hasta decidir que hacer.
El taxi giro por Wiedner Hauptstrasse y al acercarnos a la entrada del hotel vi el vehiculo de la PI aparcado fuera. El estomago, que ya lo traia revuelto, me dio un vuelco como si alguien lo removiera con un cucharon de madera. Le dije al taxista que continuara hasta la esquina. Pague y, como quien no quiere la cosa, me mezcle con un pequeno grupo de mirones que se habia congregado junto a la entrada a la espera de ver salir a alguien arrestado. Dos policias militares evitaban que la gente entrara o saliera del hotel.
– ?Por que tanto jaleo? -le pregunte a uno de los mirones, un hombre mayor, delgado como un desatascador, con quevedos y sombrero negro de fieltro.
– Van a detener a alguien -contesto-. Pero no se a quien.
Asenti levemente y me aleje con la certeza de que era a mi a quien andaban buscando. Despues de la escena en el cementerio, no cabia duda. No valia la pena buscar otro hotel, porque si andaban tras Eric Gruen, el primer lugar donde lo buscarian seria en los demas hoteles y pensiones; a continuacion, en estaciones de tren y autobus y en el aeropuerto. Empezaba a levantarse viento. La nieve se me acumulaba en la cara como un sarpullido de hielo. Estaba harto de esconderme por callejuelas oscuras, de tanta persecucion y de no tener donde refugiarme, me sentia como Peter Lorre en El vampiro de Dusseldorf. Ni que las hubiera matado yo a esas mujeres. Solo, acosado, desesperado y muerto de frio. Por lo menos tenia dinero. Mucho dinero. Con dinero aun era posible salvar la situacion.
Cruce Karlsplatz y el Ring. En Schwarzenberg Strasse entre en un bar hungaro llamado Czardasfurstin para planear cual seria mi proximo movimiento. Habia una banda con una citara. Pedi un cafe y tarta e intente concentrarme en aquella musica sentimental y melancolica. Llegue a la conclusion de que tenia que encontrar un lugar donde pasar la noche sin que nadie me hiciera preguntas. Solo se me ocurria un sitio donde conseguir unacama fuera tan facil como pedir cafe y tarta. Un sitio donde no contase nada mas que el dinero. En cierto modo me la jugaba regresando alli despues de solo un par de anos, pero no tenia muchas mas opciones. Para mi, el riesgo era algo inexorable, como la vejez -si tenia suerte- y la muerte -si no la tenia-. Me puse en camino hacia el Oriental, en Petersplatz.
El Oriental, con sus reservados medio a oscuras, sus chicas ligeras de ropa, su sarcastica orquesta, sus chulos y sus prostitutas, me recordaba mucho a los viejos clubes que habia frecuentado en Berlin en los aciagos dias de la decadente Republica de Weimar. Se decia que el Oriental habia sido el antro favorito de los Bonzen vieneses, los gerifaltes de la epoca nazi. Terminada la guerra, lo frecuentaban estraperlistas y la incipiente comunidad intelectual. Al igual que el Egyptian Night Cabaret -para muchas chicas una simple excusa para disfrazarse de esclavas, es decir, para ir medio desnudas- era tambien casino, y ya se sabe que donde hay un casino hay dinero facil, y donde hay dinero facil hay fulanas. La ultima vez, las chicas eran aficionadas, viudas y huerfanas que se echaban a la vida a cambio de cigarrillos y chocolate, o para llegar a fin de mes. Tuve un asunto con una de ellas. No recuerdo como se llamaba. Las cosas habian cambiado mucho desde 1947. Las chicas del Oriental eran ahora profesionales curtidas que solo querian una cosa: pasta. Lo unico oriental que quedaba era la decoracion.
Baje al local por una escalera curva. La orquesta tocaba canciones americanas, como Time Out for Tears y I Want to Cry. Que temas tan oportunos. En el Oriental no se admitia a los militares estadounidenses, aunque claro, sin uniforme y con los bolsillos rebosantes de dinero se hacia dificil negarles la entrada. Por eso de vez en cuando habia una batida de la PI, aunque generalmente a altas horas. Esperaba estar fuera del local paraentonces. Me sente en un reservado, pedi una botella de conac, unos huevos y un paquete de Lucky; seguro de que no tardaria en encontrar cama para pasar la noche, intente buscarle un sentido a todo lo que habia ocurrido durante el dia. A todo lo que me habia ocurrido desde mi llegada a Viena. Y aun antes.
No era facil. Si no lo habia entendido mal, alguien me habia senalado como principal sospechoso de dos asesinatos, seguramente la CIA. El americano del coche verde descrito por el vecino de frau Warzok no podia ser otro que el mayor Jacobs. De la identidad real de la mujer que habia venido a verme a mi despacho de Munich asegurando ser frau Warzok, no tenia ni idea. La verdadera frau Warzok estaba muerta, asesinada por Jacobs o por algun otro agente de la CIA. Muy probablemente me hubieran facilitado su direccion para poder implicarme en el asesinato. La misma razon por la que Eric Gruen me habia dado la direccion de Vera Messmann. Lo cual significaba que el, Henkell y Jacobs estaban metidos en el asunto. Fuera cual fuera el asunto.
Me trajeron el conac y los cigarrillos. Me servi una copa y encendi un pitillo. Habia ya varias chicas en la barra mirando en mi direccion. Me pregunte si habria jerarquias o si tendria preferencia la primera de la fila. Me sentia como un arenque en un callejon lleno de gatos. La banda ataco Be a Clown, hazte payaso, lo que tambien venia al caso. Lo que es como detective, habia demostrado no valer gran cosa. Se supone que los detectives ven venir los problemas. A los payasos, por el contrario, los engana todo el mundo y, cuando algo les sale mal, la gente se rie. Al menos esa parte se me daba bien. Dos de las fulanas de la barra empezaron a discutir. Supuse que seria por ver a cual de las dos correspondia el dudoso honor de hacerme compania. Desee que ganara la pelirroja, parecia una chica vital, y vitalidad era precisamente lo que me hacia falta, porque cuanto mas pensaba en latesitura mas ganas me entraban de volarme la tapa de los sesos. De haber tenido una pistola, hubiera considerado seriamente esta opcion, pero como no la tenia, segui dandole vueltas a mi situacion y a la manera en que me habia metido en ella.
Si la falsa Britta Warzok estaba compinchada con Henkell, Gruen y Jacobs desde el principio, era mas que probable que hubieran sido ellos quienes ordenaron que me amputaran el dedo y me dejaran en el hospital en manos de Henkell. Los tipos que me dieron la paliza fueron quienes me llevaron al hospital, ?no? Y fue Henkell en persona quien me recogio en la entrada. El panuelo con el que habia intentado cortar la hemorragia habia terminado en el escenario de la muerte de la verdadera Britta Warzok, junto con mi tarjeta. Que bien planeado. Lo de cortarme el dedo habia sido un golpe maestro, ahora me daba cuenta. De no ser por eso no hubiera podido pasar por Eric Gruen. Por supuesto, yo no habia reparado en nuestro parecido fisico hasta que se afeito la barba, pero ellos si debieron de advertirlo. Quizas el mismo dia que Jacobs se presento en mi hotel en Dachau. ?No habia dicho que le recordaba a alguien? ?Debio de ocurrirsele entonces la idea de hacerme pasar por Eric Gruen? ?Para que el autentico Eric Gruen pudiera adoptar otra identidad? La idea parecia factible, desde luego, si alguien llamado Eric Gruen era arrestado por crimenes de guerra. Cualesquiera que fueran. ?Una masacre de prisioneros de guerra? O algo peor. Tal vez algo de tipo medico. Algo lo bastante abominable como para que Jacobs supiera que las autoridades de cualquier credo politico o religioso no cejarian hasta tener al doctor Eric Gruen entre rejas. Ya no me extranaba que Bekemeier o los criados de Elizabeth Gruen se asombraran de verme en Viena. Y pensar que me habia metido en todo eso por propia iniciativa. Habian sido muy habiles al dejar que yo urdiera mi propia trampa. Con la modesta ayuda de Engelbertina, por supuesto. Ella me habia arrojado arenaa los ojos para que no viera lo que tramaban. Me habia estado distrayendo con su fabuloso cuerpo. Si la idea de suplantar a Eric Gruen no hubiera salido de mi, seguramente me lo hubiera sugerido ella. Aun asi, era imposible que pudieran prever la muerte de la madre de Gruen. A menos que alguien hubiera propiciado los acontecimientos. ?Seria posible que Gruen hubiera ordenado la muerte de su propia madre? ?Y por que no? No podian ni verse. Y tanto Bekemeier como Medgyessy habian senalado lo repentino de su muerte. Jacobs debio de matar tambien a la vieja. O tal vez mando a alguien en su lugar. Alguien de la CIA o de la Odes sa. De todos modos, seguia sin comprender los motivos para matar a Vera Messmann y a la autentica Britta Warzok.
En cualquier caso, una cosa estaba clara. Me habia dejado enganar como un verdadero necio. Menuda cantidad de molestias se habian tomado. Me sentia como un trazo diminuto en un gran lienzo encerrado entre enormes molduras doradas, de las que acentuan la importancia del cuadro. Encerrado. La palabra se quedaba corta ante una conspiracion tan bizantina. No es que me sintiera un titere, es que me sentia como el rey de los titeres encarnado en la figura de un imbecil lamentable que merecia unos cuantos palos que le cayeran en las costillas. Me sentia como la pata del gato mas estupido que jamas se hubiera sentado junto a un mono ante una hoguera y un punado de castanas.
– ?Puedo sentarme?
Levante la mirada y vi que habia ganado la pelirroja. Estaba algo sonrojada, como si la batalla por mi compania hubiera sido renida.
Medio levantandome, sonrei y le indique el asiento al otro lado de la mesa.
– Por favor -dije-. Seras mi invitada.
– A eso he venido -dijo ella sentandose en el reservado con un movimiento sinuoso. Tenia mas gracia que cualquiera de las chicas que se contoneaban en el escenario, decorado como si fuera una pagoda-. Me llamo Lilly. ?Y tu?
