Me sente y saque los cigarrillos.
– ?Le molesta? -pregunte, ofreciendole un Lucky.
Rio.
– No, claro que no -dijo cogiendo un cigarrillo y anadiendo-: Mi teoria es que los discipulos tambien fumaban, ?no lo cree usted? A fin de cuentas, eran pescadores. Mi padre tambien era pescador, en Genova. Y todos los pescadores italianos fuman. -Encendio el hornillo y luego mi cigarrillo y el suyo-. Cuando Jesus subio a la barca y llego la tormenta, seguro que se pusieron todos a fumar. Cuando se tiene miedo, fumar es lo unico que se puede hacer para fingir que no se tiene miedo. En cambio, cuando la gente se encuentra en medio de una tormenta en alta mar se pone a rezar o a cantar himnos, y eso no es que inspire mucho valor, ?no?
– Supongo que depende del himno, ?no le parece? -pregunte, creyendo que me estaba dando la entrada.
– Puede -dijo-. Digame, ?cual es su himno favorito?
– Cuan Grande es El -respondi sin titubear-. Me gusta la melodia.
– Si, es verdad -dijo sentandose en el otro sillon-. Es muy bueno. Personalmente prefiero Il canto degli arditi o Giovinezza. Es una marcha italiana. Hubo una epoca en la que habia algo sobre lo que marchar, ya me entiende. Pero ese himno que dice esta muy bien. -Rio-. Me han dicho que la melodia se parece a la cancion de Horst Wessel. -Dio una calada al cigarrillo-. Hace mucho que oigo esa cancion, apenas recuerdo la letra. Tal vez usted podria refrescarme la memoria.
– Sera mejor que no me oiga cantar -dije.
– Oh, no -dijo-. Si no le importa. Hagalo por mi.
Siempre he detestado la cancion de Horst Wessel, y no obstante me se la letra al dedillo. En Berlin hubo un tiempo en que bastaba con caminar por la calle para oirla varias veces al dia, y recuerdo que era imposible ir al cine sin oirla en el noticiario. Recuerdo que en la Na vidad de 1935 alguien empezo a cantarla en la iglesia, como si fuera un villancico mas. Yo solo la habia cantado cuando no hacerlo podia suponer arriesgarse a una paliza a manos de las SA. Carraspee y empece a cantar con mi desafinada voz de baritono:
Bandera al viento, cerrando filas,
las SA marchan con paso firme y silencioso.
Los companeros asesinados por los rojos y reaccionarios
marchan con el espiritu entre nosotros.
Via libre para las camisas pardas,
via libre para la Seccion de Asalto.
Millones, llenos de esperanza, miran la esvastica,
empieza el dia del pan y la libertad.
Asintio con la cabeza y me acerco una taza de cafe solo. La tome con ambas manos agradecido e inhale su aroma agridulce.
– ?Quiere oir las otras dos estrofas?
– No, no -dijo sonriendo-. No hace falta. Es una cuestion de procedimiento, para saber con quien estoytratando, supongo que se hace cargo. -Se llevo el cigarrillo a una de las comisuras de la boca para alejarse el humo de los ojos y saco una libreta y un lapiz-. Hay que andarse con cuidado, ?sabe? Es una precaucion como cualquier otra.
– No se si lo de la cancion de Horst Wessel es mucha garantia -comente-. Seguro que cuando Hitler llego al poder los rojos se la sabian tan bien como nosotros. A muchos incluso se la hacian aprender en los campos de concentracion.
Sorbio sonoramente su cafe sin hacer caso de mi objecion.
– Veamos -dijo-. Entremos en detalles. Su nombre.
– Eric Gruen -dije.
– Numero de afiliacion al Partido Nazi, numero de SS, rango y lugar y fecha de nacimiento, por favor.
– Tenga -dije-. Se lo traigo apuntado.
Le acerque una de las notas que habia tomado al examinar el expediente de Gruen en la Kom mandatura rusa.
– Gracias. -Le echo un vistazo al papel e hizo un gesto de aprobacion-. ?Tiene algun documento de identificacion?
Le ensene el pasaporte de Eric Gruen. Lo escruto minuciosamente y luego se lo guardo junto con la nota en el interior de la libreta.
– Tengo que quedarmelos por el momento -dijo-. Y ahora digame que es lo que le ha traido hasta aqui.
– He sido un necio, padre -dije con fingida tribulacion-. Mi madre murio hace algo mas de una semana. Ayer se celebro el funeral en el Cementerio Central. Sabia que era arriesgado volver a Viena, pero madre solo hay una, ?no? En fin, pense que todo saldria bien si me quedaba en un segundo plano y me conducia con discrecion. Ni siquiera sabia que los Aliados andaban detras de mi.
– ?Se presento con su nombre real?
– Si -respondi encogiendome de hombros-. Despues de todo, han pasado mas de cinco anos, y uno lee cosas en los periodicos acerca de esa posible amnistia para… los viejos companeros.
– Me temo que no la habra -dijo-. Al menos por el momento.
– Bien, el caso es que me andaban buscando. Uno de los criados de mi madre me reconocio tras el funeral. Me dijo que a menos que le diera una suma absurdamente elevada de dinero, informaria a las autoridades sobre mi paradero. Intente ganar tiempo pero, al volver al hotel para pagar y regresar a casa de inmediato, me encontre con que la Pat rul la In ternacional me estaba esperando. Desde entonces vago por Viena escondiendome en bares y cafes por miedo a buscar alojamiento en hoteles y pensiones. Anoche fui al Oriental para pasar la noche con alguna de las chicas, aunque no hice nada con ella. La verdad, no sabia donde ir.
El padre Lajolo se encogio de hombros, como dandome la razon.
– ?Donde vivia hasta ahora? Antes de volver a Viena me refiero.
– Garmisch-Partenkirchen -conteste-. Es un sitio pequeno. Ahi nadie desconfia.
– ?Puede regresar?
– No -dije-. No por ahora. La persona que me dijo que me marchara de Viena sabe que he estado viviendo alli. No creo que se lo pensase dos veces para informar a las autoridades aliadas de Alemania.
– Y la chica con la que estuvo anoche -dijo-, ?puede confiar en ella?
– Mientras le pague, si.
– ?Sabe algo sobre usted? Cualquier cosa.
– No. Nada.
– Que siga asi. ?Sabe que ha venido a verme?
– No, por supuesto que no, padre -dije-. No lo sabe nadie.
– ?Puede quedarse con ella esta noche?
– Si, de hecho ya lo he arreglado.
– Bien -dijo-. Necesitare veinticuatro horas para preparar su salida de Viena hasta una casa franca. ?Es todo su equipaje?
– Ahora si. Lo demas esta en el hotel, pero no me atrevo a recogerlo.
– No, desde luego -dijo sacandose el cigarrillo de la boca-. Seria una estupidez. Venga a verme mananapor la tarde, hacia las cuatro. Este listo para partir. Traiga ropa de abrigo. Si no tiene, comprela. Y entre hoy y manana tomese una foto, la necesitare -apunto una direccion en la libreta, arranco la hoja y me la tendio-. Hay un local en Elisabeth Strasse, delante de la Opera. Pregunte por herr Weyer, Siegfried Weyer. Es amigo, y de confianza.
