barbilla, el cuello, sacudiendole la incipiente nuez. Dio la vuelta a la esquina y miro dentro del cuarto de bano.

Ese no es policia.

Un hombre con la ropa desgastada estaba de rodillas al lado de la banera, con la parte superior del cuerpo inclinado sobre esta, que quedaba fuera de la vista de Oskar. Solo veia un par de pantalones grises sucios, un par de zapatos rotos con las puntas dobladas contra las baldosas. El bajo de un abrigo.

?El viejo! Pero… si respira.

Si. Inspiraciones y expiraciones silbantes sonaban casi como suspiros dentro del cuarto de bano y Oskar, sin darse cuenta, se acerco mas. Palmo a palmo fue viendo mas del cuarto del bano y, cuando estaba casi delante, vio lo que estaba a punto de ocurrir.

Lacke no era capaz.

El cuerpo que yacia en el suelo de la banera parecia totalmente fragil. No respiraba. Le habia puesto la mano en el pecho y constato que el corazon latia, pero solo algunas pulsaciones por minuto.

Se habia imaginado algo… terrorifico. Algo que estuviera en proporcion con el terror que habia experimentado en el hospital. Pero esa pequena piltrafa sanguinolenta no parecia que pudiera volver a levantarse y menos aun hacerle dano a nadie. No era mas que un nino. Un nino que se encontraba mal.

Era como haber visto a alguien querido sufrir consumido por un cancer, y luego ver una celula cancerigena en el microscopio. Nada. ?Eso? ?Eso fue la causa? Tan pequena.

Destrozame el corazon.

Se volvio a poner en cuclillas, dejo caer la cabeza tanto que se dio con el borde de la banera: un golpe sordo que retumbo. No podia. No. Matar a un nino. Un nino dormido. Era incapaz, solo eso. Con independencia de…

Es asi como ha sobrevivido.

Eso. Eso. No el nino. Eso.

Eso era lo que se habia lanzado sobre Virginia y… eso habia matado a Jocke. Eso. Ese ser que yacia ahora ante el. Ese ser que volveria a hacerlo, contra otras personas. Y ese ser no era una persona. Ni siquiera respiraba y, sin embargo, el corazon latia como… el de un animal en hibernacion.

Piensa en los otros.

Una serpiente venenosa donde viven las personas. ?No la voy a matar solo porque en este momento parece indefensa?

Y, sin embargo, no fue eso lo que finalmente le hizo decidirse. Fue cuando le miro de nuevo a la cara, cubierta por una fina pelicula de sangre, y le parecio que… sonreia.

Se reia de todo el dano que hacia.

Basta.

Levanto el cuchillo de cocina sobre el pecho de aquel ser, movio las piernas un poco hacia atras para poder descargar todo su peso en el golpe y

?AAAAHHHH!

Oskar lanzo un grito.

El viejo no se movio; solo se quedo paralizado, volvio la cabeza hacia Oskar y dijo lentamente:

– Tengo que hacerlo. ?Me entiendes?

Oskar le conocia. Uno de los borrachos que vivia en ese patio, solia saludarle a veces. ?Por que hace esto?

No importaba. Lo principal era que el viejo tenia un cuchillo en las manos, un cuchillo dirigido contra el pecho de Eli que yacia alli desnudo y descubierto en la banera.

– No lo hagas.

El viejo movio la cabeza hacia la derecha, hacia la izquierda, mas como si buscara algo en el suelo que como si estuviera negando.

– No…

Se volvio de nuevo hacia la banera, hacia el cuchillo. A Oskar le habria gustado explicarselo. Que el de la banera era su amigo, que era su… que tenia un regalo para el, que… que era Eli.

– Espera.

La punta del cuchillo apuntaba de nuevo al pecho de Eli, presionando con tanta fuerza que casi pinchaba la piel. Oskar no sabia en realidad lo que hacia cuando se metio la mano en el bolsillo de la cazadora y saco el cubo; se lo enseno al viejo:

– Mira.

Lacke solo lo vio por el rabillo del ojo como una subita aparicion de colores en medio de toda la negrura que lo envolvia. Pese a la burbuja de determinacion en la que se hallaba encerrado no pudo dejar de volver la cabeza hacia alli, mirar a ver que era.

Un cubo de esos en las manos del chaval. Colores alegres.

Parecia totalmente insano en aquel ambiente. Un papagayo entre los grajos. Por un momento se quedo hipnotizado por el colorido del juguete, luego volvio de nuevo la mirada hacia la banera, hacia el cuchillo que estaba a punto de ser clavado entre las costillas.

Solo tengo que apretar.

Un destello.

Los ojos de ese ser se abrieron.

Se puso en tension para apretar el cuchillo a fondo, y sus sienes explotaron.

El cubo crujio cuando una de sus esquinas golpeo la cabeza del viejo y se torcio en la mano de Oskar. El hombre cayo de lado sobre uno de los bidones de plastico, que resbalo y fue a parar contra el borde de la banera con el sonido de un bombo.

Eli se sento.

Desde la puerta del cuarto de bano Oskar solo podia verle la espalda. El pelo le caia pegajoso y aplanado sobre la parte posterior de la cabeza y la espalda era toda una herida.

El viejo trato de levantarse, pero Eli, mas que saltar, cayo de la banera aterrizando en las rodillas del hombre como un nino que se hubiera abalanzado sobre su padre para que lo consolara. Eli puso sus brazos alrededor del cuello del viejo y acerco su cara a la de el como si quisiera susurrarle algo con ternura.

Oskar salio del cuarto de bano reculando cuando Eli mordio al viejo en el cuello. Eli no le habia visto, pero el viejo si. Su mirada se quedo fija en Oskar y no la aparto mientras este caminaba de espaldas, hacia la entrada.

– Perdon.

Oskar no consiguio que la palabra se oyera, pero sus labios la formaron antes de doblar la esquina y de que se interrumpiera el contacto con los ojos.

Estaba con la mano apoyada en el picaporte cuando el viejo grito. Despues el sonido desaparecio de golpe, como si le hubieran puesto una mano sobre la boca.

Oskar vacilo. Despues cerro la puerta. Echo el seguro.

Sin mirar hacia la derecha cruzo el pasillo, entro en el cuarto de estar.

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату