza solo corre por mis venas mientras no se golpea la cabeza con algo duro e inflexible. Sobre todo en lo referido a Anna.
CAPITULO 14
Lo primero que notamos fue un fuerte olor a quemado. Luego oimos los coches de bomberos y las ambulancias que venian de Artilleriestrasse. Frieda salio a la puerta del hotel para echar un vistazo y observo que una multitud de gente exaltada se dirigia hacia el noroeste por la Pariser Platz. Sobre los tejados de la embajada francesa, algo iluminaba el cielo nocturno como la puerta abierta de una caldera.
– Es el Reichstag -dijo Frieda-. Esta ardiendo el Reichstag.
Entramos corriendo en el hotel con la intencion de verlo mejor desde el tejado. Pero en el vestibulo me encontre con Herr AdIon. Le dije que el Reichstag estaba ardiendo. Eran las diez y pico de la noche.
– Si, lo se. -Me llevo aparte, penso mejor lo que iba a decirme, y luego me hizo pasar al despacho del gerente. Cerro la puerta-. Quiero pedirle algo. Y puede ser peligroso.
Me encogi de hombros.
– ?Sabe donde esta la embajada china?
– Si, en Kurfurstendamm. Junto al teatro Nelson.
– Quiero que vaya alli, a la embajada china, en la furgoneta de la lavanderia del hotel -dijo Louis Adlon, entregandome las llaves-. Quiero que recoja a unos pasajeros y los traiga directamente aqui. Pero de ninguna manera deje que se apeen en la puerta principal del hotel. Entre con ellos por la puerta de servicio. Los estare esperando alli.
– ?Puedo preguntar quienes son, senor?
– Si. Es Bernhard Weiss con su familia. Alguien le soplo que los nazis pensaban ir a su casa esta noche para lincharlo. Por suerte Chiang Kai-shek es amigo de Izzy y dejo que se refugiase junto con su familia alli en la embajada. Me acaba de llamar hace unos minutos para pedirme que le ayude. Naturalmente, le dije que se alojase aqui. Y supuse que usted tambien querria ayudarle.
– Por supuesto. ?Pero no estaria mas seguro en la embajada?
– Es posible, pero estara mas comodo aqui, ?no cree? Ademas, estamos acostumbrados a dar alojamiento en nuestras suites VIP en condiciones de estricta confidencialidad. No, lo cuidaremos muy bien aqui, y durante el tiempo que haga falta.
– Seguro que esto tiene que ver con el incendio del Reichstag -dije-. Los nazis deben de estar tramando un derrocamiento total de la Republica. Y la declaracion de la ley marcial.
– Creo que tiene razon. ?Va armado?
– No, senor, pero voy a buscar un arma.
– No queda tiempo. Llevese la mia. -Saco un llavero y abrio la caja fuerte-. La ultima vez que saque esta pistola de la caja fuerte fue durante la sublevacion espartaquista de 1920. Pero esta bien lubricada. -Me entrego una Mauser de mango de escoba y una caja de municion. Luego abrio en la mesa un maletin de piel y vacio su contenido-. Meta aqui la Mauser. Y tenga cuidado, Bernie. No creo que esta sea una de esas noches en que uno se siente orgulloso de ser aleman.
Louis Adlon tenia razon. Las calles de Berlin estaban tomadas por los soldados de las tropas de asalto, que entonaban canciones y ondeaban las banderas como si el incendio fuese motivo de celebracion. Vi como rompian el escaparate de una tienda de propiedad judia cerca del zoo. Era facil imaginar lo que habria ocurrido si se hubiesen encontrado con un viejo rabino o algun pobre infeliz con una visera a lo Lenin y una bandera roja en la solapa. Habia furgonetas de policia y coches blindados por doquier, pero no supuse que tuviesen la menor intencion de proteger a los comunistas y los judios. Y al ver que los hombres de la Schupo no se esforzaban en poner fin a los disturbios de la ciudad, me alegre de no ser ya policia. Por otro lado, era una noche excelente para ser chino. Al llegar, observe que nadie prestaba atencion a la embajada china ni a sus ocupantes.
Deje el motor encendido y las puertas abiertas, sali de la furgoneta y llame al timbre de la embajada. Un chino respondio a la puerta y me pregunto quien era. Le dije que me mandaba Louis Adlon y, al instante, se abrieron las dobles puertas que daban a una antesala de la planta baja. Alli estaban Izzy y su familia esperando con el equipaje. Me miraron con inquietud. Izzy me dio la mano y asintio en silencio. No nos dijimos gran cosa. No habia tiempo. Recogi las maletas, las introduje en la furgoneta y, cuando me parecio que no habia peligro, hice senas a los pasajeros para que saliesen de la embajada y cerre las puertas de la furgoneta en cuanto entraron.
Al llegar al Adlon conduje el vehiculo hasta la entrada de servicio, tal como me habian ordenado, y alli estaba Louis Adlon esperando. Max, el portero, cargo las pertenencias de la familia Weiss en un carrito de equipaje y desaparecio por el ascensor de servicio. Ni siquiera espero la propina. Todo era extrano aquella noche. Entretanto, metimos corriendo a los refugiados en otro ascensor de servicio y los condujimos a la mejor suite del hotel. Era algo tipico de Louis Adlon, y yo sabia que su significacion no pasaria desapercibida para Izzy.
En el interior de la suntuosa suite, los cortinajes de seda cubrian las ventanas y estaba encendida la chimenea. La esposa de Izzy se oculto en el bano con los hijos, y Adlon sirvio copas para todos. Aparecio Max, que empezo a guardar el equipaje. Aunque no se veia nada de lo que ocurria en el exterior, el bullicio si se oia. Unos soldados de tropas de asalto se acercaron por Wilhelmstrasse entonando «Muerte a los marxistas». Los ojos de Izzy estaban envueltos en lagrimas, pero intentaba sonreir.
– Parece que ya han encontrado a un chivo expiatorio para el incendio -dijo.
– Nadie lo creera -dije.
– La gente creera lo que quiera -dijo Izzy-. Y ahora mismo no quieren creer en los comunistas, es evidente.
Tomo el vaso que le ofrecio Louis y brindamos los tres. -Por que vengan tiempos mejores -dijo Louis.
– Si -dijo Izzy-. Pero me temo que esto acaba de empezar. Solo ha sido un incendio. ?Ya veran! Esto va a ser la pira funeraria de la democracia alemana. -Me puso la mano en el hombro con un gesto amistoso y paternal-. Andese con cuidado, mi joven amIgo.
– ?Yo? -Sonrei-. Bueno, yo no he tenido que esconderme en la embajada china.
– Oh, para mi hace tiempo que la cosa se acabo. Estabamos preparados para algo asi. Hace varias semanas que hicimos las maletas.
– ?Adonde van, senor?
– A Holanda. Alli estaremos a salvo.
Era evidente que estaba cansado. Agotado. Nos dimos la mano y me marche. No volvi a verlo.
Subi al tejado y encontre a Frieda, que contemplaba el incendio con algunos clientes y empleados del hotel. Uno de los camareros de la cocteleria del hotel habia traido una botella de aguardiente para contrarrestar el aire frio nocturno, pero nadie bebia mucho. Todo el mundo sabia lo que significaba el fuego. Parecia una almenara del infierno.
– Me alegra que hayas vuelto -dijo-. Tengo miedo.
– ?Por que? -le pregunte mientras la rodeaba con el brazo-. No hay nada que temer. Aqui estas a salvo.
– No me referia a eso. Bernie, soy judia, ?recuerdas?
– Lo habia olvidado. Lo siento. -La acerque mas a mi y le bese la frente. Su pelo y su abrigo olian mucho a humo, casi como si le hubieran prendido fuego. Tosi un poco y dije-: Para que luego digan del famoso aire de Berlin.
– Estaba preocupada por ti. ?Adonde has ido?
Una fuerte rafaga de viento frio y amargo nos lleno la cara de humo. ?Donde habia estado? No lo sabia. Me
