Sture dio un paso al frente.
– ?Y eso por que? -pregunto-. ?Por que no puede llevar consigo el conejo?
El agente mostro las palmas de las manos en un gesto inequivoco: «Yo solo cumplo ordenes».
– No esta permitido llevar animales dentro, es cuanto se -contesto-. Lo siento.
El policia se alejo y Magnus se sento en el suelo con la cesta en las rodillas.
– Yo no entro.
Sture y David se miraron el uno al otro. Ninguno de los dos queria quedarse fuera con el nino, evidentemente, y quedaba descartado dejar a Baltasar en el coche. David miro enfadado al policia, que seguia dando vueltas con las manos a la espalda, le habria gustado pulverizarle con el pensamiento.
– Vamos a alejarnos un poco mas alla.
Describiendo un cuarto de circulo amplio, se alejaron del gentio y llegaron a una zona de bosque en donde David, para su alivio, comprobo que habian colocado dos aseos publicos. Se disculpo y entro en el que parecia menos castigado por los actos de vandalismo, se sento y exploto en una especie de liberacion. Cuando hubo terminado, descubrio que no habia papel. Intento utilizar el folleto que le habian dado, pero el papel satinado solo empeoro la situacion. Se quito los calcetines, se aseo con ellos y los tiro al agujero.
«Asi… ahora…».
Se sintio mucho mejor. Todo iba a salir bien. Se ato los cordones de los zapatos en torno a los pies desnudos y salio. Abuelo y nieto estaban esperandolo, y parecia que guardaban algun secreto.
– ?Que pasa? -pregunto David.
Sture se abrio un poco la chaqueta, como si fuera un contrabandista, y le enseno el bolsillo interior, donde sobresalia la cabeza de Baltasar. El nino solto una risita y Sture se encogio de hombros. «Si cuela, cuela». David no tenia ninguna objecion al respecto. Ahora se encontraba limpio por dentro, aliviado y optimista. Justo lo que el neurologo habia ordenado.
Volvieron hacia las verjas. Sture se quejaba de que Baltasar estaba tratando de mordisquearle la camisa y Magnus se reia. David miro a Sture, que sobreactuaba con su chaqueta, y sintio un enorme agradecimiento. Aquello no habria sido posible sin el. La preocupacion por ver como podrian introducir de extranjis a Baltasar parecia haber desviado totalmente la atencion de Magnus del encuentro inminente.
Llegaron a la entrada a tiempo de presenciar otra presentacion. La muchedumbre habia disminuido considerablemente durante su ausencia, por lo que los vigilantes no podian ser especialmente estrictos en el control de identificacion de los familiares, pero sucedio algo delante, en la tribuna, antes de que volvieran a la fila.
Dos senoras mayores subieron al escenario y conectaron el sistema de sonido de los altavoces; una de ellas se acerco al microfono antes de que nadie tuviera tiempo de reaccionar.
– ?Atencion! -grito, y asustada por la fuerza de su propia voz, se retiro un poco. La otra senora se llevo la mano a la oreja. La que habia hablado cobro animo, avanzo otra vez y repitio-: ?Atencion! Solo quiero decir que esto es un error. Los muertos han despertado porque sus almas han regresado. Esto tiene que ver con nuestras almas. Todos nosotros estamos perdidos si no…
No tuvo tiempo de decir nada mas. Los altavoces se apagaron y su formula para no condenarse solo pudieron oirla quienes estaban justo alli delante. Un hombre muy corpulento vestido de traje, probablemente algun tipo de guardia de seguridad, subio al escenario, alejo a la senora del microfono sin contemplaciones y la hizo bajar de la tribuna. La otra senora bajo detras.
– Papa -pregunto Magnus-, ?que es el alma?
– Algo que algunas personas creen que llevamos dentro de nosotros.
El nino se palpo el cuerpo con las manos en un intento de sentirla.
– ?Y donde esta?
– En ningun sitio concreto. Es, como si dijeramos, un pequeno fantasma invisible del que surgen todos los pensamientos y los sentimientos. Algunos creen que cuando morimos abandona el cuerpo.
– Yo lo creo -contesto el chico.
– Si -dijo David-, pero yo no.
Magnus se volvio hacia su abuelo, que tenia la mano en el pecho como si estuviera a punto de darle un infarto.
– ?Abuelo? ?Tu crees en el alma?
– Si -respondio Sture-. Totalmente. Tambien creo que estoy a punto de tener un agujero en la camisa. ?Podemos acercarnos ya?
Se pusieron al final de la cola. Habia todavia unas doscientas personas delante de ellos, pero la fila avanzaba a buen ritmo. Dentro de diez minutos estarian dentro.
Cuando Flora llego a Heden y vio la afluencia de personas y lo deprisa que avanzaban las colas, aumentaron sus esperanzas de conseguir entrar. Ella no tenia el mismo apellido que su abuelo ni ninguna manera de demostrar su parentesco. Habia telefoneado a Elvy por la manana para que le firmara una autorizacion, pero, como de costumbre, solo habia podido hablar con una vieja, que le dijo que Elvy estaba ocupada.
Se coloco en una de las filas que avanzaba hacia las verjas. Los ultimos dias habia hablado a menudo con Peter, que habia evitado ser descubierto durante las tareas de limpieza y habia permanecido escondido en su sotano. No obstante, la tarde anterior se le habia acabado la bateria y no tenia ninguna posibilidad de salir hasta algun sitio donde hubiera alguna toma de electricidad mientras continuara la febril actividad de adecentar la zona.
«Joder, como tienen que haber trabajado».
Buena muestra de ello era la proeza de levantar en dos dias aquella valla, que a buen seguro tenia mas de tres kilometros de longitud, que se extendia alrededor de toda la zona. Una de las pocas veces que Peter se habia aventurado a salir, le habia contado que aquello estaba lleno de soldados y que el trabajo no cesaba ni durante la noche. Habian conseguido mantener alejada a la prensa, o habrian llegado a algun tipo de acuerdo, y nadie habia escrito nada sobre Heden hasta que el primer ministro dio a conocer oficialmente la noticia.
Flora avanzo poco a poco, colocandose la mochila que llevaba llena de fruta para Peter. Le resultaba insoportable estar entre la gente, asi que se puso a contar mentalmente los numeros primos: «Uno, tres, cinco, siete, once, trece, diecisiete…».
Ese miedo palpable en las calles no era nada comparado con el alli reinante. Orientara hacia donde orientase sus antenas, captaba las mismas senales. La gente parecia como siempre, probablemente con la mirada algo mas perdida o mas decidida, pero por dentro percibia monstruos abisales y terror ante la idea de encontrarse frente a lo absolutamente desconocido, frente a
«… diecinueve, veintitres…».
A diferencia de ella, la mayoria de los presentes no habia visto nunca a ninguno de los redivivos. Se trataba de familiares que se habian despertado en el deposito de cadaveres, seres queridos a los que los soldados habian sacado de sus tumbas y conducido a secciones cerradas. Habia infinitas posibilidades de imaginarse lo peor, y eso era precisamente lo que hacia la gente. Flora intento aislar la mente del omnipresente terror. No lograba comprender por que habian decidido organizar el reencuentro de aquella manera.
Agacho la cabeza, cerro los ojos e intento concentrarse en los numeros
