esculpido el conjunto de forma muy distinta. Imaginaba a los angeles de la guarda armados con algo mas letal que una sonrisa altanera, un menique levantado con elegancia y un ojo clavado en las puertas del cielo buscando respaldo. Pero bueno, asi soy yo. Aun hoy, cuatro anos despues del final de la guerra, lo primero que pienso al levantarme todas las mananas es donde deje mi Kar 98.

Sali de la iglesia y me meti enseguida en un numero seis que se dirigia al sur desde Karlsplatz. Me gustan los tranvias. No tienes que preocuparte por llenarles el deposito y puedes dejarlos aparcados en cualquier callejon de mala muerte. Son fantasticos si no puedes permitirte un coche, y en el verano de 1949 salvo por los americanos y el baron Von Starnberg, podia muy poca gente. Ademas, los tranvias te llevan exactamente alli donde quieres ir, siempre y cuando tengas la sensatez de subir a uno que pare cerca del lugar al que te diriges. No sabia adonde iba Wolfgang Stumpff, ni tampoco de donde venia, pero supuse que tendria mas probabilidades de encontrarlo en uno de aquellos tranvias que en cualquier otro. La labor de un detective no requiere un cerebro del tamano del de Wittgenstein. Permaneci en el numero seis hasta Sendlinger-Tor-Platz, donde baje y tome un numero ocho que viajaba en direccion contraria. Subio por Barer Strasse hasta llegar a Schwabing, y me apee en Kaiserplatz, cerca de la iglesia de Santa Ursula. Segun habia oido, alli tambien habia unas cuantas esculturas de Ignaz Gunther, pero cuando vi un treinta y siete que se acercaba por Hohenzollernstrasse, me meti en el sin dudarlo.

Me dije que no tenia sentido hacer la ruta completa. Tenia mas opciones de encontrar a Wolfgang Stumpff si me mantenia por el centro de Munich, donde la mayoria de la gente subia o bajaba de los tranvias. A menudo, el trabajo detectivesco incluye jugar con la estadistica e imaginar probabilidades. A veces me quedaba en la parte de arriba, otras hacia el viaje en el piso inferior. El piso de arriba era mejor porque se podia fumar, lo malo es que no se veia a los que subian y bajaban, que era como la gente llamaba a esa parte del tranvia que no estaba en el piso superior. Arriba eramos casi todo hombres porque casi todos los hombres fumaban, y las mujeres que fumaban preferian no hacerlo en los tranvias. No me preguntes por que. Soy detective, no psicologo. No es que asumiera que Stumpff no fumaba, pero imagine que, de haber estado en el piso de arriba, la hija del baron no lo hubiera visto. Al menos no desde la ventana de un Porsche 356. Demasiado baja. Podria haberlo visto en el piso de arriba si hubiera conducido un cabriole, pero nunca desde un cupe.

?Por que doy tantos detalles? Porque aquellas pequenas cosas rutinarias eran las que me recordaban que se sentia al ser policia. El dolor de pies, el sudor en la nuca y debajo del sombrero, ejercitar de nuevo mis dotes de observacion. Habia vuelto a fijarme en los rostros. A escudrinar las caras en apariencia normales de los que se sentaban frente a mi en busca de algun rasgo distintivo. La mayoria de la gente tiene uno, solo hay que mirar con la suficiente atencion.

Estuve a punto de no verlo bajar. El tranvia iba muy lleno. Tenia los ojos oscuros y de mirada intensa, la frente alta, los labios delgados, un hoyuelo en la barbilla y una nariz canina que le daba el aspecto de estar siguiendo el rastro de algo. Me recordo mucho a Georg Jacoby, el cantante, y por un segundo tuve la sensacion de que se pondria a cantar La mujer de mis suenos. El rasgo distintivo de Wolfgang Stumpff era facil de encontrar. Le faltaba un brazo.

Baje del tranvia tras el y lo segui hasta la estacion de trenes de Holzkirchner. Alli tomo un tren de cercanias y se apeo en la parada de Munchen-Mittersendling. Igual que yo. Camino cerca de un kilometro y medio por Zielstattstrasse hasta llegar a una casita moderna y acogedora flanqueada por arboles. Me quede mirando la fachada y vi que se encendia una luz en una de las habitaciones del piso superior.

Me daba igual que Vincenz von Starnberg pasara veinte anos en Landsberg. Me daba igual que lo colgaran en su celda con pesos atados a los tobillos. Me daba igual que su padre muriera de tristeza. Me daba igual si Stumpff declaraba acerca de la personalidad de su viejo amigo de universidad o no. Aun asi llame al timbre, a pesar de haberme dicho que no lo haria. No pretendia engatusar a nadie por el Sturmbannfuhrer de las SS von Starnberg ni por su padre el baron. Ni hablar. Ni por mil marcos. Pero no me importaba engatusar a alguien si aquello me habia de permitir engatusar tambien al bombon. Que los ojos azules de Helene Elisabeth von Starnberg me vieran como a un angel de la guarda era algo con lo que podia vivir.

6

A los tres dias recibi un cheque certificado por valor de mil marcos alemanes a ser cobrados de la cuenta personal que el baron tenia en Delbruck and Con. Llevaba una buena temporada sin percibir un sueldo decente, de modo que deje el cheque sobre la mesa para recrearme en el. De vez en cuando lo levantaba, lo volvia a mirar y me decia que estaba de nuevo en activo. Tuve toda una hora para sentirme orgulloso de mi mismo.

Entonces sono el telefono. Era el doctor Bublitz, del Instituto de Psiquiatria Max Planck. Me dijo que Kirsten estaba enferma. Despues de un episodio de fiebre, su salud habia empeorado y la habian trasladado al Hospital General de la ciudad, cerca de Sendlinger-Tor-Platz.

Sali a toda prisa de la oficina, subi a un tranvia, atravese corriendo los jardines Nussbaum y llegue a la Cli nica de Mujeres de Mainstrasse. La mitad de aquel lugar parecia un edificio; la otra mitad estaba en ruinas. Avance entre una hilera de hormigoneras, salve un parapeto de ladrillos nuevos y madera y enfile hacia un tramo de escaleras de piedra. El polvo de la obra adherido a la suela de mis zapatos los hacia chirriar como si pisaran azucar. En la escalera se oia el eco de los golpeteos, que retumbaban con fuerza monotona, como si un pajaro carpintero prehistorico estuviera haciendo un agujero en un enorme arbol. En la calle, un par de martillos neumaticos parecian disputarse la construccion de la ultima trinchera de Munich. Alguien fresaba los dientes de un pobre sufriente mientras otro le amputaba la pierna a su esposa, mas sufriente todavia.

En el patio fluia agua a borbotones, como en una caverna subterranea. Algun minero demente o un forjador enfermo hubieran apreciado la paz y la tranquilidad del lugar, pero para cualquier otra persona con timpanos, laClinica de Mujeres se asemejaba mucho al infierno.

Kirsten se encontraba en una pequena habitacion individual, cercana a la sala principal. Tenia fiebre y estaba amarillenta. El pelo se le pegaba a la cabeza como si acabara de lavarselo. Tenia los ojos cerrados y su respiracion era rapida y superficial. Parecia muy enferma.

La enfermera que la atendia llevaba mascarilla. A juzgar por el aspecto de Kirsten, una decision acertada. Un hombre vestido de blanco se coloco a mi lado.

– ?Es usted un pariente cercano? -gruno.

Era robusto, tenia el pelo rubio, llevaba raya en medio, gafas sin montura, un bigote a lo Hindenburg, un cuello de camisa tan almidonado que podria haber cortado maiz con el, y una pajarita parecida a los lazos que adornan las cajas de bombones.

– Soy su marido. Bernhard Gunther.

– ?Marido? -Busco entre sus notas-. ?Fraulein Handloser esta casada? Eso no consta en ningun sitio.

– Cuando su medico la ingreso en el Max Planck olvido notificarlo -respondi-. Tal vez porque no lo invitamos a la boda, no lo se. Cosas que pasan. Pero bueno, ?podemos olvidar ese detalle? ?Que le ocurre?

– Me temo que no podemos olvidarlo, herr Gunther -respondio el medico-. Hay una serie de normas. Solo puedo hablar del estado de fraulein Handloser con un familiar cercano. ?Ha traido el certificado de matrimonio?

– Pues no, no lo tengo aqui -respondi con mucha calma-. Pero lo traere la proxima vez. ?Que le parece? - Guarde silencio y aguante la mirada indignada del medico durante unos segundos-. Vera, no hay nadie mas. Nadie mas vendra a visitarla, se lo puedo garantizar. -Espere. No dijo nada-. Y si no me cree, respondame a la siguiente pregunta: si no esta casada, ?por que razon lleva una alianza?

El medico la miro y cuando vio la alianza en su dedo volvio a ojear sus notas, como si hubieran de darle alguna pista sobre el procedimiento a seguir.

– La verdad es que se trata de una irregularidad importante. Sin embargo, teniendo en cuenta su estado, supongo que tendre que creerle.

– Gracias, doctor.

Junto los talones e inclino la cabeza hacia delante. Comence a considerar que aquel hombre hubiera obtenido el titulo de medicina en un hospital de Prusia, en un algun lugar en el que, en vez de estetoscopios, repartian botas militares. Aunque en realidad aquella actitud era bastante comun en Alemania. Los medicos alemanes siempre se han creido tan importantes como Dios. Es mas, puede que la situacion sea aun peor. Es probable que Dios se crea un medico aleman.

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