Cuando Oskar venia aqui en verano solia pescar arenques en el muelle. Anzuelos sueltos en el hilo de la cana de pescar, un anzuelo de espejuelo en el extremo. Si encontraba un buen banco y tenia paciencia podia sacar un par de kilos, pero lo normal eran solo diez, quince arenques. Suficientes para comer el y su padre; los que eran demasiado pequenos para freirlos se los echaban al gato.

Su padre se acerco y se puso a su lado.

– Esto ha ido bien.

– Mmm. Aunque a veces se abria.

– Si, la nieve esta algo suelta. Habria que apelmazarla un poco, de alguna forma. Claro, se podria… si uno cogiera una placa de masonita y la pusiera detras y colocara un peso encima. Si, si tu te sentaras encima con tu peso, pues…

– ?Lo hacemos?

– No, tendra que ser manana, en todo caso. Ya esta oscureciendo. Deberiamos volver a casa e ir preparando el ave si es que queremos comer.

– Vale.

Su padre se quedo mirando al agua, permanecio callado un momento.

– Oye, estaba pensando una cosa.

– ?Si?

Ahi estaba. Su madre le habia dicho que le habia pedido a su padre muy en serio que hablara con el sobre lo de Jonny. La verdad es que

Oskar si que queria hablar de ello. Su padre estaba a una distancia segura de todo aquello, no intervendria de ninguna manera. Su padre tosio, tomo impulso. Expulso el aire. Miraba al agua. Entonces dijo:

– Si, he estado pensando… ?Tienes patines?

– No. Ningunos que me queden bien.

– Asi que no. No, porque si se forma hielo este invierno, y parece que va… pues podia ser divertido tenerlos. Yo los tengo.

– Seguro que no me valen.

Su padre sonrio, con una especie de carcajada.

– No, pero… el hijo de Osten por lo visto tenia unos que se le han quedado pequenos. Un treinta y nueve. ?Que numero calzas?

– El treinta y ocho.

– Bueno, pero con unos calcetines gordos, pues… entonces tengo que pedirselos.

– Que bien.

– Si. Bueno. ?Nos vamos a casa?

Oskar asintio. A lo mejor mas tarde. Y lo de los patines estaba bien. Si pudieran arreglarlo, manana se los podria llevar a casa.

Fue con los miniesquis hasta el palo de enebro, retrocedio hasta que la cuerda se tenso, le hizo a su padre la senal de que estaba listo y este arranco la moto con el pie. Tuvieron que subir la cuesta en primera. La moto hacia tanto ruido que las cornejas, asustadas, abandonaban las copas de los pinos batiendo las alas.

Oskar se deslizo lentamente hacia arriba; como en un remonte, iba derecho con las piernas juntas. No iba pensando en nada, solo en intentar mantener los esquis en las viejas roderas para evitar cortar la nieve. Fueron hacia casa mientras se hacia de noche.

Lacke bajo las escaleras de la plaza con una caja de bombones Aladdin metida en la cinturilla del pantalon. No le gustaba mangar cosas, pero no tenia dinero y queria regalarle algo a Virginia. Le habria gustado llevar tambien unas rosas, pero ?anda!, intenta mangar en una floristeria.

Ya habia oscurecido, y al bajar la cuesta que iba hasta la escuela, vacilo. Miro a su alrededor, rebusco con el pie en la nieve y encontro una piedra del tamano de un puno, la saco con el pie y se la guardo en el bolsillo, apretandola con la mano. No es que creyera que le iba a servir de algo contra lo que habia visto, pero el peso y el frio de la piedra le hacian sentirse mas seguro.

Sus preguntas por los patios no habian dado mas resultado que unas cuantas miradas vigilantes y recelosas de padres que se encontraban haciendo munecos de nieve con sus pequenos. Viejo verde.

Si; no se dio cuenta, hasta que abrio la boca para hablar con una mujer que estaba sacudiendo las alfombras, de lo extrano que debia de resultar su comportamiento. La mujer habia dejado de dar golpes, volviendose hacia el con la pala de sacudir en la mano como si fuera un arma.

– Perdon -dijo Lacke-… si, me pregunto… estoy buscando a un nino.

– ?Ah, si?

Bueno. El mismo habia oido como sonaba, y eso le habia puesto mas nervioso.

– Si, ella ha… desaparecido. Me pregunto si alguien, a lo mejor, la ha visto por aqui.

– ?Es tu hija?

– No, pero…

Aparte de con algunos adolescentes, desecho la idea de hablar con personas a las que no conociera, o que solo hubiera visto una vez. Se encontro con un par de conocidos, pero no sabian nada. Busca y hallaras, si, claro. Pero uno tiene que saber con exactitud que es lo que esta buscando.

Cuando caminaba por el parque hacia la escuela, echo una mirada hacia el puente de Jocke.

La informacion en los periodicos del dia anterior fue bastante amplia, sobre todo en lo que concernia a la forma macabra en que habia sido encontrado el cadaver. Un alcoholico asesinado era en si una gran noticia, pero ademas se habian regodeado con los ninos que lo vieron, los bomberos que tuvieron que serrar el hielo, etcetera. Al lado del texto aparecia la foto del pasaporte de Jocke en la que tenia, como minimo, el aspecto de un asesino en serie.

Lacke continuo caminando al lado de la tetrica fachada de ladrillo de la escuela de Blackeberg, por las escaleras anchas y empinadas como si fueran la entrada del palacio de justicia o del infierno. En la pared, al lado de los escalones mas bajos, alguien habia pintado con un spray «IronMaiden», quien sabe que significaba aquello. Quiza algun grupo.

Continuo a traves del aparcamiento, hacia la calle Bjornsonsgatan. Normalmente habria atajado cruzando por detras de la escuela, pero alli estaba… tan oscuro. Podia imaginarse facilmente a aquel ser acurrucado entre las sombras. Miraba hacia las copas de los altos pinos que bordeaban el camino. Unos bultos oscuros dentro del ramaje. Probablemente nidos de urracas.

No era solo el aspecto de aquel ser, era tambien la forma de atacar. El quiza, quiza hubiera podido aceptar que lo de los dientes y las garras tuviera alguna explicacion logica si no hubiera sido por el salto que dio desde el arbol. Antes de que llevaran a Virginia a casa, habia estado mirando el arbol. La rama desde la que ese ser debia haber saltado estaba posiblemente a cinco metros del suelo.

Caer cinco metros justo en la espalda de alguien; si se anadia «artista de circo» a todas las demas cosas para tener una explicacion «logica», entonces, tal vez. Pero todo junto resultaba exactamente igual de absurdo que lo que le habia dicho a Virginia, de lo que se arrepentia ahora.

Mierda…

Se saco la caja de bombones de los pantalones. El calor de su cuerpo tal vez ya habia estropeado, derretido el chocolate. Movio la caja para comprobarlo. No. Sonaba bien dentro. Los

Вы читаете Dejame entrar
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату