cuerda, abre los ojos.
Esta boca abajo encima de una mesa. Con los brazos atados a las patas de la mesa. Esta desnudo. Ante sus ojos dos figuras: el hombre de la peluca y otro mas. Un hombre gordo y pequeno que parece… divertido. No. Parece como alguien que cree que es divertido. Cuenta siempre historias de las que nadie se rie. El hombre divertido lleva un cuchillo en una mano y un cuenco en la otra.
Algo no encaja.
La presion contra el pecho, contra la oreja. Contra las rodillas. Deberia sentir tambien presion contra el pito. Pero es como si hubiera… un agujero en la mesa justamente alli. Oskar intenta darse la vuelta para comprobarlo, pero el cuerpo esta muy bien atado.
El hombre de la peluca le dice algo al hombre divertido y el hombre divertido se rie y asiente. Despues, los dos se agachan. El hombre de la peluca le clava la mirada a Oskar. Sus ojos son de color azul claro, como el cielo en un dia luminoso de otono. Parece amablemente interesado. El hombre mira en los ojos de Oskar como si buscara algo bueno alli dentro, algo que el ama.
El hombre divertido se arrastra debajo de la mesa con el cuchillo y el cuenco en las manos. Y Oskar comprende.
Sabe tambien que solo con que fuera capaz… de sacarse ese trozo de cuerda de la boca no tendria que estar alli. Entonces desapareceria.
Oskar intento echar la cabeza hacia atras, dejar el beso. Pero Eli, que esperaba aquella reaccion, coloco una de sus manos alrededor de la cabeza del nino, apretando sus labios contra los de el, obligandole a permanecer en la memoria de Eli; continuo.
El trozo de cuerda se aprieta en su boca, se oye un sonido humedo cuando Oskar se tira un pedo de miedo. El hombre de la peluca arruga la nariz y lo prueba con la boca, maldiciendo. Sus ojos no cambian. Todavia la misma expresion que la de un nino a punto de abrir una caja que sabe que contiene un cachorro de perro.
Unos dedos frios agarran el pito de Oskar, tiran de el. Abre la boca para gritar: «?Nooo!», pero la cuerda le deja incapacitado para pronunciar la palabra y todo lo que sale es: «?Ohhh!».
El hombre que esta debajo de la mesa pregunta algo y el de la peluca asiente, sin apartar la mirada de Oskar. Luego el dolor. Una barra al rojo vivo introducida por la entrepierna sube por el estomago, el pecho ardiendo como un tubo de fuego que atraviesa todo su cuerpo y grita, grita mientras los ojos se le llenan de lagrimas y su cuerpo arde.
El corazon late contra la mesa como un puno contra una puerta y el aprieta los ojos con fuerza, muerde la cuerda mientras a lo lejos oye el discurrir del agua, el chapoteo, ve…
… a su madre de rodillas al lado del riachuelo aclarando la ropa. Mama. Mama. Ella pierde algo, una prenda, y Oskar se levanta, ha estado tumbado boca abajo y tiene el cuerpo ardiendo, se levanta y corre hacia el rio, hacia la prenda que desaparece rapidamente; se tira al agua para refrescar el cuerpo, para salvar la prenda y la coge. La camisa de su hermana. La levanta hacia la luz, hacia su madre cuya silueta se dibuja en la orilla y caen gotas de la prenda, brillan al sol, salpican en el riachuelo, en sus ojos y el deja de ver claro porque le cae agua en los ojos, en las mejillas y cuando…
… abre los ojos y ve borrosamente el pelo rubio, los ojos azules como lagunas lejanas en el bosque. Ve el cuenco que el hombre lleva en las manos, como se lleva el cuenco a la boca y como bebe. Como el hombre cierra los ojos, por fin cierra los ojos y bebe…
Mas tiempo… Tiempo interminable. Cerrado. El hombre muerde. Y bebe. Muerde. Y bebe.
Despues la estaca candente alcanza su cabeza y todo se vuelve de color rojo claro cuando el, de un tiron, echa la cabeza hacia atras y cae…
Eli cogio a Oskar cuando este cayo hacia atras. Lo sujeto en sus brazos. Oskar se agarro a lo que pudo, al cuerpo que tenia ante si, y lo abrazo con fuerza, mirando sin ver la habitacion a su alrededor.
Asi, tranquilo.
Despues de un rato empezo a aparecer el dibujo ante los ojos de Oskar. Un papel pintado. Beige con rosas blancas, casi invisibles. Lo reconocio. Era el papel pintado que habia en su cuarto de estar. Estaba en el cuarto de estar, en el piso de su madre y suyo.
El que estaba en sus brazos era… Eli.
Un chico. Mi amigo. Si.
Oskar se sentia mal, mareado. Se libero del abrazo y se sento en el sofa, miro a su alrededor para asegurarse de que habia vuelto, de que no estaba… alli. Trago, sintio que podia evocar cada detalle del sitio que acababa de visitar. Era como una memoria real. Algo que le habia pasado a el, recientemente. El hombre divertido, el cuenco, el dolor…
Eli estaba de rodillas en el suelo delante de el, con las manos apretadas contra la tripa.
– Perdon.
Como si…
– ?Que paso con mama?
Eli lo miro inseguro, pregunto:
– ?Te refieres a… mi mama?
– No… -Oskar se callo, vio ante si la imagen de mama a la orilla del riachuelo aclarando la ropa. Aunque no era su madre. No se parecia nada. Se froto los ojos, dijo:
– Si. Eso es. Tu mama.
– No se.
– No serian ellos los que…
– ?No se!
Eli apreto tanto los punos contra la tripa que los nudillos se le pusieron blancos y encogio los hombros. Luego se relajo, dijo con mas suavidad:
– No lo se. Perdoname. Perdon por esto… por todo. Queria que tu… no se. Perdoname. Ha sido una… tonteria.
Eli era el retrato de su madre. Mas delgado, con menos formas, mas joven, pero… un retrato. Dentro de veinte anos, Eli probablemente tuviera el mismo aspecto que la mujer del riachuelo.
Dando por descontado que no va a ser asi. Tendria exactamente el mismo aspecto que ahora.
Oskar suspiro agotado, se echo hacia atras en el sofa. Demasiado. Un ligero dolor de cabeza se abria paso sobre sus sienes, lo agarro, golpeo. Demasiado. Eli se levanto.
– Me voy a ir.
Oskar, apoyando la mano en la cabeza, asintio. No tenia fuerzas para protestar, ni para pensar lo que debia hacer. Eli se quito la bata y Oskar vislumbro una vez mas su entrepierna. Entonces vio que en la piel palida se dibujaba una tenue mancha de color rosa, una cicatriz.
?Como hace cuando… mea? El a lo mejor no…
No tuvo fuerzas para preguntar. Eli se puso en cuclillas junto a la bolsa