Habia algo que no encajaba en lo que decian los agentes, pero en ese momento no tenia tiempo de seguir indagando. Si los americanos tenian un expediente sobre mi, era muy posible que tuvieran tambien una fotografia. Tenia que salir de alli, y rapido. Pero ?como? Si hay algo a lo que los policias se aferran, es a los testigos. Aunque si hay algo que detestan es a los forenses aficionados, los civiles convencidos de poder colaborar.

– La Stif tskaserne -dije-. El 796? Regimiento de Policia Militar estadounidense, ?verdad? Y la CIA, no la PI. De be de ser un caso para los de Inteligencia, aparte de un homicidio. Me pregunto en que andaria metida Britta que pueda interesar a la CIA.

Los policias intercambiaron miradas.

– Nadie ha mencionado a la CIA.

– No, pero por lo que acaban de decirme es evidente que esta implicada.

– ?Ah, si?

– Claro -dije-. Estuve en la Ab wehr durante la guerra, asi que sobre estas cosas se un poco. Tal vez pueda serles de ayuda cuando llegue el americano. Despues de todo, he visto al tal Bernie Gunther. Y conocia a Britta Warzok. Si algo puedo hacer para atrapar a su asesino, me gustaria colaborar. Ademas, soy medico y hablo ingles, esto tambien podria ser util. Ni que decir tiene que sabre ser discreto si todo esto tiene que ver con algun asunto de alto secreto de la CIA o la policia austriaca.

Por su expresion, se veia que los agentes no veian el momento de deshacerse de mi lo antes posible.

– Quiza mas tarde pueda sernos de ayuda, doctor -dijo el del sombrero-. En cuanto hayamos examinado detalladamente el escenario.

Cogio la bolsa y la llevo por mi hacia la puerta.

– Estaremos en contacto -dijo el otro policia, cogiendome por el brazo para que me levantara.

– Pero no saben donde me alojo -dije-. Y no se sus nombres.

– Llamenos mas tarde a Deutschmeister Platz y haganoslo saber -dijo el del sombrero-. Yo soy el inspector Strauss, y mi companero el Kriminalassistent Wagner.

Me levante fingiendo reticencia a abandonar el apartamento y me deje conducir hasta la puerta.

– Me alojo en el hotel de France -menti-. No esta lejos de aqui. ?Lo conocen?

– Sabemos donde esta -dijo el del sombrero con impaciencia al tiempo que me acercaba la bolsa.

– De acuerdo -dije-. Les llamare mas tarde. Esperen, ?cual es el numero?

El del sombrero me tendio una tarjeta.

– Si, por favor, llame mas tarde -dijo procurando disimular una mueca.

Senti su mano en la espalda y en cuanto quise darme cuenta ya estaba en el descansillo y la puerta se habia cerrado. Satisfecho de mi actuacion, baje rapidamente las escaleras y me pare ante la puerta del piso inferior, desde el cual, por lo visto, habian llamado informando sobre el hedor y el correo. Desde alli, parecia poco probable. Para empezar, no se notaba el olor, y para seguir no habia vecino metomentodo asomado al rellano para ver que hacia la policia. Ambos elementos hubieran estado presentes si los agentes me hubieran dicho la verdad.

Me disponia a marcharme cuando oi pasos en el vestibulo de la escalera y, al asomarme por la ventana, vi un Mercury negro aparcado en la calle. Pense que lo mas inteligente seria no cruzarse con el americano, asi que llame a la puerta del vecino.

Tras unos agonicos segundos, la puerta se abrio y aparecio un hombre vestido con pantalones y chaleco. Un hombre velludo. Parecia que hasta al vello le crecia vello. A su lado, Esau tenia la piel mas lisa que el cristal de una ventana. Le ensene la tarjeta del policia y eche una mirada nerviosa a mi espalda. Los pasos se acercaban.

– Siento molestarlo, senor -dije-. ?Me permite entrar y hablar con usted un minuto?

34

Esau se quedo mirando la tarjeta del inspector Strauss durante una eternidad antes de invitarme a entrar. Entre con el, olia a comida. No olia bien. Fuera lo que fuera, lo habian cocinado con grasa caducada. La puerta se cerro justo en el momento en que el americano hubiera doblado la esquina de la escalera y hubiera visto la entrada del apartamento. Respire aliviado.

El vestibulo, al igual que el del piso superior, era grande como una estacion de autobuses. Junto a la entrada habia una bandeja de plata para el correo y un paraguero hecho con pezuna de elefante. De todos modos, la pezuna bien hubiera podido ser la de la voluminosa senora que acababa de aparecer por la puerta de la cocina. Tenia puesto un delantal y, como le faltaba una pierna, caminaba con la ayuda de unas muletas.

– ?Quien es, Heini? -pregunto.

– Es la policia, carino -respondio el.

– ?La policia? -exclamo sorprendida-. ?Que desea?

Despues de todo no me equivocaba: era obvio que esa gente no habia llamado a la comisaria de Deutschmeister Platz ni a nadie.

– Lamento molestarlos -dije-, pero ha ocurrido un incidente en el apartamento de arriba.

– ?Un incidente? ?Que clase de incidente?

– Me temo que por ahora no puedo decirles mucho -dije-. Veamos, quisiera saber cuando vieron por ultima vez a frau Warzok, y si cuando la vieron, iba acompanada. O si por casualidad han oido ruidos extranos en el piso de arriba.

– Hace una semana que no la vemos -dijo Heini, rizandose el vello de los brazos con los dedos-. La ultima vez la vimos de pasada. Creia que estaba de viaje. Por el correo que se acumula.

La mujer de las muletas habia logrado llegar hasta mi lado.

– La verdad es que no tenemos mucho trato con ella -dijo-. Hola y adios. Es una mujer discreta.

– No causa molestias -dijo Heini-. Solo se oye el piano, y eso en verano, cuando las ventanas estan abiertas. Toca maravillosamente. Era concertista antes de la guerra, cuando la gente aun tenia dinero para esetipo de cosas.

– Ultimamente por la casa solo pasan ninos con sus madres -dijo la esposa de Heini-. Da clases de piano.

– ?Nadie mas?

Quedaron en silencio un instante.

– Vimos a alguien, hara una semana -comento Heini-. Un americano.

– ?De uniforme?

– No -dijo-. Pero se los reconoce, ?no? La forma que tienen de caminar, los zapatos, el corte de pelo… Todo.

– ?Que aspecto tenia?

– Iba bien vestido. Americana buena, pantalones bien planchados. Ni alto ni bajo, normal. Con gafas. Reloj de oro. Bastante bronceado. Ah, si, otra cosa que me hizo pensar que era americano: el coche que tenia aparcado fuera. Un coche americano. Verde, con neumaticos blancos.

– Gracias -dije mientras le cogia la tarjeta del inspector-. Han sido de gran ayuda.

– ?Pero que ha ocurrido? -pregunto la esposa de Heini.

– Si se lo preguntan, yo no les he dicho nada -dije-. No deberia decir ni una palabra, por lo menos no todavia. Pero ustedes son personas decentes, salta a la vista. No son de esos que andan por ahi extendiendo rumores sobre cosas como esta. Frau Warzok ha muerto. Asesinada, segun parece.

– ?Asesinada! ?Aqui? -parecia asombrada-. ?En este edificio? ?En este barrio?

– Ya he hablado mas de la cuenta -dije-. Escuchen, mas tarde pasara a verles alguno de mis superiores. Sera mejor que finjan no saber nada, ?de acuerdo? Me estoy jugando el puesto.

Entreabri la puerta. No se oian pasos en el edificio.

– Sera mejor que cierren con llave -dije, y sali.

Habia oscurecido y nevaba otra vez. Sali del edificio a toda prisa y baje hacia el Ring, donde cogi un taxi para volver al hotel. No podia seguir alojandome alli, desde luego, no sabiendo que la Pat rul la In ternacional le seguia la pista tanto a Eric Gruen como a Bernie Gunther. Recogeria mis cosas, pagaria la cuenta y me iria aalgun bar

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