de Medicina. A su regreso, en 1935, se habia unido a las SS como miembro del Departamento Nacional de Salud, donde se sospecha que experimento con ninos discapacitados. Al estallar la guerra, habia sido enviado como medico a Lemberg-Janowska, a Majdanek y finalmente a Dachau. Se sabe que en Majdanek infecto con el tifus y la malaria a ochocientos prisioneros de guerra rusos y que estudio con ellos la evolucion de la enfermedad. En Dachau habia sido ayudante de Gerhard Rose, brigadier general del servicio medico de la Luf twaffe. Habia alguna que otra referencia a Rose. Profesor en el Instituto Robert Koch de Medicina Tropicalen Berlin, Rose habia llevado a cabo experimentos letales con internos del campo de Dachau en el curso de sus investigaciones sobre vacunas para la malaria y el tifus. Mas de mil doscientos reclusos de Dachau, muchos de ellos ninos, habian sido infectados con la malaria mediante el uso de mosquitos o jeringas contaminadas.
Los detalles de los experimentos eran de lectura extremadamente desagradable. En el juicio contra los medicos de Dachau, en octubre de 1946, un sacerdote catolico, un tal padre Koch, testifico que habia sido trasladado al pabellon de malaria de Dachau, en el que cada tarde se le colocaba una caja de mosquitos entre las piernas por espacio de media hora. A los diecisiete dias abandonaba el pabellon, y al cabo de ocho meses padecia el primer ataque de malaria. Otros sacerdotes, asi como ninos, prisioneros rusos y polacos y, por supuesto, multitud de judios, no tuvieron tanta suerte, y varios cientos murieron a lo largo de los tres anos que se prolongaron dichos experimentos.
Siete de los llamados medicos nazis fueron ahorcados por estos crimenes en Landsberg en junio de 1948. Rose fue uno de los cinco sentenciados a cadena perpetua. Otros cuatro medicos fueron condenados a penas de prision de entre diez y veinte anos. Siete fueron absueltos. En el juicio, Gerhard Rose justifico sus actos argumentando que el sacrificio de «unos centenares» era razonable, teniendo en cuenta los fines, la elaboracion de una vacuna profilactica capaz de salva decenas de miles de vidas.
Rose habia tenido varios ayudantes, entre ellos Eric Gruen y Heinrich Henkell, y una enfermera kapo llamada Albertine Zehner.
Albertine Zehner. Eso si que me dejo anonadado. Por fuerza tenia que ser ella, lo cual explicaria tambien muchas cosas que hasta entonces me habian parecido un misterio. Engelbertina Zehner habia sido una prisionera judia convertida en kapo y ayudante de enfermeria en los pabellones medicos de Majdanek y Dachau. Jamas habia trabajado en el burdel del campo. Habia sido enfermera kapo.
El expediente de Gruen lo registraba como criminal de guerra en busca y captura. Una investigacion anteriora cargo del secretario juridico del 1.er Frente Ucraniano y otros dos secretarios de la Co mision Especial del Estado no habia dado frutos. Se tomo declaracion a reclusos de los tres campos y a F. F. Bryshin, experto en medicina forense del Ejercito Rojo.
La ultima pagina del expediente era el protocolo de consultas, en el cual encontre una nota que me deparaba una ultima sorpresa: «El presente expediente ha sido examinado por las fuerzas de ocupacion estadounidenses destacadas en Viena en octubre de 1946, en la persona del mayor J. Jacobs, del ejercito de Estados Unidos».
Khristotonovna volvio con un vaso de te ruso caliente sobre una bandejita de estano en la que habia tambien una cucharilla larga y un cuenco con terrones de azucar. Le di las gracias y segui con el expediente de Henkell. Contenia menos detalles que el de Gruen. Antes de la guerra, habia formado parte del Aktion T4, el Programa Nazi de Eutanasia, en una clinica psiquiatrica de Hadamar. Durante la guerra, como Sturmbannfuhrer de las Waffen-SS, habia sido subdirector del Instituto Aleman de Investigacion Cientifica Militar y habia servido en Auschwitz, Majdanek, Buchenwald y Dachau. En Majdanek habia sido ayudante de Gruen en sus experimentos sobre el tifus y, mas tarde, en Dachau, sobre la malaria. En el curso de su carrera medica, habia llegado a reunir una gran coleccion de craneos humanos de distintas razas. Se creia que Henkell habia sido ejecutado por los soldados estadounidenses en Dachau en el momento de la liberacion del campo.
Me deje caer hacia atras en la silla y deje escapar un suspiro tan sonoro que Khristotonovna acudio a mi lado.
– ?Va todo bien? -pregunto, sin darse cuenta de que el nudo que se me habia hecho en la garganta era por miedo a lo que pudiera sucederme a mi.
Asenti con la cabeza, incapaz de articular palabra. Me termine el te, firme el protocolo, le di las gracias por la ayuda y me marche. Fue un alivio volver a respirar aire fresco y puro. El alivio duro hasta que vi a cuatro policias militares que salian del Ministerio de Justicia y montaban en un camion para ir a patrullar la ciudad. Les siguieron otros cuatro. Y luego otros cuatro. Me quede donde estaba, a una distancia prudencial, fumando un cigarrillo hasta que se hubieron alejado.
Habia oido hablar acerca del juicio contra los medicos nazis, sin duda. Recorde que me habia extranado que los Aliados consideraran procedente ahorcar al presidente de la Cruz Ro ja alemana, por lo menos hasta que me entere de que habia experimentado metodos de esterilizacion y habia dado de beber agua de mar a los judios. Mucha gente -la mayoria, Kirsten incluida- se habia negado a dar credito a las pruebas aportadas en el juicio. Kirsten habia dicho que las fotografias y los documentos presentados a lo largo de los cuatro meses de proceso eran falsas y que lo unico que perseguian era humillar aun mas a Alemania. Que los testigos y victimas supervivientes habian mentido. A mi mismo me costaba hacerme a la idea de que nosotros, acaso la nacion mas civilizada de la tierra, hubieramos podido cometer aquellas barbaridades en el nombre de la ciencia medica. Sin duda, se hacia dificil asimilarlo, pero no creerlo. Tras mi experiencia personal en el frente ruso, me di cuenta de que el ser humano es capaz de llegar a unos extremos de inhumanidad que no conocen limites. Quiza sea eso – nuestra propia inhumanidad- lo que en realidad nos hace humanos. Empezaba a entenderlo todo. Me quedaba por resolver todavia una duda acerca de los planes de Gruen, Jacobs y Henkell, pero sabia donde buscar la respuesta.
Cuando el ultimo vehiculo de la PI hubo arrancado del edificio del ministerio, me dirigi a Heldenplatz, la gran plaza ajardinada que se abre frente al Ring. Ante mi estaba el Palacio Nuevo, ocupado tambien por el ejercito ruso y decorado con un gigantesco retrato de Tio Joe. Atravese unos porticos hasta la plaza adoquinada en la que se levantaba la Es cuela Espanola de Equitacion, por entonces vacia -los caballos habian sido puestos a salvo de los rusos-, y la Bib lioteca Nacional. Entre en la biblioteca. Un hombre estaba encerando el suelo de madera, extenso como un campo de futbol. Hacia frio y no habia practicamente nadie. Me acerque al mostrador principal y espere a que la bibliotecaria, que estaba muy ocupada rellenando una ficha del catalogo, me prestaraatencion. En el letrero de la pared ponia «Informacion», pero tambien podia haber puesto «Cave canem». Pasaron un par de minutos hasta que se digno a reparar en mi presencia mirandome con unos ojos que parecian querer fulminarme a traves de las gafas.
– ?Si?
Su pelo gris tenia un reflejo azulado y la boca era estrecha como el angulo de un cartabon. Vestia blusa blanca y chaqueta cruzada azul marino. En cierto modo me recordaba al almirante Donitz. Llevaba un audifono enganchado al bolsillo. Me acerque a el y senale una de las estatuas de marmol.
– Creo que iba antes que yo -dije.
Enseno un poco los dientes. Los tenia mejor que la rusa. Ademas se la veia sana. Alguien debia de procurarle buenos filetes.
– Senor -dijo con voz resuelta-. Esto es la Bib lioteca Nacional de Viena. Si quiere divertirse, le sugiero que vaya a un cabaret. Si lo que quiere es un libro, tal vez pueda ayudarle.
– En realidad estoy buscando una revista -dije.
– ?Una revista? -pregunto como si fuera algo venereo.
– Si, una revista estadounidense. ?Tienen de esas?
– Si, por desgracia si. ?Que revista esta buscando?
– Life -dije-. El numero del 4 de junio de 1945.
– Sigame, por favor -dijo levantandose de su reducto de madera.
– Gracias.
– Casi todo lo que tenemos aqui procede de la coleccion de Eugenio de Saboya -me explico-. No obstante, para complacer a nuestros lectores estadounidenses recibimos tambien la revista Life. En confianza, es lo unico que piden.
– O sea que estoy de suerte.
– Ya puede usted decirlo.
Cinco minutos mas tarde estaba sentado a una mesa de refectorio leyendo la revista que el mayor Jacobs me habia arrebatado de las manos. Al echarle una ojeada, no era dificil entender por que. En la portada habia una carta abierta de los jefes del Estado Mayor Conjunto estadounidense dirigida a sus compatriotas. Al ir pasando
