– Pues claro. Basta con prendernos fuego nosotros mismos. O dejar que la gente lo haga; lo hacen encantados, siempre lo han hecho. O… -la mujer alargo su dedo indice, lo presiono con fuerza en el pecho de Eli, por encima del corazon-: Ahi. Es ahi donde esta, ?no es cierto? Pero ahora, querido, se me ha ocurrido una buena idea…

Y Eli habia podido huir de aquella buena idea. Como antes. Como despues.

Se puso la mano sobre el corazon, sintio sus lentos latidos. Quiza fuera porque era un nino. Quiza por eso no habia acabado con todo. Los remordimientos de conciencia, menores que las ganas de vivir.

Eli se levanto del sofa. Hakan no vendria aquella noche. Pero antes de acostarse tenia que ir a ver a Tommy. Ver que se habia recuperado. Que no se habia contagiado. Por Oskar, queria ir a comprobar si Tommy se encontraba bien.

Apago todas las luces y salio de casa.

Abajo, en el portal de Tommy, no tuvo mas que empujar la puerta del sotano; hacia tiempo, cuando estuvo alli abajo con Oskar, habia metido una pelotilla de papel en la cerradura para que el pestillo no se bloqueara al cerrar la puerta. Entro en el pasillo del sotano y la puerta se abatio tras el con un golpe sordo.

Se paro, escucho. Nada.

No se oia la respiracion de alguien dormido; solo ese persistente olor a disolvente, pegamento. Recorrio el pasillo con paso rapido hasta llegar al trastero, abrio la puerta.

Vacio.

Veinte minutos hasta el amanecer.

Tommy habia pasado la noche en una modorra de suenos, despertares, pesadillas. No sabia cuanto tiempo habia transcurrido cuando empezo a despertarse de verdad. La luz de la bombilla pelada del sotano era siempre la misma. Podia ser el amanecer, por la manana temprano, de dia. A lo mejor habia empezado ya la escuela. Le daba igual.

La boca le sabia a pegamento. Recien despertado miro a su alrededor. Encima de su pecho habia dos billetes. De mil. Doblo el brazo para cogerlos, sintio que le tiraba. Tenia una tirita grande pegada en el pliegue del codo, en el centro de la tirita habia una mancha pequena de sangre que la habia traspasado.

Era… algo mas…

Se dio la vuelta en el sofa, busco a lo largo debajo de los cojines y encontro el rollo que habia perdido durante la noche. Otras tres mil. Extendio los billetes, los junto con los del pecho, sopeso cuanto era, los froto. Cinco mil. Todo lo que podia desear

Se miro la tirita, se rio. Joder que bien pagado, solo por tumbarse y cerrar los ojos.

Joder que bien pagado, solo por tumbarse y cerrar los ojos. ?Como era eso? Lo habia dicho alguien, alguien…

Si, eso era. La hermana de Tobbe, ?como se llamaba…?, ?Ingela? Iba de puta, le habia dicho Tobbe. Que le pagaban quinientas coronas por eso, y el comentario de Tobbe fue:

– Joder que bien pagado, solo por…

Solo por tumbarse y cerrar los ojos.

Tommy apreto los billetes que tenia en la mano, los aplasto hasta hacer con ellos una bola. Ella habia pagado por, y habia bebido de, su sangre. Una enfermedad, habia dicho. ?Pero que puta enfermedad era esa? Nunca habia oido hablar de algo semejante. Y si uno tenia una cosa asi, entonces uno se iba al hospital, alli le darian… Pero, joder, no se bajaba uno al sotano con cinco mil y…

Schvittt.

?No?

Tommy se sento en el sofa, se desprendio del edredon.

Eso no existe. No, no. Vampiros. La chica, la del vestido amarillo tiene de alguna manera que creer que ella es… pero espera, espera. Estaba lo de ese asesino ritual que… ese al que andan buscando…

Tommy apoyo la cabeza en las manos; los billetes crujieron contra su oreja. No acababa de entenderlo. Pero de todos modos le dio un miedo terrible aquella chica.

Justo cuando habia empezado a sopesar la idea de subir al piso a pesar de todo, aunque fuera todavia de noche, de soportar lo que se le iba a venir encima, oyo como se abria la puerta arriba, en su portal. El corazon le latia como el de un pajaro asustado y lanzo una mirada a su alrededor.

Un arma.

Lo unico que habia era el cepillo de barrer. La boca de Tommy dibujo una mueca que duro un segundo.

El cepillo de barrer, una buena arma contra los vampiros.

Luego se acordo, se levanto y salio del trastero mientras se guardaba el dinero en el bolsillo del pantalon. Cruzo el pasillo de una zancada y se deslizo dentro del refugio al mismo tiempo que se abria la puerta del sotano. No se atrevio a cerrar por miedo a que ella lo oyera.

Se acurruco en la oscuridad, intentando hacer el menor ruido posible al respirar.

La cuchilla relucia en el suelo. En una de las esquinas tenia una mancha de color marron, como de oxido. Eli corto un trozo de la portada de un periodico, envolvio la cuchilla en el papel y se la guardo en el bolsillo.

Tommy habia desaparecido, lo cual significaba que estaba vivo. Habia salido de alli por su propio pie, se habria ido a casa a dormir y, aunque pudiera relacionar los hechos, no sabia donde vivia Eli, asi que…

Todo esta como debe estar. Todo esta… estupendamente. El cepillo de madera estaba apoyado contra la pared, con su palo largo.

Eli lo cogio, partio el palo contra la rodilla, por abajo, casi a la altura del cepillo. Quedo una superficie irregular, en punta. Una estaca delgada del largo de un brazo. Se puso la punta contra el pecho, entre dos costillas. Exactamente en el punto donde la mujer habia clavado su dedo indice.

Respiro profundamente, agarro el palo y trato de pensar.

?Dentro! ?Dentro!

Expulso el aire, aflojo la presion. Lo volvio a apretar. Con fuerza.

Llevaba dos minutos con la punta a un centimetro del corazon, apretando fuertemente el palo con la mano, cuando se oyo el cerrojo de la puerta del sotano y esta deslizandose.

Eli se quito la estaca de madera del pecho, escucho. Pasos lentos, inseguros, en el pasillo, como de un nino que acabara de aprender a andar. De un nino grande que acabara de aprender a andar.

Tommy oyo los pasos y penso: ?Quien?

Ni Staffan, ni Lasse, ni Robban. Alguien que parecia enfermo, alguien que arrastraba algo muy pesado… ?Papa Noel! Se llevo la mano a la boca para ahogar una risita cuando se imagino a Papa Noel, en la version de Disney…

?Hohoho! Say «mama»!

… llegar dando tumbos por el pasillo del sotano con su enorme saco a la espalda.

Sus labios temblaron bajo la palma de la mano y apreto los dientes

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату