Transcurrieron un par de horas. Bebi un poco mas de vino caliente y me tendi en el suelo. Parecia que no podia hacer nada mas que dormir, y a este efecto el Riesling demostro ser tan eficaz como el cloroformo.

Unos pasos en el piso de arriba me despertaron al cabo de un rato. Me incorpore. Me sentia algo mareado, notanto por el vino como por la ansiedad por ver cual seria mi suerte. A menos que consiguiera convencer a esos hombres de que yo no era Eric Gruen, no me cabia ninguna duda de que me asesinarian, exactamente como habia dicho Jacobs.

Durante la media hora siguiente no paso nada. Oi como arrastraban los muebles por el suelo y oli el humo de los cigarrillos. Incluso oi risas. Luego se oyeron unos pasos pesados que bajaban por la escalera, y a continuacion el sonido de la llave en la cerradura. Me puse en pie y retrocedi hasta el fondo del sotano, intentando hacerme una idea de lo que esos tipos debian de estar sintiendo: la honda satisfaccion de haber apresado a uno de los mas aborrecibles criminales de guerra jamas habidos. Finalmente se abrio la puerta y vi frente a mi a dos hombres. En la cara llevaban dibujado un ligero gesto de disgusto y en las manos unas relucientes automaticas del 45. Su aspecto era amenazador, como el del boxeador que espera que el contrincante oponga resistencia para darle una buena somanta de palos.

Llevaban jerseis de cuello vuelto y pantalones de esquiar. Uno era mas joven que el otro. Su pelo castano parecia rigido, como si acabara de salir del barbero; llevaba algo en el, como aceite o crema, o quiza fuera almidon. Sus cejas parecian dedos de mono y los ojos, marrones, parecian mas propios de un mastin, como de hecho el resto de la cara. Su companero era mas alto, mas feo, con las orejas como las de una cria de elefante y la nariz como la tapa de un piano de cola. La chaqueta le quedaba como un Cristo con dos pistolas.

Me llevaron arriba como si llevara una bomba a punto de estallar y me metieron en el despacho. Habianmovido la mesa de modo que ahora miraba hacia las puertas de cristal del laboratorio. Habia un hombre tras ella y, delante, una silla. El hombre de la mesa me invito muy cortesmente a que tomara asiento. Tenia acento americano. Cuando me hube sentado, se inclino con el aire de un magistrado en pleno juicio y apreto los dedos como si se dispusiera a rezar una oracion antes de interrogarme. Iba en mangas de camisa y arremangado, lo que le daba un aspecto duro. Aunque tambien podia deberse al calor de la sala. Seguia haciendo mucho calor. El pelo, abundante y canoso, le caia sobre los ojos, y era tan delgado como los excrementos de los peces de colores cuando no se les limpia el agua. Su nariz no era tan grande como la de los otros dos, lo que no quiere decir que no lo fuera. Aunque no era precisamente el tamano lo que llamaba la atencion de su nariz, sino el color. Estaba tan llena de capilares reventados que mas bien parecia una orquidea o una seta venenosa. Cogio una pluma y se preparo para tomar nota en un cuaderno en blanco.

– ?Como se llama?

– Bernhard Gunther.

– ?Cual era su nombre anterior?

– Mi nombre ha sido siempre Bernhard Gunther.

– ?Estatura?

– Metro ochenta y siete.

– ?Numero de pie?

– Cuarenta y cuatro.

– ?Talla de chaqueta?

– Cincuenta y cuatro.

– ?Cual era su numero de afiliado al NSDAP?

– Nunca fui miembro del Partido Nazi.

– ?Cual era su numero en las SS?

– 85.437.

– ?Fecha de nacimiento?

– Siete de julio de 1896.

– ?Lugar de nacimiento?

– Berlin.

– ?Que nombre le pusieron al nacer?

– Bernhard Gunther.

Mi interrogador suspiro y solto la pluma. Casi a desgana, abrio un cajon y saco una carpeta. La abrio. Mealargo un pasaporte aleman a nombre de Eric Gruen. Lo abri.

– ?Es su pasaporte? -pregunto.

– Es mi retrato -conteste encogiendome de hombros-. Pero nunca habia visto este pasaporte antes.

Me alargo otro documento.

– Una copia de un expediente de las SS a nombre de Eric Gruen -dijo-. Tambien aqui esta su fotografia, ?verdad?

– Es mi fotografia -admiti-. Pero no es mi expediente de las SS.

– Solicitud de admision en las SS, rellenada y firmada por Eric Gruen, con informe medico adjunto. Altura, un metro ochenta y ocho; pelo rubio; ojos azules; rasgos distintivos, al sujeto le falta el dedo menique de la mano izquierda. -Me alargo el documento. Sin pensarlo, lo cogi con la mano izquierda-. Le falta a usted el dedo menique de la mano izquierda. No pretendera negar tambien esto.

– Es una historia muy larga -dije-. Pero no soy Eric Gruen.

– Mas fotografias -dijo mi interrogador-. Una fotografia de usted dandose la mano con el mariscal del Reich Hermann Goring, tomada en agosto de 1936. Otra de usted con el Obergruppenfuhrer Heydrich de las SS, tomada en el castillo de Wewelsburg, Paderborn, en noviembre de 1938.

– No se le habra escapado que no llevo el uniforme -dije.

– Y otra fotografia de usted junto al Reichsfuhrer Heinrich Himmler, tomada supuestamente en octubre de 1938. Tampoco el lleva uniforme. -Sonrio-. ?De que estaban hablando? ?Eutanasia, tal vez? ?Aktion T4?

– Le conoci, es verdad -dije-. Pero eso no significa que nos mandaramos felicitaciones por Pascua.

– Una fotografia de usted con el Gruppenfuhrer Arthur Nebe de las SS. Tomada en Minsk, en 1941. Aqui si lleva uniforme. ?O no? Nebe capitaneaba un Grupo de Accion Especial que asesino… ?a cuantos judios, Aaron?

– Noventa mil judios, senor.

El acento de Aaron era mas ingles que americano.

– Noventa mil. Exacto.

– No soy quien cree que soy.

– Hace tres dias estaba usted en Viena, ?no es asi?

– Si.

– Ya nos vamos entendiendo. Prueba numero ocho. Declaracion jurada de Tibor Medgyessy, ex mayordomo de la familia Gruen, en Viena. Al mostrarle su fotografia, la que figura en su expediente de las SS, lo identifico positivamente como Eric Gruen. Tenemos tambien el testimonio del recepcionista del hotel Erzherzog Rainer. Se alojo usted alli tras la muerte de su madre, Elisabeth. Tambien lo identifico como Eric Gruen. Fue muy estupido por su parte acudir al funeral, Gruen. Estupido, pero comprensible.

– Vera -dije-, esto es una encerrona que me ha tendido el mayor Jacobs. El verdadero Eric Gruen abandonara el pais esta noche a bordo de un avion que despegara de una base norteamericana. Trabajara para la CIA, Jacobs y el gobierno estadounidense para producir una vacuna contra la malaria.

– El mayor Jacobs es un hombre de una integridad libre de toda sospecha -dijo mi interrogador-. Un hombre que ha antepuesto los intereses del estado de Israel a los de su propio pais, aun con riesgo para su persona. -Se reclino en la silla y encendio un cigarrillo-. Vamos a ver, ?por que no admite ser quien es? Admita los crimenes que cometio en Majdanek y Dachau. Admita lo que hizo y todo sera mas facil para usted, se lo prometo.

– Para usted, querra decir. Me llamo Bernhard Gunther.

– ?De donde ha sacado este nombre?

– Es mi nombre -insisti.

– El verdadero Bernhard Gunther esta muerto -dijo mi interrogador y me tendio otro documento-. Esta esuna copia de su certificado de defuncion. Fue asesinado por la Odes sa o alguna otra organizacion pro nazi en Munich, hace dos meses. Presuntamente para que usted usurpara su identidad. -Hizo una pausa-. Con este pasaporte tan bien falsificado.

Me tendio mi propio pasaporte, el que habia dejado en Monch antes de salir para Viena.

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