preparandome para lo que estaba a punto de encontrar. La descorri. Era Vera, y estaba muerta. La media de nailon con que la habian asesinado todavia estaba apretada en torno a su cuello, como una serpiente invisible. Suspire y cerre los ojos un momento. Pasados uno o dos minutos deje de comportarme como un ser humano normal y empece a pensar como un detective. Fui hacia la entrada y cerre, por si acaso. Lo ultimo que queria en ese momento era que entrara alguna de las clientas de Vera y me encontrara examinando su cadaver. Volvi al probador, corri la cortina tras de mi y me arrodille junto a ella para asegurarme de que estaba muerta. Tenia lapiel fria y mis dedos no notaron nada al colocarlos entre la media y la yugular. Llevaba varias horas muerta. Tenia sangre seca en los orificios de la nariz, las encias y los lados de la cara. Y muchos aranazos y marcas de dedos en torno a la barbilla y cerca del nudo de la media. Los ojos estaban cerrados. He visto borrachos vivos con peor aspecto. Tenia el pelo revuelto y las gafas estaban en el suelo, rotas. La silla del probador tambien estaba en el suelo y el espejo de la pared tenia una grieta considerable. Estaba claro que habia opuesto mucha resistencia. Mi conclusion se confirmo al examinarle las manos y ver las magulladuras de los nudillos. Por lo visto habia conseguido golpear al agresor, puede que incluso mas de una vez.
Me puse en pie para echarle un vistazo al suelo, vi una colilla y la recogi. Para desgracia mia, era Lucky. Habia un cenicero lleno de Lucky en mi habitacion del hotel. Me guarde la colilla en el bolsillo. Ya habia suficientes pruebas circunstanciales contra mi, no habia necesidad de regalarle otra a la policia. La noche anterior habiamos hecho el amor y yo no llevaba condon. Vera habia dicho que no pasaba nada. La autopsia revelaria mi grupo sanguineo.
Busque el bolso de Vera con la esperanza de encontrar la llave de la casa y asi entrar y recuperar mi tarjeta de visita. Pero el bolso habia desaparecido. Me pregunte si se lo habria llevado el asesino. Lo mas probable es que fuera la misma persona que habia entrado en el apartamento la noche anterior. Me maldije por haber arrancado el cordel, de no haberlo hecho, hubiera podido entrar. La policia encontraria mi tarjeta, sin duda; y sin duda tambien la vecina que me habia visto volver al apartamento medio desnudo y con un palo de hockey podria darles una buena descripcion. Su descripcion encajaria con la de la mujer que me habia visto a traves del escaparate unos minutos antes. Sin duda, la situacion era preocupante.
Apague la luz y fui por toda la tienda limpiando con unas bragas todo lo que habia tocado. Mis huellas debian de estar por todo el apartamento, desde luego, pero me parecia inconveniente dejarlas tambien en escenario del crimen. Abri la puerta y limpie el picaporte, cerre, le di vuelta a la llave y cerre las cortinillas de la puerta y el escaparate. Con un poco de suerte no encontrarian el cadaver hasta dentro de uno o dos dias.
La puerta trasera daba a un patio. Me levante las solapas del abrigo, me baje el ala del sombrero hasta taparme los ojos, cogi la bolsa que contenia el dinero de Vera y sali sin hacer ruido. Empezaba a oscurecer. Camine por el centro del patio, lejos de la luz de las ventanas y los primeros reflejos de la luna. El patio conducia hasta un pasaje; abri una puerta y vi que desembocaba en Horlgasse, la calle perpendicular a Wasagasse. Horlgasse, Horlgasse. Por alguna razon el nombre me decia algo.
Camine hacia el sureste hasta llegar a Roosevelt Platz. En medio de la plaza se erguia una iglesia. La iglesia Votiva. Habia sido edificada en agradecimiento a Dios por haber salvado la vida del joven emperador Francisco Jose tras un intento de asesinato. Me sonaba que Roosevelt Platz se habia llamado en algun momento Goring Platz. Llevaba mucho tiempo sin pensar en Goring. Hubo un tiempo, en 1936, en que habia sido cliente mio. Pero Horlgasse no dejaba de rondarme la cabeza. Horlgasse, Horlgasse. Y entonces lo recorde. Horlgasse. Era la direccion de Britta Warzok. La misma direccion que habia descubierto en el bloc de notas del Buick del mayor Jacobs. Saque mi libreta y comprobe el numero de puerta. Me habia propuesto hacerle una visita a Britta Warzok en cuanto liquidara el asunto de Gruen, pero aquel momento me parecio tan bueno como cualquier otro. Me pregunte si la cercania entre ambas direcciones -la de Britta Warzok y la de Vera Messmann- seria una mera coincidencia. ?O tal vez no? Tal vez se tratara de una coincidencia significativa. Jung tenia toda una teoria al respecto y quiza la hubiera recordado si las circunstancias de dicha coincidencia no me hubiesen ocupado por entero el pensamiento. A lo mejor hubiera recordado incluso que no todas las coincidencias significativas sonpositivas.
Di media vuelta y camine hacia el este por Horlgasse. Tarde apenas dos minutos en dar con el numero 42. Quedaba justo delante del tranvia, donde Horlgasse se convierte en Turkenstrasse, a la altura de Schlick Platz. La Aca demia de Policia de Viena estaba a solo unos metros. Me encontre frente a otro portal barroco. Una pareja de atlantes hacian las veces de columnas y sostenian una entabladura engalanada con ramas de hiedra. Una puertecita contenida en una de las hojas de la puerta principal estaba abierta. Entre y me detuve delante de los buzones. En el edificio habia solo tres apartamentos, uno en cada piso. En el buzon correspondiente al piso superior se leia el nombre «Warzok».
Estaba lleno de cartas que no habian sido recogidas en varios dias, pero subi de todos modos.
Subi las escaleras. La puerta solo estaba entornada. La abri del todo y asome la cabeza al vestibulo en penumbra. En el interior hacia frio, demasiado frio para estar habitado.
– ?Frau Warzok? -pregunte-. ?Esta usted aqui?
El apartamento era grande, con techos de tres alturas y ventanas de dos. Una de ellas estaba abierta. Un olor desagradable se me pego a los orificios nasales y al velo del paladar. Un olor a rancio y a podrido. Busque un panuelo para cubrirme la nariz y la boca, pero lo que saque fueron las bragas que habia utilizado para borrar mis huellas en la tienda de Vera Messmann. No le di importancia. Me adentre en el apartamento diciendome a mi mismo que no podia haber nadie, que nadie podria aguantar ese frio ni ese hedor por mucho tiempo. Luego pense que alguien debia de haber abierto la ventana, y ademas poco antes. Me acerque a la ventana y mire hacia Schlick Platz en el momento en que pasaba el tranvia, haciendo sonar la campana como si fuera una alarma de incendios. Cogi una bocanada de aire fresco y me encamine a la penumbra, donde el hedor era mas intenso. En ese momento se encendieron las luces. Me di media vuelta y vi a dos hombres armados con pistolas. Me estaban apuntando.
33
Ninguno de los dos era especialmente corpulento y, de no ser por las pistolas, no me hubiera costado abrirme paso a traves de ellos como si fueran puertas de vaiven. Parecian algo mas inteligentes que el tipico maton, pero solo un poco. Tenian esa clase de rostro que se resiste a una descripcion inmediata, como un campo de hierba o un camino de grava. De los que hay que observar a conciencia para retenerlos en la mente. Los mire desafiante, como miro a todo aquel que me apunta con una pistola, aunque no por ello deje de poner las manos en alto. Me da por observar las buenas maneras cuando la gente me saluda pistola en mano.
– ?Como se llama? ?Y que esta haciendo aqui?
El que habia hablado primero intentaba impostar un tono severo, como si se esforzara por dejar a un lado la buena educacion con el fin de acongojarme. Tenia el pelo entrecano y la barba y el bigote formaban un heptagono perfecto en torno a la boca, confiriendole a su delicado rostro cierta virilidad artificial. Detras de la montura ligera de las gafas, habia unos ojos grandes, con demasiado blanco alrededor del iris de color miel, como si no estuviera del todo seguro de sus acciones. Vestia un traje oscuro, un abrigo corto de piel y un pequeno sombrero de fieltro que parecia una cesta de pan en equilibrio sobre su cabeza.
– Soy el doctor Eric Gruen -dije.
Cualquiera que fuera el crimen que Eric Gruen habia cometido, llevaba un pasaporte con su nombre en el bolsillo y no me quedaba mas opcion que hacerme pasar por el. Ademas, por lo que Medgyessy me habia dicho, era la policia aliada la que iba tras de mi, no la austriaca, y aquellos eran policias austriacos, de eso estaba seguro. Ambos llevaban el mismo modelo de pistola, flamantes Mauser automaticas, la clase de arma que llevaban todos los agentes del cuerpo de policia vienes, una vez purgado de nazis.
– Papeles -dijo el segundo policia.
Me lleve la mano al bolsillo lentamente. Entre los dos debian de acumular tanta experiencia policial como un jefe de boyscouts, y a mi no me apetecia recibir un tiro por culpa de los nervios de un poli novato. Les alargue elpasaporte de Gruen con cuidado y volvi a levantar las manos.
– Soy amigo de frau Warzok -dije olisqueando el ambiente. Aquella habitacion no era lo unico que olia mal; la situacion en si apestaba. Si la policia estaba alli era porque algo grave habia ocurrido-. Diganme, ?esta bien? ?Donde esta?
