hueco de las basuras para no caer al suelo. Habia
Calor. Tenia mucho calor, como de fiebre. Le dolia todo el cuerpo y queria acostarse. Ya.
Obligo a las piernas a bajar las escaleras mientras con una mano
busco apoyo en el pasamanos. Consiguio entrar en el piso, en su habitacion, se echo en la cama y se quedo mirando fijamente el papel pintado. El bosque. Enseguida aparecio una de sus figuras, mirandole a los ojos. El diminuto troll. Paso el dedo sobre el mientras aparecia un pequeno pensamiento increiblemente tonto.
Y tenia una copia que no habia hecho. Africa. Deberia levantarse y sentarse delante del escritorio, encender la lampara y empezar a buscar en el atlas. Buscar palabras sin sentido y copiarlas en las lineas de puntos.
Eso era lo que deberia hacer. Acaricio lentamente el gorro del troll. Luego dio unos golpecitos.
E.L.I.
No hubo respuesta. Habra salido y
Se puso el edredon encima de la cabeza. Unos escalofrios le recorrieron el cuerpo. Intento imaginarselo. Como seria. Vivir para siempre. Temido, odiado. No. Eli no le odiaria. Si ellos… juntos…
Trato de figurarselo, fantaseo. Despues de un rato se abrio la puerta de la calle y su madre llego a casa.
Tommy miraba con los ojos vacios la imagen que tenia delante. La chica apretaba sus pechos con las manos de manera que parecian dos globos, poniendo morritos. Parecia absolutamente morboso. Habia pensado en hacerse una paja, pero le pasaba algo en el cerebro porque tuvo la impresion de que la tia parecia como un monstruo.
Sorprendentemente despacio cerro la revista, la guardo debajo del cojin del sofa. Permanecia atento a cada movimiento por pequeno que este fuera. Estaba totalmente amodorrado por el pegamento. Y era una suerte. El mundo no existia. Solo la habitacion en la que se encontraba, y fuera de ella… un desierto ondulado.
Intento pensar en Staffan. No podia. No conseguia imaginarselo. Solo veia a ese policia de carton que estaba arriba, en Correos. En tamano natural. Para disuadir a los ladrones.
Tommy se rio cuando al policia de papel le puso la cara de Staffan. Castigado. A vigilar Correos. Tambien ponia algo en ese muneco de carton, ?que era lo que ponia?
Tommy se reia. A carcajadas. Le daban sacudidas de la risa y le parecio que la bombilla pelada del techo se balanceaba hacia delante y hacia atras al compas de su risa. Se rio de ello.
Sonaron unos golpes en su cabeza. Alguien queria entrar en Correos.
Tommy se puso rigido. Intento pensar. Imposible. Solo una nube deshilachada en su cabeza. Luego se tranquilizo. Quiza fueran Robban o Lasse. O seria Staffan. Y estaba hecho de carton.
Tommy carraspeo, dijo con la voz pastosa:
– ?Quien es?
– Yo.
Reconocio la voz, pero no podia identificarla. Staffan no, en cualquier caso. No el papa de carton.
– ?Y quien eres?
– ?Puedes abrirme?
– El correo ha cerrado por hoy. Vuelve dentro de cinco anos.
– Tengo dinero.
– ?Dinero de papel?
– Si.
– Entonces esta bien.
Se levanto del sofa. Despacio, despacio. Los contornos de las cosas no querian quedarse quietos. La cabeza llena de plomo.
Permanecio quieto unos segundos, se tambaleo. El suelo de cemento se inclinaba como en suenos hacia la derecha, hacia la izquierda, como en la Casa Encantada. Fue hacia delante, paso a paso, levanto el pasador, empujo la puerta. Fuera estaba esa chica. La amiga de Oskar. Tommy se quedo mirandola fijamente sin comprender lo que veia.
La chica solo llevaba encima un vestido ligero. Amarillo, con lunares blancos que absorbian la mirada de Tommy y el intentaba fijar la vista en los lunares, pero estos empezaron a danzar, a moverse de tal manera que hacian que se mareara. Era unos veinte centimetros mas baja que el.
– ?Ha llegado el verano de repente? -pregunto.
La chica ladeo la cabeza.
– ?Que?
– No, como llevas puesto un… como se llama…
– Si.
Tommy asintio, satisfecho de haber encontrado la palabra. ?Que habia dicho ella? ?Dinero? Ah, si. Oskar le habria contado…
– ?Es que quieres… comprar algo?
– Si.
– ?El que?
– ?Puedo entrar?
– Si, si.
