traerte a Garmisch para conocernos mejor.

– Pero era imposible saber lo de la muerte de tu madre -dije-. ?O no?

– Llevaba tiempo enferma -contesto-. Podia morir en cualquier momento. Digamos que en un momento dado propiciamos el obito. No es dificil matar a alguien en un hospital, y menos si esta en una habitacionprivada. ?Sabes una cosa? Fue un acto de misericordia.

– Hiciste que la mataran -dije introduciendo mas monedas en el telefono-. A tu propia madre…

– Nadie la mato -insistio Gruen-. No. Fue eutanasia. Seleccion preventiva. La mayoria de los medicos alemanes lo considerarian una muerte misericordiosa. Es una practica muy extendida, mucho mas de lo que te imaginas. Es imposible alterar todo el sistema sanitario en un santiamen. La eutanasia forma parte de la rutina hospitalaria alemana y austriaca desde 1939.

– Mataste a tu propia madre para salvar la piel.

– Muy al contrario, Bernie, lo hice por un bien mayor. El fin justifica los medios en este caso. Creia que Heinrich ya te habia explicado lo importante que es la investigacion. Una vacuna para la malaria justifica todo lo que se haga en su nombre. Pensaba que lo entendias. ?Que significan unos cientos de vidas, quizas un par de miles, al lado de los millones que se salvarian con esa vacuna? Tengo la conciencia muy tranquila, Bernie.

– Lo se. Eso es lo que lo hace tan tragico.

– Para seguir con nuestra labor necesitamos trabajar con infraestructura estadounidense. Laboratorios, equipos, fondos…

– Mas prisioneros para seguir experimentando -anadi-. Como los de Garmisch-Partenkirchen. ?Quien iba a imaginar que habian muerto de malaria en los Alpes? He de admitirlo, Eric, fue muy astuto. ?Y adonde os trasladais? ?A Atlanta? ?A Nueva Jersey? ?A Illinois? ?A Rochester?

Gruen vacilo un instante.

– ?Que te hace pensar que nos vamos a alguno de esos lugares? -pregunto con cautela.

– Tal vez sea mejor detective de lo que crees.

– No intentes venir a por mi, Bernie. Para empezar, ?quien iba a creerte? Tu palabra, la de un criminal deguerra, contra la de alguien como yo, que cuento con el respaldo de la CIA, nada mas y nada menos. Creeme: Jacobs lo tiene todo atado y bien atado, amigo mio. Ha encontrado unas fotografias muy interesantes en las que se te ve con Himmler, el general Heydrich y Arthur Nebe. Hasta hay una en la que estas con Hermann Goring. No tenia ni idea de que estuvieses tan bien relacionado. A los judios les hara mucha gracia. Pensaran que eres su hombre y que la influencia de Eric Gruen en el Reich fue mayor que la que tuvo en realidad.

– Te encontrare -dije-. Os encontrare a todos. Y pienso mataros. A ti, a Henkell, a Jacobs y a Albertine.

– Ah, ?conque tambien has averiguado lo suyo? Veo que has hecho los deberes, Bernie. Felicidades. Que lastima que tus facultades detectivescas no te asistieran antes. Y bien, ?que debo contestar a tan esteril amenaza?

– De esteril nada.

– Como he dicho antes, mis amigos son muy poderosos. Si vienes a por mi, no seran solo los judios quienes se te echen encima, sino tambien la CIA.

– Olvidas la Odes sa -dije-. No los dejes fuera. Rio.

– ?Que crees saber acerca de la Odes sa?

– Lo suficiente para saber que me vendieron. Ellos y tu amigo, el padre Gotovina.

– Entonces no sabes tanto como crees. En realidad, el padre Gotovina no tuvo nada que ver con lo que te ocurrio. Ni siquiera forma parte de la Odes sa. No querria que le hicieras dano. Tiene las manos limpias, de verdad.

– ?No? ?Y entonces por que fue a verlo tu mujer a la iglesia del Santo Espiritu de Munich?

– Bueno, no me extranaria que el padre Gotovina estuviera mezclado con la Com pania. -Gruen rio otra vez -. No me extranaria en absoluto. Pero no forma parte de la Odes sa ni tiene relacion alguna con la CIA, eso seguro. El padre Gotovina va mucho por la prision de Landsberg, es el capellan de los catolicos de Landsberg. De vez en cuando le confio mensajes para un amigo, uno que cumple condena perpetua por supuestos crimenes de guerra. Le lleva revistas medicas y cosas asi. Para no olvidar los viejos tiempos.

– Gerhard Rose -dije-. Supongo que te refieres a el.

– Exacto. Has hecho los deberes pero que muy bien. Te habia subestimado… al menos en ese sentido. En eso voy a emplear tambien el dinero de mi madre, Bernie, en pagar un recurso de apelacion contra su sentencia. Saldra dentro de cinco anos, creeme lo que te digo. Deberias, porque tambien a ti te interesa.

– ?Eric? -dije-. Tengo que dejarte. Se me han acabado las monedas. Pero te encontrare.

– No, Bernie. No volveremos a vernos. Al menos no en esta vida.

– Entonces en el infierno.

– Si, puede que en el infierno. Adios, Bernie.

– Auf Wiedersehen, amigo mio. Auf Wiedersehen.

Colgue el telefono y me quede mirando mis botas nuevas mientras pensaba en todo lo que acababa de averiguar. Casi se me escapa un suspiro de alivio. Era la Odes sa y no la Com pania la que estaba detras de todo lo que me habia ocurrido. Aun no habia salido de la jungla vienesa, todavia no, ni mucho menos. Pero si, como dijo Fritz Gebauer cuando fui a visitarlo en su celda de Landsberg, la Odes sa y la Com pania no estaban relacionadas, solo tenia que preocuparme por la CIA y la Odes sa. Nada me impedia solicitar la ayuda de la Com pania. Les pediria a mis viejos companeros de las SS que me ayudaran a escapar de Viena. Acudiria a la Te larana. Como una rata nazi cualquiera.

37

En cierto modo era muy apropiado que la Rup rechtskirche de Ruprechtsplatz fuera el lugar de contacto en Viena para los companeros fugitivos de la justicia aliada. Ruprechtsplatz queda al sur del canal, junto a Morzinplatz, que es donde la Ges tapo tenia su cuartel en Viena. Tal vez por eso hubieran elegido esa iglesia. No podia haber ninguna otra razon: era la iglesia mas antigua de Viena y estaba medio en ruinas, curiosamente, y segun un cartel colgado en la puerta, no como resultado de los bombardeos aliados, sino de la demolicion negligente de un edificio proximo. Dentro hacia mas frio que en un establo polaco, y el parecido no acababa ahi; hasta la virgen parecia una lechera. Aparte de esto, la iglesia contaba con algo que sorprenderia a cualquier visitante. Bajo uno de los altares laterales, y protegido por un ataud de cristal, yacia el esqueleto de san Vital. Como si Blancanieves hubiera esperado mas de la cuenta para que el principe viniera a despertarla del sueno con su beso.

El padre Lajolo -el religioso italiano que, segun el padre Gotovina, tenia tratos con la Com pania- estaba casi tan flaco como san Vital y no mucho mejor conservado. Delgado como una percha, su pelo era como lana de acero y la cara como una hoz. Estaba bastante bronceado y tenia tantos huecos entre los dientes como un leon de la dinastia Ming. Con su larga sotana negra se me antojo muy italiano, la clase de personaje que apareceria en un cuadro de multitudes de algun antiguo maestro florentino. Lo segui hasta el abside y, frente a uno de los altares, le alargue un billete de tren para Pressbaum. Al igual que en Munich con el padre Gotovina, habia tachado todas las letras menos la doble ese.

– Me preguntaba, padre, si podria recomendarme una buena iglesia catolica en Pressbaum -dije.

Al ver el billete y oir mi pregunta cuidadosamente formulada, el padre Lajolo hizo un gesto como de fastidioy por un momento pense que me diria que no sabia nada sobre Pressbaum.

– Si, tal vez pueda ayudarle -contesto, con un fuerte acento italiano. Tan fuerte casi como su halito de cafe y tabaco-. No se, todo depende. Acompaneme.

Me condujo a la sacristia, donde no hacia tanto frio como en la iglesia. Habia una pila de agua bendita, una estufa de gas, un armario lleno de casullas con los colores de la liturgia, un crucifijo de madera colgado de la pared y, separado por una puerta, un cuarto de bano. Cerro la puerta por la que habiamos entrado y la aseguro con la llave. Luego se acerco a una mesita en la que habia una tetera, tazas, platitos y un hornillo de gas.

– ?Cafe? -pregunto.

– Si es tan amable, padre.

– Sientese, amigo -dijo senalando dos sillones raidos.

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