Brummelibrum, ?quien anda ahi?

Los matojos se agitan, pero un perro solo es.

La ironia de la letra de la cancion hizo que a Anna le temblara todo el cuerpo, pero ella ya no estaba dentro de su cuerpo, se encontraban cerca y advertia los cambios de aquel ser, veia lo mismo que el, pero actuaba como directora y ordeno a su mente que siguiera cantando.

El ahogado dio la vuelta y se marcho por donde habia venido en direccion al estrecho, hacia las rocas, hacia el cuerpo de su padre. No lo penso, solo constato que estaba ocurriendo.

Espero medio minuto mientras terminaba de entonar la cancion, despues envolvio a Elias en el edredon y camino hacia el bote. La luna brillaba amarilla dentro de un pequeno charco en la roca, y cuando la hierba le rozo las piernas vio algo…

«?Amarillo?».

… y no era amarillo. Anna volvio a mirar otra vez hacia alli. Lo que brillaba encima de la roca era el movil. Se le habia caido. Cantando aun la misma cancion -no se atrevia a cambiar por miedo a perder la concentracion- recupero el telefono, lo puso encima de la tripa de Elias y siguio en direccion al bote.

El osezno es un gloton: todo lo que asoma embucha.

Anna tumbo a Elias dentro, evitando mirar hacia el estrecho, mientras empujaba el bote desde el borde de la playa, dio un par de zancadas en el agua y subio a bordo. El bote floto y se deslizo hacia mar abierto entre el suave oleaje del agua. Se sento en la bancada central, desde donde pudo ver las bolsas con la compra y los bidones de agua. En medio del silencio solo se oian los chirridos procedentes del estrecho, como si estuvieran limpiando pescado. Le empezo a temblar la mandibula inferior y se abrazo a si misma.

«El trataba de… Solo queria… Trataba de ayudar». Demonio repugnante… . «Con sus manitas Olle le tiende la cesta al oso…».

Debia seguir adelante, pues el monstruo sabia nadar.

Coloco los remos en los toletes con manos temblorosas y remo hacia la otra boca del estrecho. Sabia que estaba remando en direccion contraria, pero era incapaz de pasar cerca y quiza ver…

Cuando habia batido los remos unas cincuenta veces y ya solo tenia el azul intenso del mar de Aland a sus espaldas, solto los remos, dejando que colgaran libremente en los toletes, y se agacho junto a Elias, se acurruco a su lado en la cubierta y dejo que llegaran los sentimientos. Dejo de huir, dejo de cantar, dejo…

La brisa del sur los llevaba cada vez mas lejos, mas lejos. Dejaron atras el escollo de Gaskobb y pronto el faro centelleante de Soderam fue lo unico visible entre el cielo y el mar.

Heden, 22:00

Flora se quedo mirando el negro monton de cuerpos retorcidos.

Lo habia deseado aquella tarde en el jardin de Elvy, si; entonces, supo que iba a suceder algo que iba a cambiar Suecia para siempre. Ahora habia sucedido, y ?que habia cambiado?

«Nada».

El miedo fomento el miedo, el odio fomento el odio y, al final, solo quedaba un monton de cuerpos quemados. Como en todas partes, como siempre.

Algo se movio entre los despojos.

Al principio creyo que eran dedos que de algun modo se habian librado del fuego y ahora intentaban salir; luego vio que eran larvas, larvas blancas que salian de algunos cuerpos. El tufo de la hoguera era insoportable pese a protegerse la nariz, y Flora retrocedio un par de metros.

Solo salieron siete las larvas, aunque habria alli unos quince redivivos desde el principio.

«Ella se llevo a los otros».

Flora sabia que las larvas eran personas, no, las larvas eran la esencia humana de la persona, y se manifestaba ante sus ojos de una forma comprensible. En realidad, tampoco su gemela era su gemela, o algo que pudiera comprenderse en absoluto con conceptos humanos. Eso lo habia comprendido durante el segundo que ambas se miraron a los ojos.

La otra Flora, la que calzaba sus mejores zapatillas deportivas, solo era una fuerza que se manifestaba de un modo diferente e inteligible para cada uno. Lo unico que no cambiaba eran los anzuelos, puesto que la mision de la fuerza era pescar, buscar. Tampoco los anzuelos eran algo real, sino una imagen comprensible para los hombres.

Las larvas que se habian liberado de aquella masa negra se revolvian sin un lugar donde estar, ahora que su morada humana habia quedado destruida.

«Perdidas», concluyo Flora. «Estan perdidas».

Ella no podia hacer nada. Se habian descarriado a causa del miedo y ahora estaban perdidas. Mientras ella miraba, las larvas seguian hinchandose, volviendose primero de color rosa, y luego rojo.

Flora pudo oir a lo lejos los gritos de angustia cuando las personas-larva se dieron cuenta de lo que ella ya sabia: ahora iban a ser conducidas inexorablemente hacia el otro sitio. Ese del que no se puede decir nada. Nada.

Las larvas siguieron engordando, la fina piel se estiro y los gritos se volvieron mas fuertes, a Flora le daba vueltas la cabeza, pues ella sabia que nada de aquello estaba sucediendo en realidad. Se veia solo porque ella lo miraba. Se estaba representando ante sus ojos un drama invisible tan antiguo como la humanidad.

Las larvas se rasgaron una tras otra en silencio, salvo un audible plop final. Mano de ellas un incoloro liquido gelatinoso que se evaporo al entrar en contacto con el calor de los huesos calcinados. Los gritos cesaron.

«Perdidas».

La muchacha se alejo de la hoguera, se sento en el banco a varios metros de alli e intento pensar. Sabia demasiado, decididamente demasiado. Los conocimientos que brotaron en su mente durante aquel segundo en que se vio a si misma eran demasiado, ella no podia sobrellevarlos.

«?Por que? ?Por que ha pasado esto?».

Ella lo sabia todo, aunque era imposible expresarlo con palabras. Habia sucedido algo en el orden superior y en nuestro pequeno planeta se habia manifestado de esta manera: los muertos habian resucitado dentro de una zona delimitada. A veces, el aleteo de una mariposa provocaba un huracan. Visto desde una perspectiva mas amplia, aquello no era nada, uno de esos accidentes que ocurrian a veces, a lo sumo una nota a pie de pagina en el libro de los dioses.

De repente se irguio en el banco. Recordo algo que Elvy le habia dicho al otro lado de la verja… ?hoy? Seguia siendo aun el mismo dia en que ella habia estado paseando con Maja y… si, seguia siendo el mismo dia.

Saco el telefono y marco el numero de Elvy. Milagrosamente no cogio el telefono ninguna de las viejas ni aquel tipo tan repugnante, sino la propia Elvy. Su voz parecia cansada.

– Abuela. Soy yo. ?Que tal?

– No muy bien. No muy… bien.

Escucho al fondo las voces subidas de tono propias de una discusion. Los sucesos del dia habian provocado diferencias en el seno del grupo.

– Abuela, escuchame. ?Te acuerdas de lo que me dijiste esta manana?

Elvy suspiro.

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