labio retorcido como un perro que se prepara para ladrar, o para morder. Los ojos eran distintos a como los recordaba. Eran como los ojos de un gato: cautelosos, atentos y llenos de siete vidas de secretos oscuros.
– Lamento molestarle a la hora de comer. -Senale un vaso de leche y un bocadillo a medio comer en una bandeja de plata en el suelo, junto a la pata de la silla. Al mismo tiempo me pregunte si la leche y el bocadillo habrian sido para su joven visita anterior.
– No importa. ?Que desea?
Recite la monserga habitual del pasaporte argentino yel certificado de buena conducta y le dije que era un mero tramite, porque yo habia pertenecido a las SS y me conocia el percal. Al oir esto, me pregunto por mi servicio en la gu~rra y, despues de suministrarle la version editada de mis tiempos en la Oficina Alemana de Crimenes de Guerra, aparentemente se relajo un poco, como una tanza de pesca que se afloja al cabo de unos minutos en el agua.
– Yo tambien estuve en Rusia -dijo-. En el cuerpo medico de la Division Viking. Y, en concreto, en la batalla de Rostov.
– Tengo entendido que las cosas eran bastante peliagudas alli -me atrevi a decir.
– Eran peliagudas en todas partes.
– Solo quisiera comprobar algunos datos basicos -dije despues de abrir la carpeta que traia. El expediente de Helmut Gregor.
– Claro.
– ?Nacio el…?
– 16 de marzo de 1911.
– ?En…?
– Gunzburg.
– Esta a orillas del Danubio. Es lo unico que se de esa localidad. Yo soy de Berlin. No. Aguarde un minuto. Conoci a una persona de Gunzburg. Un tipo llamado Pieck. Walter Pieck. Estaba tambien en las SS. En el campo de concentracion de Dachau, creo. A lo mejor lo conoce.
– Si. Su padre era el jefe de la policia municipal. Antes de la guerra apenas nos conociamos. Pero yo nunca estuve en Dachau. Nunca estuve en ningun campo de concentracion. Como le dije, estuve en la Division Viking de las Waffen-SS.
– ?Ya que se dedicaba su padre en Gunzburg?
– Vendia maquinaria agricola. Todavia se dedica al mismo negocio. Trilladoras y cosas asi. Algo muy corriente, pero creo que sigue siendo la empresa mas grande de la ciudad.
– Lo siento -dije, despues de dejar la pluma-. Me he saltado una pregunta. Nombre del padre y la madre, por favor.
– ?Es necesario?
– Es normal en la solicitud de pasaporte.
– Karl y Walburga Mengele.
– Walburga. Es un nombre poco comun.
– Si, ?verdad? Walburga era una santa inglesa que vivio y murio en Alemania. Supongo que le sonara la noche de Walpurgis. El 1 de mayo. Es cuando se trasladaron sus reliquias a no se que iglesia.
– Pensaba que era una especie de
– Creo que tambien es algo asi -dijo.
– Y usted es Josef ?Tiene hermanos?
– Dos hermanos. Alois y Karl.
– No quiero entretenerlo mas, doctor Mengele. -Sonrei.
– Prefiero que me llame doctor Gregor.
– Si, claro. Disculpe. Digame, ?donde estudio?
– ?Y eso es relevante?
– Continua ejerciendo la medicina, ?no? Yo diria que es bastante relevante.
– Si. Si, claro. Perdone, es que no estoy acostumbrado a responder con sinceridad tantas preguntas seguidas. Llevo cinco anos fingiendo una nueva personalidad. Seguro que sabe lo que es.
– Desde luego. Por eso el gobierno argentino me ha encomendado esta tarea. Porque soy aleman y de las SS, igual que usted. Asi podran dejarlo tranquilo, como al resto de camaradas, cuando concluya todo el proceso. Lo entiende, ?verdad?
– Si. Bien pensado, parece logico.
– De todos modos -dije, encogiendome de hombros-, si no quiere solicitar un pasaporte argentino, podemos interrumpir todo esto aqui. -Negue con la cabeza-. Y tan amigos, como se suele decir.
– Por favor, continue.
Frunci el ceno como si pensase en otra cosa.
– Insisto -anadio.
– No, es que tengo la sensacion de que nos hemos visto antes.
– No creo. Me acordaria.
– ?Fue en Berlin, no? En el verano de 1932.
– En el verano de 1932 estaba en Munich.
– Si, seguro que se acuerda. Fue en casa de otro medico. El doctor Richard Kassner. En Donhoff Platz, ?se acuerda?
– No recuerdo haber conocido al doctor Kassner.
Me desabroche el abrigo para que vislumbrase el arma que llevaba. Por si acaso se le pasaba por la cabeza algun experimento quirurgico conmigo. Como trepanarme con una pistola. Porque yo ya no dudaba que el iba armado. En uno de los bolsillos del abrigo escondia algo mas pesado que una cajetilla de tabaco. No sabia exactamente lo que habia hecho Mengele durante la guerra.
Lo unico que sabia era lo que me habia contado Eichmann. Que Mengele hizo algo bestial en Auschwitz. Y que, por ese motivo, era uno de los hombres mas buscados de Europa.
– Venga. Seguro que lo recuerda. ?Como dijo que se llamaba? Biffo, ?no? No, un momento. Era Beppo. ?Que ha sido de Kassner?
– Creo que me confunde con otra persona. Perdone que le diga, pero eso fue hace dieciocho anos.
– No, ahora lo recuerdo todo, mire, Herr doctor Mengele. Beppo. Yo era policia en 1932. Trabajaba en la division de homicidios del Kripo de Berlin. Era el detective que investigaba el asesinato de Anita Schwartz. ?La recuerda, quiza?
– No -respondio, cruzando las piernas con frialdad-. Mire, todo esto es muyconfuso. Necesito un cigarrillo.
Se llevo la mano al bolsillo. Pero yo fui mas rapido.
– ?Aja! -exclame, y, empunando la Smith & Wesson a escasos centimetros de su vientre, le meti en la mano enbolsillo de la bata y saque una PPK con empunadura de nogal. La observe un instante. Era una treinta y ocho con un aguila nazi en la empunadura-. No es muy inteligente por su parte. Conservar algo asi.
– Usted es el que no es muy inteligente -dijo.
– ?Ah, si? -dije mientras me guardaba la pistola y volvia a sentarme-. ?Por que?
– Porque soy amigo del presidente.
– ?No me diga?
– Le aconsejo que guarde el arma y salga de mi casa.
– No antes de charlar un poco mas, Mengele. De los viejos tiempos. -Amartille con el pulgar-. Y si no me gustan las respuestas, tendre que soplarselas. En el pie. Y luego en la pierna. Estoy seguro de que sabe como funciona, doctor. Un dialogo socratico, vaya.
– ?Socratico?
– Si. Le invito a que reflexione y piense, y a que juntos…-Le apunte con el arma-… Juntos busquemos la verdad de algunas preguntas importantes. No hace falta formacion filosofica, pero, si tengo la sensacion de que no intenta alcanzar un consenso, pues bien, ?recuerda lo que le paso a Socrates? Sus compatriotas atenienses lo obligaron a meterse una pistola en la cabeza y volarse los sesos. O algo parecido.
– ?Que diablos importa lo que le paso a Anita Schwartz? -pregunto Mengele muy irritado-. Si fue hace casi veinte anos.
