Sudamerica. Es alli donde se dirigia. Es alli donde van la mayoria de ellos. Pero no lo hizo. Otros de los que escaparon con el se pusieron en contacto con sus familias y ahora viven seguros en Argentina y en Brasil. Pero no mi marido. He hablado con el cardenal Josef Frings, de Colonia, y me dice que la Ig lesia catolica no acepta un nuevo matrimonio a menos que presente pruebas de la muerte de Friedrich. Y crei que, por el hecho de haber formado parte de las SS, usted tendria mas posibilidades de averiguar si esta vivo o muerto. Si esta en Sudamerica.
– Esta bien informada -dije.
– Yo no -respondio-. Mi prometido. Al menos eso fue lo que me dijo.
– ?A que se dedica?
– Es abogado.
– Deberia haberlo imaginado.
– ?Que quiere decir?
– Nada -respondi-. ?Sabe, frau Warkoz?, no todos los que estuvieron en las SS son personas tan calidas y adorables como yo. A algunos de esos antiguos companeros no les gustan las preguntas, ni siquiera si parten de gente como yo. Lo que me pide podria ser muy peligroso.
– Soy consciente de ello. Le compensaremos. Aun me queda algo de dinero. Y mi prometido es un abogado rico.
– ?Hay algun abogado que no lo sea? Tengo la sensacion de que en el futuro todos seran abogados. Tendran que serlo. -Encendi otro cigarrillo-. Un caso como este puede resultar muy costoso. Estan los gastos. Y el dinero suelta las lenguas.
– ?El dinero suelta las lenguas?
– Si. Mucha gente no dira nada hasta ver una foto de Europa y el toro. -Saque un billete y le mostre la foto de la que estaba hablando-. Como esta.
– Supongo que eso lo incluye tambien a usted.
– Yo funciono con monedas, como todo y todos en los dias que corren. Abogados incluidos. Cobro diez marcos al dia, mas gastos. Sin recibos. A su contable no le hara mucha gracia, pero es inevitable. Comprarinformacion no es como comprar sobres. Siempre cobro algo por anticipado. Por las molestias. Es decir, puede que no obtenga resultados, y a un cliente siempre le resulta molesto descubrir que ha pagado por nada.
– ?Que le parecen doscientos por anticipado?
– Doscientos son mejor que cien.
– Mas una prima sustanciosa si da con alguna prueba de que Friedrich esta vivo o muerto.
– ?Como de sustanciosa?
– No lo se. No he pensado mucho en ello.
– Pues no estaria mal que lo hiciera. Trabajo mucho mejor si lo se. ?Que precio le pone a que llegue a descubrir algo? ?O a casarse, por ejemplo?
– Le pagaria cinco mil marcos, herr Gunther.
– ?Ha pensado en ofrecerle esa cantidad al cardenal? -pregunte.
– ?Como un soborno?
– No, nada de «como un soborno», frau Warzok. Estoy hablando de un soborno en toda regla. Asi de simple. Cinco mil marcos compran un monton de rosarios. Venga ya, si es asi como los Borgia amasaron su fortuna. Lo sabe todo el mundo.
Frau Warzok parecia escandalizada.
– La Ig lesia ya no es asi -respondio.
– ?Ah, no?
– No podria hacerlo. El matrimonio es un sacramento indisoluble.
Me encogi de hombros.
– Si usted lo dice. ?Tiene una fotografia de su esposo?
Saco un sobre de la maleta y me entrego tres fotografias. La primera era un retrato de estudio de un hombre con brillo en la mirada y una amplia sonrisa. Tenia los ojos un poco juntos, pero aparte de eso nada hacia presagiar que aquella fuera la cara de un asesino psicopata. Parecia un tipo de lo mas corriente. Aquello era lo que tenian de aterrador los campos de concentracion y los grupos de accion especial. Fueron los tipos corrientes -abogados, jueces, policias, granjeros de pollos y picapedreros- quienes llevaron a cabo todas esas matanzas. En la segunda fotografia la situacion era ya mas evidente. Un Warzok algo mas rechoncho, con la papada plegada sobre el cuello de la guerrera, en posicion de firmes, estrechaba la mano de un sonriente Heinrich Himmler. Warzok era unos tres centimetros mas bajo que Himmler, que iba acompanado de un Gruppenfuhrerde las SS a quien no reconoci. La tercera mostraba un plano mas abierto; tomada el mismo dia, aparecian en ella seis oficiales de las SS, entre ellos Warzok y Himmler. En el suelo habia sombras, por lo que se diria que el sol habia brillado.
– Esas dos fueron tomadas en agosto de 1942 -explico frau Warzok-. Como puede ver, le ensenaron Janowska a Himmler. Wilhaus estaba borracho y la escena no fue tan cordial como pueda parecer. Himmler no estaba de acuerdo con la crueldad gratuita. O al menos eso me dijo Friedrich.
Busco en su maletin y saco una hoja mecanografiada.
– Esta es una copia de algunos detalles de su registro en las SS. Su numero de las SS. Su numero del NSDAP. Sus padres estan muertos, asi que puede olvidarse de tirar por ahi. Tuvo una novia, una judia llamada Rebecca, a la que asesino justo antes de que el campo fuera liberado. Tal vez Fritz Gebauer pueda decirle algo. Yo no lo he intentado.
Eche un vistazo a la hoja que habia preparado. Era un informe exhaustivo, la verdad es que se habia esmerado. O quiza fuera obra de su prometido, el abogado. Mire de nuevo las fotografias. Me costaba imaginarla en la cama con el hombre que estrechaba la mano de Himmler, pero parejas mas improbables se han visto. Resultaba sencillo ver que habia sacado el del asunto. Era bajo, ella era alta. En eso, al menos, se ajustaba a la media. Lo que no acababa de entender era que habria visto ella en el. Las mujeres altas solian casarse con hombres bajos porque no andaban cortos de dinero, solo de estatura. Los picapedreros no ganaban mucho. Ni siquiera en Austria, donde las tumbas tienen mas estilo que en cualquier otro lugar de Europa.
– No lo capto -dije-. ?Por que se casaria una mujer como usted con un mequetrefe como ese?
– Porque me quede embarazada -respondio-. De no haber sido por eso jamas me habria casado con el. Despues de la boda perdi al bebe. Y ya se lo he dicho. Soy catolica. Y un matrimonio es para toda la vida.
– Esta bien. Eso lo entiendo. Pero suponga que lo encuentro. ?Que pasara entonces? ?Ha pensado en ello?
Arrugo la nariz y su rostro adopto una expresion severa que no me habia mostrado hasta entonces. Cerro los ojos un instante, se quito uno de los guantes de terciopelo y me dejo ver la mano de hierro que habia permanecido oculta hasta entonces.
– Usted ha mencionado a Erich Koch. Mi prometido cree que desde que en mayo abandonara la clandestinidad, los britanicos, en cuya zona de ocupacion esta encarcelado, estan considerando las peticiones de extradicion de Polonia y la Uni on Sovietica, paises en los que cometio sus crimenes. Pese a la Ley Ba sica y a las amnistias que la Re publica Federal pueda pasar, mi prometido cree, y sus opiniones estan fundamentadas, que los britanicos aprobaran su extradicion a la zona rusa. A Polonia. Y si un tribunal de Varsovia lo declara culpable, no cabe duda de que tendra que afrontar la pena maxima impuesta por las leyes polacas. Una pena que el sistema judicial aleman no aprueba. Esperamos que Friedrich Warzok corra la misma suerte.
Sonrei.
– Bueno, ahora si. Ya veo que tenian en comun ustedes dos. Es usted una mujer cruel, ?no? Como una de esas Borgia de las que hemos hablado. Lucrecia Borgia. Cruel y hermosa.
Se sonrojo.
– ?A usted le importa que pueda sucederle a un hombre como el? -pregunto, mostrandome la fotografia de su esposo.
– No especialmente. La ayudare a encontrar a su esposo, frau Warzok. Pero no la ayudare a ponerle un lazo al cuello, aunque merezca eso y mucho mas.
– ?Que ocurre, herr Gunther? ?Le impresionan este tipo de cosas?
– Tal vez. Pero si soy impresionable es porque he visto a hombres colgados y cosidos a balazos. Los he visto saltar en pedazos y morir de hambre, los he visto abrasados con lanzallamas y aplastados bajo las orugas de los
