Aunque entonces descanso durante el dia.

– ?Es asi como funciona eso?

– No se. Eso es en todo caso lo que me pasa a mi. Y despues cuando me despierto soy… pequeno de nuevo. Y debil. Es entonces cuando necesito ayuda. Quiza sea por eso por lo que he sobrevivido. Porque soy pequeno. Y la gente quiere ayudarme. Aunque… por motivos bien distintos.

Una sombra se poso sobre la mejilla de Eli cuando apreto las mandibulas; hundiendo las manos en los bolsillos de la bata encontro algo, lo saco: una tira estrecha de papel brillante. Algo que su madre se habia dejado; solia usar la bata de Oskar a veces. Eli volvio a dejar con cuidado en el bolsillo la tira de papel como si fuera algo valioso.

– ?Duermes en un ataud entonces?

Eli se echo a reir, negando con la cabeza.

– No. No. Yo…

Oskar no pudo quedarse con ello dentro mas tiempo. No era esa su intencion, pero le salio como una acusacion cuando dijo:

– ?Pero tu matas a la gente!

Eli le miro a los ojos con una expresion que parecia de asombro, como si Oskar le hubiera senalado con impetu que tenia cinco dedos en cada mano o algo igual de evidente.

– Si, mato a gente. Es una lastima.

– Entonces, ?por que lo haces?

Un destello de furia en los ojos de Eli.

– Si se te ocurre alguna idea mejor la escuchare encantado.

– Si, bueno… sangre… tiene que haber… alguna manera… de que tu…

– No la hay.

– ?Por que no?

Eli resoplo, sus ojos se estrecharon.

– Porque yo soy como tu.

– ?Como que como yo? Yo…

Eli hizo un movimiento envolvente en el aire como si llevara un cuchillo en la mano y dijo:

– «?Que estas mirando, idiota? ?Quieres morir o que?» -Golpeo con la mano vacia-. «Eso es lo que pasa si alguien se queda mirandome».

Oskar se froto los labios uno contra otro, se los humedecio.

– ?Que dices?

– No soy yo el que lo digo. Lo dijiste tu. Fue lo primero que te oi decir. Abajo, en el parque.

Oskar lo recordaba. El arbol. El cuchillo. Como luego, inclinando la hoja del cuchillo como si fuera un espejo, vio a Eli por primera vez.

?Te reflejas en los espejos? La primera vez que te vi estabas reflejada en un espejo.

– Yo… no mato a la gente.

– No. Pero te gustaria. Si pudieras. Y lo harias realmente si lo tuvieras que hacer.

– Porque los odio. Hay una gran…

– Diferencia. ?Es eso?

– ?Si…?

– Si con eso te libraras. Si solo fuera que ocurrio. Si pudieras desear que estuvieran muertos y ellos murieran. ?No lo harias entonces?

– … Si.

– Si. Y eso solo seria para divertirte. Por venganza. Yo lo hago porque tengo que hacerlo. No hay ninguna otra forma.

– Pero es porque ellos… ellos me maltratan, porque me provocan, porque yo…

– Porque tu quieres vivir. Exactamente igual que yo. Eli extendio los brazos, los puso sobre las mejillas de Oskar y acerco su cara a la de el. -Se un poco como yo. Y le beso.

Los dedos del hombre estaban cerrados alrededor de los dados y Oskar vio que llevaba las unas pintadas de negro.

El silencio se extiende por la sala como una bruma asfixiante. La estrecha mano se vuelca… lentamente… y los dados caen de ella, encima de la mesa… Chocan entre ellos, dan vueltas, se paran.

Un dos. Y un cuatro.

Oskar se siente aliviado, no sabe por que, cuando el hombre camina a lo largo de la mesa, se coloca ante la fila de chicos como un general ante su ejercito. La voz del hombre es inexpresiva, ni oscura ni clara, cuando estira un alargado dedo indice y empieza a contar a lo largo de la fila.

– Uno… dos… tres… cuatro…

Oskar mira hacia la izquierda, hacia el sitio en donde el hombre empieza a contar. Los chicos estan relajados, liberados. Un sollozo. El muchacho que esta al lado de Oskar se encorva, le tiembla el labio inferior. Ah. Es el… numero seis. Oskar comprende ahora su alivio.

– Cinco… seis… y… siete.

El dedo senala directamente a Oskar. El hombre le mira a los ojos. Y sonrie.

– ?No!

Pero si era… Oskar retira su mirada de la del hombre, mira los dados.

Ahora muestran un tres y un cuatro. El chico que esta al lado de Oskar mira a su alrededor, medio dormido como si acabara de despertar de una pesadilla. Durante un segundo sus miradas se cruzan. Vacias. Sin comprender.

Luego un grito de la pared del fondo.

… mama…

La mujer del chal marron corre hacia el, pero dos hombres le salen al paso, la cogen por los brazos y… la tiran contra la pared de piedra. Los brazos de Oskar se estremecen como si quisieran cogerla cuando ella cae y sus labios forman la palabra:

– ?mama!

Entonces unas manos duras como punos lo cogen por los hombros y lo sacan de la fila, hacia una puerta. El hombre de la peluca aun sigue con el dedo levantado, siguiendolo con el mientras Oskar es empujado fuera de la sala y conducido a una habitacion oscura que huele

… a alcohol…

… despues se le nubla la vista, imagenes borrosas; luz, oscuridad, piedra, piel desnuda…

Hasta que la imagen se estabiliza y Oskar siente una presion fuerte en el pecho. No puede mover los brazos. Nota como si le fuera a estallar la oreja derecha, esta apretada contra una… tabla de madera.

Tiene algo en la boca. Un trozo de cuerda. Chupa la

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату