del espionaje y el fraude. Freude hizo un trato con Peron. A cambio de entregar el control de buena parte de la pasta, su hijo, Rodolfo Freude, fue nombrado jefe de la policia de seguridad.

– Bonito cambalache.

– ?Verdad? Heinrich Dorge, que era asesor de Hjalmar Schacht, no se mostro tan dispuesto a colaborar. No tenia un hijo como Rodolfo. Y lo pago caro. Los Peron ordenaron su asesinato. Para que se fuesen animando los otros tres banqueros, Von Leute, Von Bader y Staudt. y vaya si se animaron. Entregaron el botin. Desde entonces permanecen en la practica bajo arresto domiciliario.

– ?Por que? Si los Peron tienen el botin, ?a que viene ese arresto?

– Porque hay mucho mas que el dinero que bajo por la rampa de un par de submarinos. Mucho mas dinero. Mire, los Peron tienen una fundacion. Eva lleva cinco anos regalando dinero del Reichsbank a todo argentino de mierda que ie cuenta una milonga. Han estado comprando la lealtad del pueblo. El problema es que, al ritmo al que gastan el dinero del submarino, lo van a agotar. Asi que, para permanecer en el poder otros diez o veinte anos, quisieran echar mano del premio gordo. El filon principal.

– Se refiere a sus cuatrocientos millones de dolares, ?no?

– No perdimos la guerra por falta de dinero, amigo. Al final de la guerra habia tanto dinero guardado en las cuentas suizas del Reichsbank que, en comparacion, lo que habia en los bancos alemanes de aqui era calderilla. Hay miles de millones de dolares nazis en Zurich y todo, hasta el ultimo centimo, esta bajo el control de los tres banqueros que quedan aqui en Buenos Aires. Al menos, asi sera mientras permanezcan con vida.

– Entiendo.

– Para los Peron, la cuestion es la siguiente: como echarle el guante al botin. Para ejercer el control de las cuentas de Zurich se requiere la presencia en Suiza de al menos uno de los banqueros, provisto de las cartas firmadas de los otros dos. Pero ?en cual se puede confiar? ?En cual pueden confiar los Peron? ?En cual pueden confiar los demas banqueros? Naturalmente no hay garantia de que el que vaya a Zurich venga de vuelta algun dia. Tampoco hay garantia de que haga lo que le piden los Peron cuando este alli. Lo que le piden, por supuesto, es que les ceda el control del dinero. Asi que los tres banqueros estan en un buen aprieto. Y ahi es adonde quiero llegar.

– ?Ah? ?Ahora es banquero, Otto?

Intente aparentar que todo aquello era nuevo para mi. Pero despues de conocer a los Von Bader y la desaparicion de su hija, Fabienne, no tenia ninguna duda de que el dinero y su desaparicion estaban relacionados.

– Mas bien regulador bancario, diria yo -dijo Skorzeny-.

Mire, estoy aqui para asegurarme de que los Peron nunca vean ni un pfennig de ese dinero. Para ello he logrado mantener una estrecha relacion con Eva. En gran medida gracias a que frustre un atentado contra su vida. Bueno, fue bastante facil, la verdad. -Se rio-. Al fin y al cabo, fui yo quien lo organizo. De todos modos, ha llegado a confiar bastante en mi.

– Otto -dije sonriente-. ?No querra decir…?

– No somos lo que se dice amantes -reconocio-. Pero, como le digo, ha llegado a confiar bastante en mi. ?Y quien sabe lo que puede pasar? Sobre todo dado que el presidente anda siempre por ahi follandose a jovencitas.

– ?Ah, si? ?De que edades?

– Trece. Catorce. A veces menos, segun Eva.

– Y esa confianza en usted, ?como cree que se va a manifestar en lo que respecta al dinero de Suiza? - pregunte con curiosidad.

– Procurando que yo me encuentre en una posicion donde pueda saber si consigue enviar a alguno de los banqueros a Zurich. Porque entonces yo tendria que intervenir para impedir que tal cosa ocurriera.

– ?Quiere decir que tendria que matar a alguien? A uno de los banqueros. Quiza a los tres.

– Probablemente. Como dije, el fondo no estara para siempre bajo el control de los banqueros. Al final el dinero se dispersara entre varias organizaciones por toda Alemania. Mire, nuestro plan es utilizar el dinero para reconstruir la causa del fascismo europeo.

– ?Nuestro plan? Quiere decir el plan de los viejos camaradas, ?verdad Otto? El plan nazi.

– Claro.

– ?Y traicionar a los Peron? Parece peligroso, Otto.

– Lo es. -Sonrio-. Por eso necesito a alguien en la policia secreta que me cubra las espaldas. Alguien como usted.

– Pero yo soy un tipo nervioso. Ya lo m~jor no quiero implicarme.

– Seria una lastima. Primero, significaria que nadie le cubriria a usted las espaldas. Ademas, Eva confia en mi. Y a usted casi no lo conoce. Si me denuncia, sera usted el que desaparezca, no yo. Pienselo.

– ?Cuanto tiempo tengo?

– El tiempo se ha acabado.

– No puedo decir que no, ?verdad?

– Eso me parece. Usted y yo. Somos tal para cual. Mire, fue Eva la que me hablo de usted. Me conto el discursito que les solto a ella y a la bola de sebo. Cuando les conto que era poli y todo eso. Hacia falta cojones. Peron lo valoro. Y yo tambien. Los dos somos inconformistas, usted y yo. Somos solitarios. Somos forasteros. Nos podemos ayudar mutuamente. Una llamada por aqui, otra llamada por alla. Y nunca olvidamos a nuestros amigos. -Saco una tarjeta y la dejo con cuidado en mi mesita de noche-. Por otro lado…

– ?Por otro lado?

Observo el retrato del rey britanico colgado en la pared junto a mi cama. Por un momento lo contemplo con semblante algo malevolo y, de pronto, le atizo un fuerte punetazo. Lo suficiente para romper el cristal y descolgar el retrato de la pared. La foto cayo al suelo. Anicos de cristal llovieron sobre mi pecho y mis piernas. Pero a Skorzeny le dio igual; prefirio concentrarse en un hilillo de sangre que manaba de sus nudillos lacerados y goteaba sobre mi cabeza. Sonrio, pero el significado era poco amigable.

– Por otro lado, la proxima vez que nos veamos esta podria ser su sangre, no la mia.

– Que corte tan feo, Otto. Vaya a que se lo curen. Creo que hay una buena clinica veterinaria en Viamonte. Seguramente le pondran una inyeccion contra la rabia mientras le arreglan la zarpa.

– ?Esto? -Skorzeny levanto la mano y dejo que la sangre gotease sobre mi cara. Por un momento se fascino con aquella vision. A mucha gente de las SS le fascinaba el derramamiento de sangre y la mayoria residia ahora en Argentina-. Solo es un rasguno.

– Mire, seria buena idea que se marchase ahora, Otto. Despues de lo que le ha hecho al rey. Esto es un hospital britanico, al fin y al cabo.

– Siempre he odiado a ese hijoputa -dijo Otto, despues de escupir en el retrato caido.

– No hace falta que me explique. Ninguna falta. -Ahora le seguia la corriente, ansioso por que se marchase-. Un hombre como usted, que conocio a Adolf Hitler.

– Estuve con el en mas de una ocasion -dijo en voz baja.

– ?De veras? -dije, fingiendo interes-. La proxima vez que nos veamos me lo cuenta. Estoy deseandolo. - Entonces somos socios.

– Claro, Otto, claro.

Extendio la mano. Se la estreche y senti la fuerza de su antebrazo. Con la mayor proximidad, vi el hielo sucio de sus ojos azules y percibi el olor fetido de su dentadura putrefacta. Llevaba una estrellita de oro en la solapa. No sabia lo que era, pero se me paso por la cabeza que tal vez podria quedarse inmovil si se la quitase, como la criatura criminal del libro El Golem de Gustav Meyrink.

Ojala la vida fuera tan sencilla.

CAPITULO 15

BUENOS AIRES. 1950

Fue una convalecencia breve, pero no tanto como para no estar encamado sin hacer otra cosa que pensar. Al

Вы читаете Una Llama Misteriosa
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату