– No esta falsificado -dije-. Es autentico. Es el otro que es falso. -Suspire y sacudi la cabeza-. ?Importa algo de lo que pueda decir, si estoy muerto? Van a matar a la persona equivocada. Aunque seguro que no es la primera vez. Vera Messmann no era ninguna criminal de guerra, como dijo Jacobs. Ademas, yo puedo demostrar que soy quien digo ser. Hace doce anos, en Palestina…

– Cabron -grito el tipo grande de las orejas de elefante-. Asesino hijo de puta.

Se abalanzo sobre mi y me golpeo con algo que llevaba en el puno. Me dio la impresion de que el mas joven hubiera querido detenerlo, pero sin exito. El grandullon no era de esos tipos que dejan que otro los retenga a no ser que sea con una rafaga de ametralladora. El punetazo me derribo de la silla. Me sentia como si cincuenta mil voltios me hubieran atravesado el cuerpo. Todo mi ser temblaba, a excepcion de la cabeza, que parecia envuelta en una gruesa toalla empapada para que no pudiera oir ni ver nada. Mi voz sonaba amortiguada. Luego alguien me enrollo la cabeza con otra toalla y todo quedo en silencio y penumbra, todo habia desaparecido, todo menos una alfombra magica que me recogia y me llevaba volando hacia un lugar inexistente. Un lugar en el que Bernie Gunther -el verdadero Bernie Gunther- se sintio como en su casa.

41

Todo estaba blanco. Privado de visiones beatificas, pero purificado del pecado, me encontre yaciendo en un lugar transitorio a la espera de algun modo de que alguien decidiera que hacer conmigo. Esperaba que se decidieran pronto porque hacia frio. Frio y humedad. No habia sonidos, pero debia ser asi. La muerte es silenciosa. Aunque tambien deberia ser mas calida. Curiosamente, uno de los lados de mi cara parecia estar mucho mas frio que el otro y, por un terrible instante, pense que la decision ya habia sido tomada y me encontraba en el infierno. Una nubecilla me ocupaba el pensamiento como si quisiera comunicarme algo; tuvo que pasar un rato para que me diera cuenta de que se trataba de mi propia respiracion. Mi tormento terrenal no habia terminado todavia. Levante la cabeza despacio de la nieve y vi a un hombre cavando en la tierra, a pocos metros de mi cabeza. Extrana cosa cavar de aquella manera en un bosque en pleno invierno. Me pregunte por que lo haria.

– ?Por que tengo que cavarlo yo? -protesto.

Parecia el unico verdaderamente aleman de los tres.

– Porque tu lo has golpeado, Shlomo -dijo una voz-. Si no le hubieras pegado, podria haber cavado la fosa el mismo.

El que cavaba tiro la pala al suelo.

– Con esto deberia bastar -dijo-. La tierra esta helada. Pronto nevara lo suficiente para cubrirlo y aqui terminara todo para el hasta la primavera.

La cabeza empezo a dolerme terriblemente. Arrastre el brazo hasta la frente y deje escapar un grunido.

– Ya vuelve en si -dijo la voz.

El que habia estado cavando salio de la fosa y me jalo por los pies. Era el grande. El que me habia golpeado. Shlomo. El judio aleman.

– Por el amor de Dios -dijo la voz-, no vuelvas a pegarle.

Aun debil, eche un vistazo alrededor. No habia ni rastro del laboratorio de Gruen. Me hallaba en el limite de una arboleda en la ladera que quedaba encima de Monch. Lo supe por el escudo de armas pintado en la pared de la casa. Me lleve la mano a la cabeza. Tenia un bulto del tamano de una pelota de golf. Una que se hubiera pasado un centenar de metros del hoyo. Obra de Shlomo.

– Levantad al prisionero.

Era la voz de mi interrogador. Aquel frio no le hacia ningun bien a su nariz. Parecia el personaje de una cancion que por entonces ponian en la radio a todas horas: Rudolph, the red nose reindeer.

Shlomo y Aaron -el mas joven- me agarraron cada uno por un brazo y me pusieron en pie. Sus dedos parecian tenazas. Estaba disfrutando. Intente hablar.

– Silencio -bramo Shlomo-. Hablaras cuando te toque, nazi hijo de puta.

– Que el prisionero se desnude -dijo el interrogador.

No me movi. Por lo menos no mucho, pues no podia dejar de balancearme a causa del golpe en la cabeza.

– Desnudadlo -ordeno.

Shlomo y Aaron procedieron de malas maneras, como si estuvieran buscandome la cartera, y arrojaron mi ropa a la fosa delante de mi. Estaba temblando y me abrace como si me envolviera en un manto de piel, aunque el efecto no era comparable. El sol se habia ocultado tras las montanas y empezaba a levantarse viento.

Una vez desnudo, el interrogador volvio a hablar.

– Eric Gruen. Se le condena a muerte por crimenes contra la humanidad. La sentencia se ejecutara de forma inmediata. ?Desea decir unas ultimas palabras?

– Si.

Aquella no parecia mi voz. Por lo que respectaba a ellos, asi era en verdad, pues creian que era la de Eric Gruen. Esperaban sin duda que soltara alguna proclama desafiante como «Larga vida a Alemania» o «Heil Hitler», pero nada mas lejos de mi mente en ese momento que la Ale mania nazi o Hitler. Pensaba en Palestina. Quiza Shlomo me hubiera golpeado por no llamar la Is rael. Sea como fuere, disponia de muy poco tiempo si lo que queria era convencerlos de que no me dispararan un tiro en la nuca. Shlomo ya estaba inspeccionando el cargador de su gran Colt automatico.

– Por favor, escuchenme -dije con los dientes castaneteandome-. Yo no soy Eric Gruen. Ha habido un error. Mi verdadero nombre es Bernie Gunther. Soy detective privado. Hace doce anos, en 1937, hice un trabajo en Israel para la Ha ganah. Espie a Adolf Eichmann por encargo de Fievel Polkes y Eliahu Golomb. Nosconocimos en un cafe de Tel Aviv, el Kaplinsky's, o Kaplinsky, o Kapulsky, no recuerdo bien. Estaba cerca de un cine en Lilienblum Strasse. Si llama a Golomb, el se acordara de mi. Respondera por mi, estoy seguro. Se acordara de que Fievel me presto su pistola. Y del consejo que le di.

– Eliahu Golomb murio en 1946 -dijo mi interrogador.

– Entonces llamen a Fievel Polkes. Preguntenle.

– Me temo que no lo conozco.

– Me dio una direccion, por si conseguia informacion para la Ha ganah, pero no podia ponerme en contacto con el -dije-. Polkes era el hombre de la Ha ganah en Berlin. Era una direccion de Jerusalen. Un tal senor Mendelssohn. Creo que era de Bezalel Workshops. No recuerdo la calle, pero si recuerdo que debia encargar un articulo de laton damasquinado con plata y una fotografia del hospital Sesenta y Cinco. No tengo la menor idea de lo que esto significa, pero me dijo que seria la senal para que alguien de la Ha ganah se pusiera en contacto conmigo.

– Tal vez conocio a Eliahu Golomb -dijo Shlomo malhumoradamente al interrogador-. Sabemos que mantuvo contacto con altos cargos del SD, incluido Eichmann, ?y que? Ya has visto las fotografias, Zvi. Sabemos que se codeaba con Heydrich y Himmler. Cualquiera que le estrechara la mano a ese hijo de puta de Goring se merece una bala en la cabeza.

– ?Mataron a Eliahu Golomb? -pregunte-. ?Por darle la mano a Eichmann?

– Eliahu Golomb es un heroe del Estado de Israel -comento Zvi con frialdad.

– Me alegro de saberlo -dije, temblando de pies a cabeza-. Pero preguntese una cosa, Zvi. ?Por que me habria dado un nombre y una direccion si no hubiera confiado en mi? Piensenlo, y de paso piensen tambien esto: si me matan, jamas averiguaran donde se esconde Eichmann.

– Ahora si que estoy seguro de que miente -dijo Shlomo, tirandome en la fosa-. Eichmann esta muerto. - Escupio a mi lado en el hoyo y cerro el cerrojo de la automatica-. Lo se porque lo matamos nosotros mismos.

La fosa no tenia ni medio metro de profundidad, por lo que la caida no me dolio. Por lo menos no sentiningun dolor. Tenia demasiado frio y estaba intentando salvar la vida con mis palabras, e incluso a gritos, si era necesario.

– Entonces mataron al hombre que no era -comente-. Lo se porque hable con Eichmann ayer. Puedo llevarlos hasta el. Se donde se esconde.

Shlomo me apunto a la cabeza con la pistola.

Вы читаете Unos Por Otros
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату