Jacobs, la carta del Rochester Strong Memorial Hospital en la que se inventariaba el equipo medico enviado a Garmisch-Partenkirchen via la base aerea de Rin-Meno. Parecia plausible, pues, que se dirigieran a ella. Eche unvistazo a mi reloj de pulsera. Ya casi eran las seis. El avion para Virginia partia a las doce de la noche. Por fin oi el ruido de la llave en la cerradura de la puerta del cuarto de bano. Aunque Zvi no me hubiera estado apuntando con su pistola, su cara presagiaba lo peor.

– De modo que no.

– Lo siento -dijo-. Pero su version es poco verosimil. Aunque no fuera quien creemos que es, estuvo en las SS. Eso si que lo ha admitido. Y ademas estan las fotografias con Himmler y Heydrich, que son enemigos declarados de mi pueblo.

– En el lugar equivocado, en el momento equivocado -dije-. Supongo que es la historia de mi vida.

Se aparto de la puerta y con la pistola hizo un gesto hacia el corredor que conducia hasta la puerta.

– Vamos -dijo con voz grave-. Acabemos con esto.

Con la pistola bien sujeta bajo la manta, sali del cuarto y empece a caminar delante de el. Aaron nos esperaba ante la puerta principal. Shlomo estaba fuera. Por el momento, Zvi era el unico que tenia la pistola en la mano, lo que significaba que tendria que dispararle a el primero. Habia oscurecido, pero Shlomo encendio la luz de fuera para poder ver lo que hacian. Subimos la cuesta hasta los arboles y la fosa que me esperaba. Ya habia decidido en que momento pasar a la accion.

– Supongo que esta es su idea de la justicia poetica -dije-. Esta ejecucion humillante. -Mi voz denotaba valor, pero tenia un nudo en el estomago-. Para mi esto es ponerse a la altura de los Grupos de Accion Especial.

Esperaba que por lo menos uno de ellos, Aaron tal vez, se sintiera mal consigo mismo y apartara la vista. Primero dispararia a Zvi y luego a Shlomo. Shlomo era el unico de los tres al que me apetecia matar. La cabeza me seguia doliendo una barbaridad. Me detuve junto al borde de la fosa y eche una mirada alrededor. Los tres estaban a menos de diez metros de mi, lo que los convertia en un blanco facil. Llevaba tiempo sin matar a nadie, pero no iba a dudar. En caso necesario, los mataria a los tres.

42

Hacia un frio glacial. Un golpe de viento me cubrio la cabeza con la manta por un instante. Mi ropa estaba en el interior de la fosa, a mis pies, cubierta con algunos copos de nieve. Me alegre de que hubiera nieve, asi veria la sangre si les daba. Soy buen tirador -por lo menos mejor con pistola que con rifle-, pero con una ocho milimetros al aire libre es facil pensar que se ha errado el tiro. No sucede lo mismo con una 45. Si Zvi o Shlomo me pegaban un tiro, no tendrian que esperar a que me muriera desangrado para saber que me habian dado.

– ?Puedo fumarme un ultimo cigarrillo? -pregunte.

Hay que dejar que la gente tenga algo en que pensar antes de liquidarlos. Es lo que nos ensenaron en la academia de policia.

– ?Un cigarrillo? -pregunto Zvi.

– ?Estas loco? -protesto Shlomo-. ?Con este tiempo?

Pero Zvi ya estaba echando mano de su paquete cuando solte la manta, me di la vuelta y dispare. El tiro atraveso la mejilla de Zvi, justo al lado de la oreja izquierda. Dispare de nuevo y el tiro le arranco la punta de la nariz. La sangre salio a chorros salpicandole a Shlomo en el cuello y la camisa cual sanguinolento estornudo. Al mismo tiempo, el grandullon, bufando como un toro, se llevo la mano a la cartuchera de debajo de la axila. Le dispare en la garganta y se desplomo de espaldas sobre la nieve como si fuera un saco de patatas. Con una mano se apretaba la nuez y, gorgoteando como una cafetera, dio con la culata de la pistola, desenfundo y disparo involuntariamente, matando a Zvi en el acto. Le dispare un segundo tiro a Shlomo entre ceja y ceja y corri hacia Aaron para propinarle una patada entre las piernas con mi pie congelado. A pesar del dolor, se agarro a mi pierna, por lo menos hasta que le hundi un ojo con la culata. Solto un alarido de dolor y dejo libre mi pie. Resbale y cai sobre la nieve. Aaron se tambaleo por unos instantes, luego tropezo con el cuerpo inmovil de Shlomo y cayo a su lado. Me puse de rodillas, le apunte a la cabeza y le grite que ni se le ocurriera sacar la pistola. Aaron no me oyo, o quiza si, en cualquier caso, saco el Colt de la funda e intento amartillarlo paradisparar, pero tenia los dedos frios, tan frios como los mios probablemente, solo que yo ya tenia uno puesto en el gatillo. Tuve tiempo de sobra para apuntar y dispararle al joven judio en la pantorrilla. Aullo como un perro apaleado, solto la pistola y se agarro la pierna retorciendose de dolor. Pense que ya habia disparado cinco o seis veces, no lo sabia muy bien, asi que tome la de Zvi y arroje la mia entre los arboles. Cogi tambien la de Aaron y la de Shlomo y las arroje donde habia arrojado la mia. Aaron estaba claramente fuera de combate, asi que volvi a la fosa, recogi mis ropas medio congeladas y empece a vestirme.

– No voy a matarte -dije jadeando mientras me vestia-. No voy a matarte porque quiero que me escuches. No me llamo ni me he llamado nunca Eric Gruen. En un futuro proximo, y si es humanamente posible, pienso matar a ese hombre. Me llamo Bernhard Gunther. Quiero que recuerdes mi nombre. Quiero que se lo des a quienquiera que sea el fanatico que esta al cargo de la Ha ganah. Quiero que recuerdes que fue Bernhard Gunther quien te dijo que Adolf Eichmann sigue vivo. Y que estas en deuda conmigo. La proxima vez que busqueis a Eichmann tendra que ser en Argentina, porque alli es donde vamos los dos. El por razones obvias, y yo porque Eric Gruen, el verdadero Eric Gruen, me ha tendido una encerrona. El y vuestro amigo Jacobs. Ahora ya no puedo arriesgarme a quedarme en Alemania, no despues de esto. ?Me has oido?

Se mordio los labios y asintio con la cabeza.

Termine de vestirme. Le desabroche la cartuchera a Shlomo y enfunde el Colt. Registre los bolsillos del grandullon y cogi dinero, cigarrillos y un mechero.

– ?Donde estan las llaves del coche? -pregunte.

Aaron se metio la mano en el bolsillo y me las lanzo, cubiertas de sangre.

– Esta aparcado al final de la calle -dijo.

– Voy a llevarme el coche y la pistola de tu jefe, asi que no intentes seguirme, soy bastante bueno con esto.La proxima vez puede que remate el trabajo.

Encendi dos cigarrillos, le puse uno en la boca y el otro me lo quede. Eche a andar colina abajo hacia la casa.

– Gunther -dijo. Me di la vuelta. Estaba sentado y tenia el rostro muy palido-. No se si sirve ya de algo – dijo-, pero yo te creo.

– Gracias.

Me quede inmovil un momento. La pierna le sangraba mas de lo que habia previsto. Si se quedaba ahi, se desangraria o moriria congelado.

– ?Puedes caminar?

– Creo que no.

Lo puse en pie y le ayude a bajar hasta la casa. Ahi encontre unas sabanas y le hice un torniquete en la pierna.

– Siento lo de tus amigos -dije-. No queria matarlos, pero no tenia alternativa. Me temo que eran ellos o yo.

– Zvi era un buen tipo -dijo-. Pero Shlomo estaba mal de la cabeza. Fue el quien estrangulo a las dos mujeres. Estaba dispuesto a matar hasta el ultimo nazi sobre la tierra.

– No puedo culparlo -dije mientras terminaba el vendaje-. Todavia quedan demasiados nazis libres como pajaros. Pero yo no soy uno de ellos, ?vale? Gruen y Henkell asesinaron a mi mujer.

– ?Quien es Henkell?

– Otro medico nazi, pero es demasiado largo de explicar. Tengo que ir a por ellos. Ya lo ves, Aaron, voy a hacer vuestro trabajo, si puedo. Tal vez sea demasiado tarde. Lo mas probable es que sea yo el que acabe muerto, pero debo intentarlo, porque eso es lo que hay que hacer cuando alguien mata a tu mujer a sangre fria. Aunque ya no quedara nada entre nosotros, seguia siendo mi mujer y eso significa algo, ?no?

Me limpie la cara con un pedazo de sabana y me dirigi hacia la puerta. Me detuve para comprobar el telefono. No habia linea.

– El telefono no funciona -dije-. Procurare mandarte una ambulancia en cuanto pueda, ?de acuerdo?

– Gracias -dijo-. Y buena suerte, Gunther. Espero que los encuentres.

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