Casi me da risa. Mi propia Lilly Marlene. Es corriente que las fulanas se inventen nombres. A veces llegado a pensar que la unica razon por la que las chicas se meten en el oficio es para ponerse nombres como Johanna.

– Eric -conteste-. ?Te apetece tomar algo, Lilly?

Le hice una sena al camarero. Tenia un bigote como el de Hindenburg, unos ojos azules como los de Hitler y el talante de Adenauer. Era como si me estuvieran sirviendo cincuenta anos de historia alemana. Lilly miro al hombre con desden.

– Ya tiene una botella, ?no? -El camarero asintio-. Entonces trae otra copa. Y un cafe con leche, eso, un cafe con leche.

El camarero asintio con la cabeza y se retiro sin articular palabra.

– ?Tomaras cafe?

– Puede que me tome una copita de conac, pero como ya has pedido una botella puedo pedir lo que quiera – dijo-. Son las normas. -Sonrio-. No te importa, ?verdad? Asi te ahorras un poco de dinero. No hay nada de malo en ello, ?no?

– Nada en absoluto -dije.

– Ademas, ha sido un dia muy largo. Durante el dia trabajo en una zapateria.

– ?En cual?

– Eso no puedo decirtelo -dijo-. Podrias aparecer por ahi y ponerme en evidencia.

– Tambien yo me pondria en evidencia -dije.

– Es verdad -dijo-. De todos modos, mejor que no lo sepas. Imaginate que chasco si me vieras recogiendo zapatos y midiendo pies.

Me cogio un cigarrillo y cuando acerque una cerilla para encenderselo vi mejor su cara. Tenia pecas en torno a la nariz, que tal vez fuera un poco demasiado puntiaguda. Le daba un aire sagaz y pensativo, y posiblemente lo fuera. Sus ojos tenian la sombra verde de la avaricia.

Los dientes eran pequenos y muy blancos, y la mandibula inferior algo prominente. Por la expresion de su rostro parecia una de esas munecas de Sonneberg con cara de porcelana y ropa interior ordinaria.

Llegaron los huevos y el cafe, un tazon con cafe y leche a partes iguales. Mientras yo comia estuvo hablandosobre si misma, fumando, sorbiendo cafe y tomando algun que otro trago de conac.

– Nunca te habia visto antes -observo.

– Hacia tiempo que no venia -dije-. He estado viviendo en Munich.

– A mi me gustaria vivir en Munich -dijo-. En cualquier sitio que este mas al oeste que Viena. Algun sitio donde no haya Ivanes.

– ?Crees que los yanquis son mejores?

– ?Tu no?

Lo deje correr. Mejor que no escuchara mis opiniones sobre los americanos.

– ?Que te parece si vamos a tu casa?

– Oye, se supone que eso tengo que decirlo yo -contesto-. ?Quien marca el ritmo aqui, tu o yo?

– Perdona.

– ?A que tanta prisa?

– Llevo todo el dia dando vueltas -dije-. Y ya sabes como se le quedan a uno los pies.

Golpeo la botella de conac con una una larga como un abrecartas.

– Esto no es precisamente te de hierbas, Eric -dijo severa-. Es mas sedante que estimulante.

– Ya lo se, pero me sirve para soltar el hacha que he estado blandiendo en las ultimas horas.

– ?Contra quien?

– Contra mi.

– ?Tan mal estan las cosas?

Alargue la mano por encima de la mesa y la levante un poco para que pudiera ver el billete de cien chelines que tenia en la palma.

– Solo necesito que me cuiden un poco. Nada de cosas raras. En realidad, seran los cien chelines que menos te habra costado meterte en el escote.

Me miro como si fuera un canibal que la estuviera invitando a cenar gratis.

– Lo que tu necesitas es un hotel, amigo -dijo-. No una chica.

– No me gustan los hoteles -dije-. Los hoteles estan llenos de gente solitaria. Gente que se sienta a solas en su cuarto a esperar hasta que llega la hora de volver a casa, y yo no quiero eso. Lo unico que necesito es un sitio para pasar la noche.

Me tomo la mano entre las suyas.

– ?Que diablos! -dijo-. Hoy puedo terminar antes.

35

El apartamento de Lilly quedaba en el distrito 2, en la otra orilla del Danubio, cerca de los banos Diana, en Obere Donau Strasse. Era pequeno pero acogedor y pase con Lilly una noche relativamente apacible, con la sola interrupcion de la bocina de una gabarra que bajaba por el canal hacia el rio. Por la manana, Lilly parecia sorprendida y a la vez complacida de no tener que satisfacer mas que mis ganas de desayunar.

– Esto es nuevo -dijo mientras preparaba cafe-. Debo de estar perdiendo aptitudes. O eso o lo que te va son los marineritos.

– Ni lo uno ni lo otro -dije-. ?Te gustaria ganarte otros cien?

Parecia menos reticente que por la noche, porque acepto enseguida. No era mala chica. En absoluto. Sus padres habian muerto en 1944, cuando solo tenia quince anos, y todo lo que tenia se lo habia ganado ella sola. Su historia no tenia nada de extraordinario, ni siquiera la violacion a manos de una pareja de Ivanes. De hecho era consciente de que, guapa como era, habia tenido suerte de que solo fueran dos. En Berlin yo habia conocido mujeres que habian sido violadas cincuenta o sesenta veces durante los meses de la ocupacion. Lilly me caia bien. Me gustaba porque no protestaba ni hacia preguntas. Era lo bastante lista para saber que seguramente estaba huyendo de la policia, y lo bastante lista tambien para no preguntar por que.

De camino al trabajo -la zapateria se llamaba Fortschritt y se encontraba en Karntnerstrasse- me indico una barberia donde podrian afeitarme, pues habia tenido que dejar la navaja y todo lo demas en el hotel. Me lleve la bolsa conmigo. He dicho que me caia bien, pero nada me garantizaba que no estuviera dispuesta a robarme veinticinco mil chelines austriacos. Me afeite y me corte el pelo. En una tienda de ropa de caballero, en el interior del Ring, compre una camisa limpia, algo de ropa interior, unos pares de calcetines y un par de botas. Era importante tener un aspecto presentable. Me proponia ir a la Kom mandatura rusa, en lo que antano fuera la Jun ta de Educacion, con el objeto de examinar los expedientes de los criminales en busca y captura. Hay que admitir que alguien que, como yo, ha estado en las SS, ha escapado de los sovieticos tras haber sido apresado yha matado a un soldado ruso -por no hablar de dos docenas de NKVD- corria un riesgo considerable por el simple hecho de entrar en la Kom mandatura. De todos modos, segun mis calculos, el riesgo era ligeramente menor que el de realizar la misma consulta en el cuartel de la PI. Ade mas, mi ruso era bueno, conocia el nombre de un importante coronel del MVD y tenia aun en mi poder la tarjeta del inspector Strauss. Si todo eso fallaba, lo intentaria con un soborno. La experiencia me decia que todos los rusos de Viena, y para el caso tambien los de Berlin, eran facilmente sobornables.

El Palacio de Justicia, en Schmerlingplatz, en el distrito 8, era el punto de encuentro de la Co mandancia Interaliada de Viena y la sede de la Pat rul la In ternacional. Las banderas de las cuatro naciones ondeaban en la fachada de ese imponente edificio, con la del pais que ostentaba en cada momento el control de la ciudad -en este caso, la francesa- algo mas alta. Frente al Palacio de Justicia se encontraba la Kom mandatura rusa, facil de identificar por las consignas comunistas y una gran estrella roja iluminada que le daba un tono rosado y como humedo a la nieve acumulada frente al edificio. Entre en un gran vestibulo y le pregunte a uno de los centinelas del Ejercito Rojo donde estaba la oficina para la investigacion de los crimenes de guerra. Bajo su gorra se distinguia una cicatriz que le penetraba la frente casi hasta el craneo, como si un dia hubiera decidido rascarse con algo mas letal que las unas. Me sorprendio que me respondiera con tanta amabilidad. Me explico como llegar

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