– Si desaparecio durante la guerra, frau Warzok, deberia acudir a la Ofi cina de Informacion del Ejercito. La Weh rmacht Dienststelle esta en Berlin, Eichborndamm, 179. Telefono 41904.

Sabia el telefono porque cuando el padre de Kirsten murio trate de averiguar si su hijo seguia con vida. La noticia de que su hermano habia sido asesinado en 1944 no hizo mucho por el deteriorado estado mental de Kirsten.

Frau Warzok meneaba la cabeza.

– No, no es eso. Al final de la guerra seguia vivo. En la primavera de 1946 estuvimos en Ebensee, cerca de Salzburgo. Lo vi solo un rato, ya me entiende. No viviamos como marido y mujer. No desde el fin de la guerra.

Saco un panuelo de la manga de su chaqueta entallada y lo aplasto contra la palma de la mano con expectacion, como si estuviera planeando echarse a llorar.

– ?Ha hablado con la policia?

– La policia alemana dice que es asunto de Austria. La policia de Salzburgo dice que deberia dejarlo en manos de los americanos.

– Los yanquis no saldran en su busca -dije.

– En realidad, puede que si. -Trago un bolo de emocion contenida y solto un profundo suspiro-. Si, es muy probable que les interese salir a buscarlo.

– ?Y eso?

– No es que les haya dicho nada sobre Friedrich. Asi se llama. Friedrich Warzok. Es de Galitzia. Galitzia fue parte de Austria hasta la guerra Austro-Prusiana de 1866, al termino de la cual obtuvo su autonomia. Entonces, despues de 1918, paso a formar parte de Polonia. Friedrich nacio en Cracovia en 1903. Era un polaco muy austriaco, herr Gunther. Y despues muy aleman, cuando Hitler resulto elegido.

– ?Y por que los americanos habrian de estar interesados en el? -pregunte, aunque comenzaba a hacerme una idea.

– Friedrich era un hombre ambicioso, pero no fuerte. Al menos no intelectualmente. Fisicamente si lo era, muy fuerte. Antes de la guerra era picapedrero. Bastante bueno. Era un hombre muy viril, herr Gunther. Supongo que eso fue lo que me enamoro de el. Con dieciocho anos, yo tambien era muy vigorosa.

No me cabia la menor duda. Resultaba muy sencillo imaginarla con una combinacion corta de color blanco, una corona de laurel en el pelo y haciendo interesantes ejercicios con un aro en una bonita pelicula de propaganda del doctor Goebbels. El vigor femenino jamas tuvo un aspecto tan rubio y saludable.

– Sere honesta con usted, herr Gunther. -Se llevo la punta del panuelo al ojo-. Friedrich Warzok no era unbuen hombre. Durante la guerra hizo cosas terribles.

– Despues de Hitler nadie puede decir que tenga la conciencia limpia -repuse.

– Esta muy bien que piense asi. La gente hace cosas para sobrevivir, pero tambien hace cosas que nada tienen que ver con la supervivencia. La amnistia de la que se trata en el Parlamento… no creo que mi marido goce de ella, herr Gunther.

– Yo no estaria tan seguro. Si alguien de la calana de Erich Koch esta dispuesto a arriesgarse a salir de su escondite para pedir la proteccion de la nueva Ley Basica, entonces cualquiera puede hacer lo mismo. Haya hecho lo que haya hecho.

Erich Koch habia sido el Gauleiter de Prusia Oriental y el Comisionado del Reich en Ucrania, donde tuvieron lugar terribles acciones. Lo sabia porque habia visto unas cuantas. Koch contaba con poder ampararse en la nueva Ley Basica de la Re publica Federal, que prohibia la pena de muerte y la extradicion en los casos de crimenes de guerra. En aquel momento permanecia en una carcel de la zona britanica. El tiempo diria si habia tomado la decision acertada.

Comenzaba a vislumbrar el derrotero que iban a tomar aquel caso y mi recien establecido negocio. El marido de frau Warzok era el tercer nazi consecutivo del que me ocupaba. Y gracias a tipos como Erich Kaufmann y el baron Von Starnberg, que me habia hecho llegar una carta de agradecimiento, parecia como si fuera a convertirme en el hombre al que acudir cuando el problema guardaba relacion con un camisa parda o un criminal de guerra fugado. Y no es que me gustara demasiado. No habia vuelto a ejercer de detective privado para eso. Es probable que me hubiera librado de frau Warzok si hubiera intentado convencerme de que su marido no tenia nada personal en contra de los judios, o que no era mas que una victima de los «juicios de valor historicos». Pero, de momento, no decia nada de eso. Al contrario, como no tardo en senalar.

– No, no. Friedrich era un hombre malvado. No puede ser que le concedan la amnistia a un hombre como el. No despues de lo que hizo. Merece todo lo que le venga encima. Nada me haria mas feliz que saber que estamuerto. Creame.

– Le creo, le creo. ?Por que no me cuenta que hizo?

– Antes de la guerra estuvo en el Freikorps, y despues en el Partido. Entonces se unio a las SS y se convirtio en Hauptsturmfuhrer. Lo destinaron al campo Lemberg-Janowska de Polonia. Y alli dejo de ser el hombre con el que me habia casado.

Negue con la cabeza.

– No he oido hablar de Lemberg-Janowska.

– Alegrese de ello, herr Gunther -respondio-. Janowska no era como los otros campos. Empezo como una red de factorias que formaban parte de la fabrica de armamento aleman, en Lvov. Habia judios y polacos que hacian trabajos forzados. Unos seis mil en 1941. Friedrich llego a principios de 1942 y, al menos durante unos dias, estuve con el. El comandante era un hombre llamado Wilhaus, y Friedrich se convirtio en su ayudante. Habria unos doce o quince oficiales alemanes como mi esposo. Pero la mayoria de los miembros de las SS, los guardias, eran rusos que se habian ofrecido como voluntarios para servir a las SS y eludir asi los campos de prisioneros de guerra. -Hizo un gesto de negacion y apreto el panuelo con fuerza, como si tratara de escurrir recuerdos dolorosos del pedazo de algodon-. Despues de que Friedrich llegara a Janowska, el campo comenzo a llenarse de judios. De muchos judios. Y los valores del campo, si es que puede utilizarse una palabra asi para hablar de Janowska, empezaron a cambiar. Obligar a los judios a fabricar municion se volvio mucho menos importante que acabar con ellos. Y no los mataron de manera sistematica, como en Auschwitz-Birkenau. Nada de eso. Aquello consistia en matarlos de uno en uno, tal y como le apeteciera al oficial de las SS de turno. Y cada uno de ellos tenia su forma favorita de acabar con los judios. Y cada dia alguien era baleado, ahorcado, ahogado, empalado, destripado, crucificado… si, crucificados, herr Gunther. Cuesta creer, ?verdad? Pues es cierto. Las mujeres eran apunaladas hasta morir, o mutiladas con hachas. Utilizaban a los ninos para practicar punteria. Oidecir que apostaban si podrian partir a un nino por la mitad de un solo hachazo. Cada oficial de las SS estaba obligado a llevar la cuenta de cuantos habia matado a fin de elaborar una lista. Trescientas mil personas murieron de ese modo, herr Gunther. Trescientas mil personas asesinadas brutalmente, a sangre fria, por sadicos que se carcajeaban. Y mi marido fue uno de ellos.

Mientras hablaba no me miraba a mi sino al suelo, y no paso mucho tiempo antes de que una lagrima recorriera la fina linea de su nariz y se perdiera en la alfombra. Y despues otra.

– En algun momento, no se exactamente cuando porque pasado un tiempo dejo de escribirme, Friedrich asumio la direccion del campo. Y le aseguro que no introdujo ningun cambio. Una vez me escribio para contarme que Himmler lo habia visitado, y que estaba feliz por lo bien que iban las cosas en Janowska. El campo fue liberado por los rusos en 1944. Wilhaus esta muerto. Creo que los rusos lo mataron. Fritz Gebauer, el comandante del campo antes que Wilhaus, fue juzgado en Dachau y condenado a cadena perpetua. Esta en la carcel de Landsberg. Pero Friedrich escapo a Alemania, donde permanecio hasta el fin de la guerra. Durante aquel tiempo mantuvimos el contacto. Pero el matrimonio se habia terminado, y si no fuera porque soy catolica, me hubiera divorciado de el.

»A finales de 1945 desaparecio de Munich y no supe nada mas de el hasta marzo de 1946. Estaba huyendo. Contacto conmigo y me pidio dinero para escapar. Estaba en contacto con una asociacion de antiguos companeros… Odessa. Y estaba a la espera de una nueva identidad. Tengo dinero, herr Gunther, asi que acepte. Lo queria fuera de mi vida, para siempre. En aquel momento no se me ocurrio que me querria volver a casar. Entonces las cicatrices que usted ve no tenian este aspecto. Un cirujano hizo un buen trabajo para que mi rostro estuviera mas presentable. Y tuve que invertir mucho de lo que me quedaba en pagarle.

– Merecio la pena -observe-. Hizo un buen trabajo.

– Muy amable por su parte. Y ahora he conocido a alguien. Un hombre decente con el que me gustaria casarme. Asi que tengo que saber si Friedrich esta vivo o muerto. Vera, dijo que me escribiria cuando llegara a

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