Pero no. Esta era una de esas veces en las que tenia que desistir. Era un nino. Una nina pequena y delgada de unos… diez, doce anos.
Maud empezo a imaginarse una serie de acontecimientos que condujeran a que la nina se
La pequena se acerco al enorme plano del hospital en el que lineas de distintos colores senalaban el camino que se debia seguir para llegar a tal o cual sitio. Pocos adultos se orientaban, asi que ?como iba a poder hacerlo un nino?
Maud se inclino hacia delante y la llamo en voz baja:
– ?Puedo ayudarte en algo?
La chica se volvio hacia ella sonriendo timidamente y se acerco hasta la recepcion. Su pelo estaba mojado, algunos copos de nieve que aun no se habian deshecho brillaban blancos en contraste con el cabello negro. No tenia la vista fija en el suelo como suelen hacer los ninos en un ambiente extrano para ellos, no, sus ojos oscuros y tristes miraban fijamente a Maud mientras avanzaba hacia el mostrador. Un pensamiento, claro como una impresion sonora, relampagueo en la cabeza de Maud.
Tontamente empezo a pensar con rapidez en lo que habia en los cajones de su escritorio. ?Un lapiz? ?Un globo?
La nina se coloco delante del mostrador. Solo el cuello y la cabeza sobresalian por encima del borde.
– Perdon…, estoy buscando a mi papa.
– ?Ah, si? ?Esta aqui ingresado?
– Si, no se muy bien…
Maud miro hacia las puertas, recorrio el vestibulo con la mirada y se detuvo en la nina que no llevaba ni siquiera una cazadora. Solo un jersey negro de cuello alto en el que relucian las gotas de agua y los copos de nieve bajo los focos de la recepcion.
– ?Has llegado aqui totalmente sola, pequena? ?Tan tarde?
– Si, yo… solo queria saber si esta aqui.
– Entonces, vamos a ver. ?Como se llama?
– No lo se.
– ?No lo
La nina agacho la cabeza, como si estuviera buscando algo en el suelo. Cuando la alzo de nuevo le brillaban los grandes ojos negros y le temblaba el labio inferior.
– No, es que el… Pero
– Pero, pequena…
Maud sintio como se le desgarraba el pecho y trato de ganar tiempo; se agacho y saco un rollo de papel de cocina del cajon de debajo del escritorio, arranco un trozo y se lo tendio a la chica. Por fin podia darle algo, aunque no fuera mas que un trozo de papel.
La chica se sono, y se seco los ojos como si fuera una persona mayor.
– Gracias.
– Pues, es que entonces no se… ?que es lo que le pasa?
– Es… lo ha cogido la policia.
– Pues entonces sera mejor que vayas a preguntarles a ellos.
– Si, pero es que lo tienen aqui. Porque esta enfermo.
– ?Que enfermedad tiene?
– El… yo solo se que la policia lo tiene aqui. ?Donde esta?
– Probablemente en el ultimo piso, pero alli no se puede entrar sin haberlo… acordado antes con ellos.
– Solo queria saber adonde dan sus ventanas, asi podria… no se.
La nina empezo a llorar de nuevo. A Maud se le hizo un nudo en la garganta tan grande que le dolia. Asi que queria saberlo para poder estar fuera del hospital… en la nieve, mirando hacia la ventana de su padre. Maud se trago las lagrimas.
– Pero si quieres puedo llamar. Estoy segura de que podras…
– No. Esta bien. Ahora ya se. Ahora ya puedo… Gracias. Gracias.
La pequena se alejo de la recepcion, fue hacia las puertas giratorias.
Despues se esfumo tras las puertas y Maud se quedo alli mirando hacia el sitio por el que habia desaparecido. Algo no encajaba.
Maud hizo un repaso mental del aspecto de la nina, de como se movia. Habia algo que no encajaba, algo que… le llevo medio minuto descubrir que era: no llevaba zapatos.
Maud se levanto deprisa de la recepcion y corrio hasta las puertas. Solo podia abandonar su puesto en circunstancias muy especiales. Decidio que esta era una de ellas. Irritada, avanzo dando pasitos en la puerta giratoria
Maud dio una vuelta por el aparcamiento sin poder encontrarla. Corrio un poco a lo largo del hospital, en direccion al metro. Ni rastro. De vuelta a la recepcion trato de decidir a quien tenia que llamar, que debia hacer.
Oskar estaba echado en su cama esperando al hombre lobo. Le bullia el pecho; de rabia, de desesperacion. Desde el cuarto de estar le llegaban las voces cada vez mas altas de Janne y de su padre, mezcladas con la musica del radiocasete. Los Hermanos Djup. Oskar no podia distinguir las palabras, pero se sabia la cancion de memoria:
Despues de lo cual todo el grupo empezaba a imitar los distintos sonidos de los animales de la granja. Normalmente, los Hermanos Djup le parecian divertidos. Ahora los odiaba. Porque colaboraban. Cantando su estupida cancion para Janne y para su padre mientras ellos se emborrachaban.
El ya sabia lo que iba a pasar.
Dentro de una hora mas o menos la botella estaria vacia y Janne se iria a casa. Entonces su padre empezaria a dar vueltas en la cocina, recorriendola de un extremo a otro durante un rato, y al final se acordaria de que tenia que hablar con Oskar.
Entraria en la habitacion del muchacho, pero ya no seria su padre. Solo una torpe masa apestando a alcohol que necesitaba ternura y compasion. Querria que Oskar se levantara de la cama para poder hablar un poco. De lo mucho que todavia queria a la madre de Oskar, de cuanto queria a Oskar, pero ?le queria Oskar a el? Farfullaria todas las injusticias que se habian cometido contra su persona y en el peor de los casos se calentaria y perderia los estribos.
No pegaba nunca, no, eso no. Pero el cambio que se producia en los ojos de su padre en aquellos momentos era lo mas terrible que Oskar habia visto. Entonces no quedaba ni rastro de lo que realmente era, solo un monstruo que se hubiera metido dentro de su cuerpo tomando el mando sobre el.
