– ?Si?
– Le prometi que no iba a decirlo.
– Ahora no entiendo nada.
– Tommy. Le dije que no iba a decir… donde esta.
– Asi que no
– No.
– ?Donde esta entonces?
– Yo… yo se lo prometi.
Staffan dejo la guia sobre la mesa y se sento al lado de Yvonne en el sofa. Ella dio un sorbito de te, manteniendo la taza delante de la cara como para esconderse mientras Staffan la estaba aguardando. Cuando dejo la taza en el plato noto que las manos le temblaban. Staffan coloco su mano en las rodillas de ella.
– Yvonne. Tienes que comprender que…
– Se lo prometi.
– Yo solo quiero
– Tommy no anda metido en eso.
– ?Estas
Se hizo un silencio. Yvonne sabia que por cada segundo que pasara su «si» como respuesta a la pregunta de Staffan perdia valor. Tictac. Ya habia contestado «no», sin pronunciar la palabra. Tommy
Staffan se echo hacia atras en el sofa, sabia que habia ganado la batalla. Ya solo esperaba la rendicion.
Yvonne buscaba algo en la mesa con la mirada.
– ?Que buscas?
– Mi tabaco, ?lo has…?
– En la cocina. Yvonne…
– Si. Si. No puedes ir a buscarle
– No. Eso lo tienes que decidir tu. Si te parece…
– Manana por la manana, entonces. Antes de que se vaya a la escuela. Prometemelo. Que no vas a ir alli
– Lo prometo. Bueno. ?Y cual es ese sitio tan misterioso en el que se encuentra ahora?
Yvonne se lo conto.
Despues fue a la cocina y se fumo un cigarro, echando el humo a traves de la ventana entreabierta. Se fumo otro mas, menos preocupada de adonde iba a parar el humo. Cuando Staffan entro en la cocina, sacudio el humo con la mano intencionadamente y pregunto donde estaban las llaves del sotano, ella le dijo que lo habia olvidado, pero que probablemente lo recordaria manana por la manana.
Si, el era bueno.
Cuando Eli se hubo marchado, Oskar volvio a sentarse a la mesa de la cocina y estuvo mirando los articulos que tenia delante. El dolor de cabeza habia empezado a aflojar a medida que se concentraba en organizar sus impresiones.
Eli le habia explicado que el viejo estaba… contagiado. Mas que eso. El contagio era lo unico vivo dentro de el. El cerebro estaba muerto, y el contagio le dirigia hacia Eli.
Eli le habia dicho,
Y Oskar comprendio que el era el causante de la falta de energia de Eli. Toda la sangre que habia perdido en la entrada. Si el viejo encontraba a Eli, seria culpa de Oskar.
Oskar se levanto tan deprisa que la silla cayo hacia atras y golpeo contra el pavimento.
La bolsa con la ropa ensangrentada de Eli estaba todavia en el suelo delante del sofa, la camisa colgaba fuera. La empujo para dentro y el brazo se le puso como si hubiera apretado una esponja humeda cuando cerro la bolsa y… Se detuvo, se miro la mano con la que habia aplastado la camisa.
La herida que se habia hecho tenia una costra un poco abierta que mostraba lo que habia debajo.
Automaticamente se dirigio hacia la puerta con la bolsa en la mano, presto atencion por si se oia algo en el portal. Nada, y corrio escaleras arriba hasta el hueco por el que se tiraba la basura, abrio la portezuela. Introdujo la bolsa y la sostuvo en esa posicion, moviendola sobre la oscuridad del pozo.
Soplo una rafaga de aire frio a traves del agujero, enfriandole la mano que permanecia alli agarrada al nudo de plastico de la bolsa. El blanco de esta resaltaba contra el negro de las paredes algo rugosas del tunel. Si la soltara, la bolsa no caeria hacia arriba. Caeria hacia abajo. La fuerza de la gravedad tiraria de ella hacia abajo. Hacia el saco.
Dentro de unos dias llegaria el camion de la basura a buscar el saco. Venian por la manana temprano. La luz anaranjada, parpadeante, se reflejaria en el techo de Oskar a la misma hora en que el solia despertarse y se quedaria en la cama oyendo el estruendo, el aplastamiento succionador cuando la basura era triturada. Puede que se levantara y mirara a los hombres con monos que con movimientos expertos echaban los sacos, apretaban el boton. Las fauces del camion de la basura que se cerraban y los hombres que saltaban dentro y conducian el pequeno trayecto hasta el siguiente portal.
Y aquello le daba siempre una sensacion de… calor. De hallarse seguro en su habitacion. De que las cosas funcionaban. Y quiza tambien un sentimiento de anoranza. De aquellos hombres, del camion. De poder estar sentado dentro de esa cabina debilmente iluminada, arrancar…
Tenia la mano compulsivamente agarrada a la bolsa. Le dolia el brazo de tenerlo estirado tanto tiempo. La corriente le estaba empezando a enfriar el dorso de la mano. Solto.
El roce de la bolsa al chocar contra las paredes, medio segundo de silencio cuando caia libremente y luego un golpe sordo cuando aterrizo en el saco.
Se volvio a mirar la mano. La mano que ayuda. La mano…
Las rodillas se le querian doblar y tuvo que apoyarse en el borde del
