campo de treboles en la carretera hacia Smolensk. Los habian desnudado y matado a balazos.

Yo estaba con el batallon de policias de reserva adjunto al 49.o ejercito. Nuestra mision era encontrar a las brigadas de asesinos de la NKVD y poner fin a su actividad. Teniamos informacion de que un escuadron de la muerte de Lvov y Dubno habia ido hacia el norte, a Lutsk, y, en nuestros carros ligeros Panzer y los coches blindados Puma, intentamos llegar antes que ellos. Lutsk era una pequena ciudad sobre el rio Styr, con una poblacion de diecisiete mil habitantes. Era la residencia de un obispo catolico, con toda probabilidad poco querido por los comunistas. Cuando llegamos, encontramos casi a la poblacion entera reunida alrededor de la carcel de la NKVD con una gran angustia por el destino de sus parientes encarcelados ahi. Un ala de la prision ya estaba en llamas, pero con nuestros coches blindados conseguimos romper una pared y salvar la vida de un millar de hombres y mujeres. Sin embargo, llegamos tarde para casi tres mil mas. Muchos habian recibido un tiro en la nuca. Otros habian muerto por granadas lanzadas a las ventanas de las celdas, pero la mayoria simplemente habian sido quemados vivos. Jamas olvidare el olor a carne humana quemada mientras viva.

La gente de la ciudad nos conto en que direccion habia ido el escuadron de la muerte, asi que salimos tras ellos, resulto bastante facil con los Panzer. Las carreteras sucias estaban duras como el cemento. Les dimos caza a tan solo unos kilometros al norte, en un lugar llamado Goloby. Se produjo un tiroteo. Gracias al canon adjunto a nuestro vehiculo, lo ganamos con facilidad. Capturamos a treinta de ellos. Ni siquiera habian tenido tiempo de deshacerse de sus documentos rojos de identificacion que, algo que les favorecia muy poco, contenianfotografias. Uno incluso tenia las llaves de la carcel de Lutsk todavia en el bolsillo, asi como multitud de archivos relacionados con algunos de los prisioneros asesinados. Eran veintiocho hombres y dos mujeres. Ninguno tenia mas de veinticinco o veintiseis anos. La mas joven, una mujer, tenia diecinueve y poseia esa belleza eslava de pomulos alzados. Costaba relacionarla con los asesinos de tanta gente. Uno de los prisioneros hablaba aleman, asi que le pregunte por que habian matado a tanta gente de los suyos. Me dijo que la orden habia llegado directamente de Stalin y que sus comisarios de partido los habrian fusilado de no haberla cumplido. Muchos de mis hombres estaban a favor de llevarlos con nosotros para que los colgaran en Minsk, pero a mi no me interesaba ese lastre. Asi que los fusilamos a todos, en cuatro grupos de siete, y nos dirigimos de nuevo al norte, hacia Minsk.

Me uni al 316? batallon directamente desde Berlin, en un lugar llamado Zamosc, Polonia. Anteriormente, el 316? y el 322?, con los que habiamos operado, habian estado en Cracovia. En aquella epoca, por lo que yo sabia, ninguno de esos dos batallones policiales habia llevado a cabo un asesinato multiple. Sabia que muchos de mis colegas eran antisemitas, pero habia la misma proporcion de gente que no lo era, y nada de eso supuso un problema hasta que llegamos a Minsk, donde hice mi informe. Tambien entregue las dos docenas de juegos de papeles de identificacion que habiamos confiscado antes de ejecutar a sus propietarios asesinos. Era el 7 de julio.

Mi superior, un coronel de las SS llamado Mundt, me felicito por nuestra exitosa accion y, al mismo tiempo, me solto una reprimenda por no haber llevado a las dos mujeres para que fueran colgadas. Parecia que Berlin habia emitido una nueva orden: todas las mujeres de la NKVD y partisanas debian ser colgadas, en publico, como ejemplo para la poblacion de Minsk.

Mundt hablaba ruso mejor que yo en aquella epoca, y tambien podia leerlo. Antes de enrolarse en el Grupode Accion Especial B de Minsk, habia estado en la Ofi cina Judia de la RSHA. Y el fue quien se percato de algo acerca de los prisioneros de la NKVD que habiamos ejecutado. Pero incluso al leer en voz alta sus nombres no lo comprendi.

– Kagan -dijo-. Geller, Zalmonowitz, Polonski. ?No lo capta, Obersturmfuhrer Gunther? Todos son judios. Habeis ejecutado a un escuadron de la muerte judio de la NKVD. Eso lo demuestra, ?no? Que el Fuhrer tiene razon al decir que los bolcheviques y los judios son el mismo veneno.

Ni siquiera entonces me parecia tan importante. Incluso entonces me dije que yo no sabia que todos eran judios cuando los fusilamos. Me convenci de que probablemente eso no habria cambiado nada, que habian asesinado a miles de personas a sangre fria y merecian morir. Pero aquello sucedio el 7 de julio. Por la tarde empece a mirar la accion policial que dirigia con otros ojos. Por la tarde habia oido lo del «registro», cuyo resultado fue que dos mil judios fueron identificados y fusilados. Luego, al dia siguiente, acabe en un peloton de fusilamiento de las SS, dirigido por un policia joven que habia conocido en Berlin. Seis hombres y mujeres fueron fusilados y sus cuerpos cayeron en una fosa comun, donde tal vez descansaban ya cien cadaveres. En ese momento me di cuenta del verdadero proposito de los batallones policiales. Entonces mi vida cambio, para siempre.

Tuve suerte de que el general que comandaba el Grupo de Accion Especial B, Arthur Nebe, fuera un viejo amigo mio. Antes de la guerra era el jefe de la policia criminal de Berlin, un detective de carrera, como yo. Asi que fui a pedirle un traslado a la Weh rmacht para realizar tareas en primera linea. Me pregunto mis motivos. Le dije que si me quedaba seria solo cuestion de tiempo que me fusilaran por desobedecer una orden. Le dije que una cosa era disparar a un hombre porque era miembro de un escuadron de la muerte de la NKVD, pero otra muy diferente dispararle solo porque era judio. Nebe penso que era extrano.

– Pero el Obersturmbannfuhrer Mund me dijo que las personas que fusilasteis eran judias -replico.

– Si, pero no los fusile por eso, senor -conteste.

– La NKVD esta llena de judios -dijo-. Lo sabes, ?no? Si hay opcion de que atrapes a otro escuadron de la muerte, seran judios. ?Y entonces que?

Me quede en silencio. No sabia que contestar.

– Solo se que no me voy a pasar esta guerra asesinando a gente.

– La guerra es la guerra -dijo, impaciente-. Y, francamente, puede que hayamos intentado abarcar demasiado en Rusia. Tenemos que ganar en este terreno lo antes posible si queremos ponernos a salvo en invierno. Eso significa que no hay lugar para los sentimientos. Sinceramente, ya tenemos suficiente con ocuparnos de nuestro propio ejercito para hacerlo tambien con los prisioneros del Ejercito Rojo y la poblacion local. Tenemos un arduo trabajo por hacer, no te equivoques. No todo el mundo sirve. A mi no me importa mucho, Bernie. ?Me he explicado bien?

– Con suficiente claridad -dije-. Pero preferiria disparar a gente que me devuelva los disparos. Soy asi de raro.

– Eres demasiado mayor para estar en primera linea. No durarias ni cinco minutos.

– Probare, senor.

Me miro un segundo mas y luego se acaricio la larga nariz imponente. Tenia cara de policia. Astuto, duro, de buen talante. Hasta entonces nunca habia pensado en el como un nazi. Sabia que solo tres anos antes habia formado parte de una conspiracion militar para derrocar a Hitler en cuanto los britanicos declararon la guerra a Alemania tras la anexion de los Sudetes. Por supuesto, los britanicos jamas declararon la guerra. No en 1938. En cuanto a Nebe, era un superviviente. Y de todas formas, en 1940, cuando Hitler derroto a los franceses en solo seis semanas, muchos de sus opositores en el ejercito cambiaron de opinion sobre el. Aquella victoria les parecio una especie de milagro a muchos alemanes, incluso a los que no les gustaba Hitler y todo lo que defendia.Suponia que Nebe era uno de ellos.

Podria haberme fusilado, aunque nunca oi que fusilaran a nadie por desobedecer la llamada Orden de Comisario, que se convirtio en poco mas que una licencia para matar civiles rusos. Me podria haber enviado a un batallon de castigo. Existian. En cambio, Nebe me envio a unirme a la Sec cion de Inteligencia del Este de Ejercitos Extranjeros de Gehlen, donde pase varias semanas organizando registros de la NKVD. Y despues fui trasladado a Berlin, al Servicio de Crimenes de Guerra del Alto Comando Aleman. Supongo que era la idea que tenia Arthur Nebe de una broma. Siempre tuvo un extrano sentido del humor.

Pense en todo tipo de excusas para lo que sucedio en Lutsk. Que yo no sabia que eran judios. Que eran asesinos. Que habian matado casi a tres mil personas, probablemente a mas. Que seguro que habrian matado a muchos mas prisioneros politicos si no les hubieramos fusilado.

Pero siempre me parecia lo mismo.

Habia ejecutado a treinta judios. Ellos habian matado a todos aquellos prisioneros solo para evitar que colaboraran con los invasores nazis, algo que era casi seguro. Stalin habia reclutado grandes cantidades de judios para la NKVD porque sabia que se jugaban mas. Yo habia participado en el mayor crimen de la historia oficial.

Me odiaba por ello, pero mas a las SS. Odiaba la manera en que me habia convertido en complice de su genocidio. Nadie sabia mejor que yo lo que se habia hecho en nombre de Alemania, y ese era el verdadero motivo

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