– Maldito nazi embustero -dijo-. Dirias lo que fuera para salvar el pellejo.
– Baja la pistola, Shlomo -ordeno Zvi.
– ?No te habras creido toda esta mierda, verdad, jefe? -protesto Shlomo-. Diria lo que fuera para que no le pegaramos un tiro.
– No lo dudo -dijo Zvi-. Pero como oficial de Inteligencia de esta celula, es mi deber sopesar todas las informaciones. -Le recorrio un escalofrio-. Pero no pienso hacerlo en la ladera de una montana en pleno invierno. Nos lo llevaremos a la casa y seguiremos con el interrogatorio. Luego decidiremos que hacer con el.
Cargaron conmigo hasta la casa, que por supuesto estaba vacia. Supuse que la habian alquilado. Eso o a Henkell le traia sin cuidado lo que fuera de ella. Por mi parte, sabia que los documentos que habia firmado en Viena, en el despacho de Bekemeier, transferian la fortuna de Gruen a Estados Unidos. Eso les daria para vivir bien a los dos durante una buena temporada.
Aaron preparo cafe, y todos bebimos agradecidos. Zvi me echo una manta sobre los hombros. Era la misma que cubria las piernas de Gruen cuando iba en la silla de ruedas, fingiendose tullido.
– De acuerdo -dijo Zvi-. Hablemos de Eichmann.
– Permitame que haga yo las preguntas -dije.
– Esta bien -dijo Zvi echando un vistazo a su reloj-. Tiene exactamente un minuto.
– El hombre al que dispararon -dije-, ?como lo identificaron?
– Nos dieron un soplo -dijo Zvi-. No parecio sorprendido al vernos. Y tampoco nego ser Eichmann. Supongo que lo hubiera negado de haber sido otra persona, ?no cree?
– Tal vez. O tal vez no. ?Le inspeccionaron la dentadura? Eichmann tenia dos dientes de oro, de antes de la guerra. Seguro que constaban en su ficha medica de las SS.
– No tuvimos tiempo -admitio Zvi-. Ademas, estaba oscuro.
– ?Recuerdan donde dejaron el cuerpo?
– Claro. Hay un laberinto de tuneles subterraneos que las SS planeaban utilizar para el asesinato en secreto de treinta mil judios del campo de concentracion de Ebensee. Lo dejamos bajo una pila de rocas en uno de los tuneles.
– ?Ebensee dice?
– Si.
– Y el soplon era Jacobs, ?me equivoco?
– ?Como lo sabe?
– ?Alguna vez ha oido hablar de Friedrich Warzok?
– Si -dijo Zvi-. Era el subcomandante del campo de concentracion de Janowska.
– Miren, estoy practicamente seguro de que el hombre al que mataron no era Eichmann sino Warzok -dije -. Es facil de comprobar. Solo tienen que volver a Ebensee y examinar el cuerpo, entonces sabran que estoy diciendo la verdad y que Eichmann sigue vivo.
– ?Y por que Warzok no nego ser Eichmann? -pregunto Zvi.
– ?Para que? -respondi-. Si negaba ser Eichmann hubiera tenido que demostrar que era Warzok y lo hubieran matado de todos modos.
– Cierto. Pero ?por que querria Jacobs darnos gato por liebre?
– No lo se. Lo que se es que Eichmann se encuentra a cien kilometros de aqui en este momento. Se donde se esconde. Puedo llevarlos.
– Miente -dijo Shlomo.
– Cualquiera diria que no quiere encontrar a Eichmann, Shlomo.
– Eichmann esta muerto -dijo Shlomo-. Yo mismo le dispare.
– ?Pueden arriesgarse a estar equivocados sobre algo como esto? -pregunte.
– Es posible que se trate de una trampa -dijo Shlomo-. Solo somos tres. Y aunque dieramos con Eichmann, ?que hariamos con el?
– Me alegro de oirle decir eso, Shlomo -dije-. Dejarme ir, eso es lo que deberian hacer. Si se lo preguntan como es debido, Eichmann les dira hasta mi verdadero nombre y confirmara parte de lo que les he dicho. Lo de Palestina antes de la guerra. Dejar libre a un inocente a cambio de ayudarles a encontrar a Eichmann me parece un precio bastante modesto.
– ?Y que hay de las fotografias? -dijo Aaron-. Usted estuvo en las SS y conocio a Heydrich y Himmler. Y a Nebe. ?O lo niega?
– No, no lo niego. Pero no es lo que parece. Miren, es largo de explicar. Antes de la guerra yo era policia yNebe era el jefe de la brigada criminal. Yo era detective. Eso es todo.
– Dejame cinco minutos a solas con el, Zvi -dijo Shlomo-. Veremos si dice o no la verdad.
– ?Al menos admite la posibilidad?
– ?Por que cree que el cuerpo que hay en el tunel debe de ser el de Friedrich Warzok? -pregunto Zvi.
– Conozco a un sacerdote que trabaja para la Com pania. El fue quien me dijo que Warzok habia desaparecido en una casa franca cerca de Ebensee. Tenia que ir a Lisboa y desde alli embarcarse para Sudamerica. Igual que Eichmann. Creen que mataron a Warzok igual que mataron a Willy Hintze.
– Bien, eso es cierto -afirmo Zvi-. Por entonces yo trabajaba para la CIA. O la OSS, que es como la llamabamos. Y Aaron, que trabajaba para el servicio de Inteligencia del ejercito britanico. Efectivamente, matamos a Willy Hintze. Fue en un bosque cerca de Thalgau, unos meses despues de Eichmann. O, en cualquier caso, del hombre que creiamos que era Eichmann. El hermano de Eichmann tenia por costumbre ir a un pequeno pueblo de las colinas de Ebensee, y tambien su esposa. Fuimos de noche y pusimos el lugar bajo vigilancia. En total habia cuatro personas en un chale del bosque a las afueras del pueblo. El hombre al que matamos encajaba con la descripcion que teniamos de Eichmann.
– ?Sabe lo que creo? -dije-. Creo que la familia de Eichmann intentaba ponerlos tras una pista falsa para que el pudiera escapar.
– Si -dijo Zvi-. Eso parece.
Habia cumplido. Estaba exhausto. Pedi un cigarrillo. Zvi me dio uno. Pedi mas cafe. Aaron me sirvio una taza. Empezabamos a entendernos.
– ?Que hacemos, jefe? -pregunto Aaron.
Zvi solto un bufido de irritacion.
– Encerradlo mientras pienso.
– ?Donde? -pregunto Aaron mirando a Shlomo.
– En el cuarto de bano -dijo Shlomo-. No hay ventanas y la puerta tiene llave.
Senti que el corazon me daba un brinco en el pecho. En el cuarto de bano era donde habia escondido la pistola que Engelbertina me habia entregado, la que queria que me quedara por si a Eric Gruen le daba pordispararse. Pero ?seguiria alli?
Los dos judios me condujeron al cuarto. Espere hasta oir que sacaron la llave de la cerradura del otro lado de la puerta antes de abrir el armario y palpar tras el tanque del agua caliente. Al principio la pistola parecia eludirme, pero no tarde en tenerla en las manos.
El cargador de una Mauser no es mucho mayor que un mechero. Le di la vuelta a la pistola y, con los dedos helados y temblando de los nervios, extraje el cargador. Las balas de ocho milimetros son aproximadamente del mismo tamano que el plumin de una estilografica decente y no parecen mucho mas peligrosas. Pero como deciamos en la KRI PO: la cuestion no es con que pegas, sino donde. Habia siete balas en el cargador y una en la recamara. Esperaba no tener que usar ninguna, pero sabia que, si me veia obligado a hacerlo, contaria con el factor sorpresa de mi parte. Nadie se espera que un hombre desnudo, cubierto apenas con una manta, lleve una pistola. Volvi a introducir el cargador, la amartille y saque el seguro. Lista para disparar. No habia motivo para preocuparse por un disparo accidental. Aquellos hombres eran asesinos profesionales, y sabia que, en caso de tiroteo, tendria suerte si mataba aunque sea a uno. Bebi un poco de agua, hice mis necesidades y luego me escondi la pistola debajo del lugar donde mi otra mano sujetaba la manta en torno al cuello. Por lo menos no moriria como un perro. Habia visto a suficientes hombres morir tirados en la cuneta como para saber que me pegaria un tiro antes de permitir que eso me sucediera. Transcurrio una media hora, durante la cual pense mucho en Kirsten y en sus asesinos. Si lograba escapar de los israelies, me decia, iria en su busca. Aunque para ello tuviera que seguirlos hasta Estados Unidos. No obstante, antes tendria que seguirlos hasta la base. ?Que base? Habia bases estadounidenses por toda Alemania. Entonces recorde la carta que habia visto en la guantera de
