paginas, vi que abundaban las alusiones patrioticas a la guerra, las sonrisas postizas y los anuncios de la Ge neral Electric, Iodent y Westinghouse. Habia tambien una bonita foto de la boda de Humphrey Bogart y LaurenBacall, y una todavia mejor de Himmler tomada minutos antes de envenenarse. Me gusto mas esta que la de Bogart. Pase unas cuantas paginas. Imagenes de un centro de vacaciones en la costa inglesa. Al fin, en la pagina 43, di con lo que creia que andaba buscando. Un breve articulo sobre ochocientos presos de carceles estadounidenses que se habian ofrecido voluntarios para ser infectados de malaria para fines medicos. Con razon Jacobs se habia mostrado tan susceptible. Lo que el Departamento de Investigacion y Desarrollo Cientifico estadounidense habia llevado a cabo en carceles de Georgia, Illinois y Nueva Jersey era muy parecido a lo que los medicos de las SS habian hecho en Dachau. Por lo visto, los norteamericanos habian ahorcado a gente por lo que ellos mismos estaban haciendo en las prisiones de su pais. De acuerdo, aquellos convictos se habian ofrecido voluntariamente, pero Gruen y Henkell podian haber aducido esa misma justificacion sin problemas. Engelbertina, o Albertine, era la prueba. El articulo hizo que me picara la curiosidad. No es que me picara como pica ver a alguien con una caja de mosquitos infectados abierta sobre su abdomen -imagen curiosamente medieval, al estilo de los primitivos remedios con abejas-, sino mas bien como cuando uno empieza a sospechar que algo terrible esta a punto de ocurrir. Y cuando la curiosidad pica tanto, no hay mas remedio que rascar.
Encontre un ejemplar del diccionario medico Lange y, al buscar los sintomas de la malaria y los de la meningitis virica, descubri que ambas enfermedades producian sintomas casi identicos. En los Alpes bavaros, donde los mosquitos no es que sean muy corrientes, habria sido muy facil hacer pasar por brotes de meningitis virica varias docenas de muertes por malaria. ?Quien iba a sospechar nada? Todos aquellos prisioneros de guerra alemanes habian sido utilizados en experimentos medicos. Por no hablar de los presos de Dachau y Majdanek. Costaba creerlo, pero los experimentos con seres humanos, por los que siete medicos nazis habian sido ahorcados en Landsberg, seguian llevandose a cabo bajo los auspicios de la CIA. Tan ta hipocresia me dejaba estupefacto.
36
Habia una Oficina de Telefonia y Telegrafos de Ultramar en la planta baja del Edificio de la Ali anza, en Aiserstrasse, en el distrito 9. Me acerque a un operador. Tenia la nariz como una manga de viento y el pelo como los tejones, gris por fuera y mas oscuro en las raices. Le di el numero de Garmisch, compre un kilo de monedas y entre en la cabina que me indico. No tenia muchas esperanzas de conseguirlo, pero crei que valia la pena intentarlo. Mientras esperaba la conexion, estuve pensando que decir, con la esperanza de que sabria contenerme y no usar las palabras que soliamos emplear en el frente ruso. Llevaba alrededor de diez minutos esperando alli sentado cuando el telefono sono al fin y el operador me dijo que estaban llamando. Entonces alguien descolgo y se oyo una voz distante. Garmisch quedaba a menos de quinientos kilometros, pero seguramente la llamada se desviaba por Linz, en la zona ocupada por Rusia, y despues por Salzburgo, en la zona estadounidense, e Innsbruck, en la francesa. Francia era tenida por la menos eficiente de las cuatro potencias, y con toda probabilidad la mala calidad de la linea era por su culpa. Cuando reconoci la voz de Eric Gruen introduje un punado de monedas de diez groschen en el telefono, y pasados quince o veinte segundos pudimos hablar. Gruen parecia realmente contento de hablar conmigo.
– Bernie -dijo-. Esperaba tu llamada. Queria disculparme por haberte metido en una situacion tan comprometida. Lo siento de veras.
– ?Comprometida? -dije-. ?Asi llamas a amarrarle una soga al cuello de alguien en vez del tuyo?
– Me temo que no hay alternativa, Bernie -contesto-. No puedo empezar una nueva vida en Estados Unidos hasta que Eric Gruen este oficialmente muerto o en prision por esos supuestos crimenes de guerra. Detodos modos, la culpa es de Jacobs, dice que la CIA no permitira que se haga de otra manera. Si se supiera que han dejado entrar en el pais a un medico nazi, se armaria una buena. Es tan simple como eso.
– Hasta aqui lo entiendo -dije-. Pero ?por que asesinar a dos mujeres inocentes si solo querias que yo mordiera el anzuelo? Tu o Jacobs o quien sea que hace el trabajo sucio aqui en Viena podriais haber hecho que me detuvieran en el hotel.
– ?Y entonces que hubiera pasado? Piensa, Bernie. Hubieras dicho que te llamas Bernie Gunther, y a pesar de no llevar pasaporte seguramente las autoridades aliadas hubieran comprobado tu version de los hechos y hubieran averiguado tu identidad. No, teniamos que asegurarnos de que Bernie Gunther tampoco tuviera escapatoria. Ahora ya lo hemos conseguido, Bernie, asi que mas vale que pienses bien cual sera tu proximo movimiento. La pena por homicidio, sobre todo en casos tan viles como el tuyo, es la muerte. Cuando cojan a Bernie Gunther, lo colgaran. Pero, segun quien atrape a Eric Gruen, tal vez te salves y te caiga una perpetua. Tal y como estan las cosas en la Re publica Federal, tal vez salgas en menos de diez anos. Puede que incluso cinco. Al salir, tendrias un dinero en el banco. Si lo piensas bien, Bernie, veras que he sido muy generoso. Tienes el dinero, ?no? Veinticinco mil chelines no esta nada mal para alguien que sale de Landsberg. No me costaba nada dejarte sin un groschen.
– Has sido muy generoso -dije mordiendome los labios a la espera de que se le escapara algo, algo que pudiera servirme para escapar de Viena.
– Mira, yo en tu lugar me entregaria. Como Eric Gruen, desde luego. Mejor que lo hagas antes de que alguien atrape a Bernie Gunther y lo cuelgue en la horca.
Eche unas cuantas monedas mas en el telefono y solte una carcajada.
– No creo que las cosas puedan empeorar mas -dije-. Tu ya te has ocupado de eso.
– Pues podrian empeorar -contesto-. Creeme. Viena es una ciudad cerrada, Bernie. No es facil salir de ella. Dadas las circunstancias, no creo que los escuadrones israelies tarden en dar contigo. ?Como se hacen llamar? ?El Nakam? ?O es el Brichah? El caso es que es uno de esos malditos nombres judios. ?Sabias que tienen un cuartel en Austria? No, seguramente no. En realidad, Linz y Viena son su centro de operaciones. El mayor Jacobs los conoce bien, por algo tambien es judio. Y por algo hay tantos judios que trabajan tanto para el Nakam como para la CIA. Es mas, fue un circunciso de la CIA el que mato a la autentica frau Warzok. No me sorprende, despues de lo que hizo en Lemberg-Janowska. Cosas terribles. Lo digo con conocimiento de causa, yo estuve alli. Era una verdadera bestia esa mujer. Mataba a los judios por deporte.
– Tu en cambio solo los matabas en aras del progreso cientifico -dije.
– Ahora te me pones sarcastico, Bernie -dijo-. No te culpo. Sin embargo, es verdad. Nunca mate a nadie por placer. Soy medico. Ninguno de nosotros mataba por gusto.
– ?Y Vera? ?Como justificas su asesinato?
– Yo no estaba de acuerdo -dijo Gruen-. Pero Jacobs penso que serviria para darte una leccion.
– Puede que despues de todo me entregue como Bernie Gunther -dije-. Solo por estropearos la jugada.
– Podrias hacerlo, en efecto -dijo-. Pero Jacobs tiene amigos muy poderosos en Viena. De alguna manera lograrian hacer ver que eres Eric Gruen. Hasta tu veras que es lo mejor una vez caigas en manos de la policia.
– ?De quien fue la idea de todo esto?
– Oh, de Jacobs. Menudo zorro, este mayor Jacobs. Se le ocurrio el dia que aparecio con Wolfram Romberg para cavar en tu jardin de Dachau. En cuanto te vio, advirtio nuestro parecido. En principio iba a volver a Dachau para preparar alli toda la trama, pero resulto que te habias trasladado a Munich y habias vuelto a tu antiguo oficio. Fue entonces cuando ideamos el plan para que le siguieras la pista a Friedrich Warzok. La intencion era que pensaras que te habias cruzado en el camino de la Com pania, eso justificaria la paliza y nos permitiria hacer el traje a la medida. Me refiero a cortarte el dedo. Esos expedientes de las SS son exhaustivos hasta la exasperacion, aparece uno descrito hasta los ultimos detalles. Una maniobra muy habil por parte de Jacobs, ?no te parece? El dedo es lo primero que buscaria un investigador de crimenes de guerra aliado o un escuadron de la muerte judio.
– ?Y la mujer que me contrato?
– Mi esposa. La primera vez fue a verte a Dachau, pero no estabas. Luego paso por tu despacho para echarte un vistazo, para ver si Jacobs tenia razon con lo del parecido. Cuando nos lo confirmo, empezamos a urdir el plan, lo cual, todo sea dicho, fue la parte mas divertida. Era como escribir una obra de teatro, como inventar personajes y asegurarse de que todas las partes encajaban correctamente. A partir de ahi, todo lo que habia que hacer era
