cancion. Unos asientos mas alla iba un hombre leyendo un libro. Oskar agacho la cabeza para poder leer el titulo pero no vio mas que el nombre del autor: Goran Tunstrom. No le sonaba conocido.
En el grupo de cuatro asientos al lado de Oskar iba una senora mayor con el bolso sobre las rodillas. Iba hablando sola en voz baja, gesticulando hacia un interlocutor invisible.
El no habia ido nunca en metro despues de las diez de la noche. ?Serian aquellas personas las mismas que durante el dia iban calladas y mirando fijamente hacia delante, leyendo el periodico? ?O seria un grupo especial que solo salia por las noches?
El hombre del libro paso la pagina. Oskar, por extrano que parezca, no llevaba encima ningun libro. Lastima. Le habria gustado hacer como aquel hombre: estar sentado leyendo, olvidandose de todo lo que le rodeaba. Pero solo llevaba el walkman y el cubo. Habia pensado escuchar la cinta de Kiss que le habia dado Tommy, lo habia intentado en el autobus de vuelta, pero se habia cansado despues de un par de canciones.
Saco el cubo del bolso. Tres caras estaban ya listas. Solo faltaba una esquina de nada en la cuarta. Eli y el habian pasado una tarde entretenidos con el cubo, hablando de como se podia hacer, y despues de aquello Oskar habia mejorado mucho. Miro todas las caras intentando dar con alguna estrategia, pero no vio mas que los ojos de Eli delante de el.
No tenia miedo. Tenia la sensacion de que… bueno… no podia estar alli a esas horas, no podia hacer lo que estaba haciendo. No existia. No era el.
Habia llamado a su padre desde Norrtalje y este se habia puesto a llorar al telefono diciendole que iba a llamar a alguien que pudiera ir a buscarle. Era la segunda vez en su vida que Oskar oia llorar a su padre. Por un momento estuvo a punto de ablandarse, pero cuando su padre empezo a atropellarse y a gritar que el tenia que poder dirigir su vida y hacer lo que quisiera en su casa, Oskar le colgo el telefono.
En realidad fue entonces cuando aparecio, aquella sensacion de que no existia.
El grupo de chicos y chicas se bajo en la estacion de Angbyplan. Uno de los chavales se volvio y grito dentro del vagon:
– Que durmais bien, queridos… queridos…
No le salia la palabra y una de las chicas se lo llevo consigo. Justo antes de que el tren se pusiera en marcha se solto de ella, corrio hacia las puertas y, sujetando una de ellas, grito:
– … companeros de viaje. ?Companeros de viaje, que durmais bien!
Solto la puerta y el metro echo a andar de nuevo. El hombre que iba leyendo bajo el libro, miro a los jovenes en el anden. Luego se volvio hacia Oskar, le miro a los ojos y sonrio. Oskar respondio con una sonrisa fugaz, despues hizo como que dirigia su atencion al cubo.
Tuvo la sensacion de que… habia sido aprobado. Aquel hombre se habia fijado en el y le habia transmitido la idea de que
Sin embargo no se atrevia a volver a mirarle. Parecia como si aquel hombre
Otras dos personas, ademas de el, se bajaron del metro en Blackeberg, de otros vagones. Un chico mas mayor al que no conocia de nada y un adulto con pinta de ligon que parecia bastante borracho. El ligon se acerco tambaleandose al chico mayor y le grito:
– Oye, tu, ?tienes un cigarrillo?
Pero el ligon parece que no entendio mas que la negativa, porque saco un billete de diez coronas del bolsillo y agitandolo en la mano continuo:
– ?Diez coronas! Solo por
El chico nego con la cabeza y siguio andando. El ligon se quedo alli tambaleandose, y cuando Oskar paso a su lado levanto la cabeza y le dijo:
– ?Tu! -pero entonces se le achinaron los ojos, fijo la mirada en Oskar y meneo la cabeza-. No, no era nada. Vete en paz, hermano.
Oskar continuo subiendo las escaleras de la estacion. Preguntandose si el ligon estaria pensando en ponerse a mear en el rail electrico. El chico mayor desaparecio por las puertas de salida. Sin contar al vigilante de los torniquetes, Oskar era la unica persona que habia en el vestibulo.
Todo parecia tan distinto por la noche. La tienda de fotos, la floristeria y la tienda de ropas que habia dentro de la estacion permanecian apagadas. El vigilante estaba en su garita con los pies sobre el mostrador, leyendo algo. Que silencio. El reloj de la pared senalaba las dos pasadas. Deberia estar en su cama a esas horas. Durmiendo. Al menos deberia de tener sueno. Pero no. Estaba tan cansado que sentia el cuerpo como vacio, pero un vacio cargado de electricidad. No somnoliento.
Se abrio una puerta abajo, donde los andenes, y oyo la voz del ligon:
– «Y hagan la reverencia, ustedes los agentes con cascos y porras…».
La misma cancion que el habia cantado. Se echo a reir y empezo a correr. Salio corriendo por las puertas, cuesta abajo hacia la escuela, paso la escuela y el aparcamiento. Habia empezado a nevar otra vez y aquellos grandes copos le pinchaban como alfileres en la cara ardiente. Miraba hacia arriba mientras corria. La luna estaba aun con el, jugando al escondite entre los edificios altos.
Ya dentro del patio se detuvo, tomo aliento. Casi todas las ventanas estaban oscuras, pero ?no se veia un poco de luz detras de las persianas del piso de Eli?
Subio la cuesta, echo una ojeada a su propia ventana a oscuras. Alli dentro estaba el Oskar normal durmiendo. El Oskar… anterior a Eli. Con la bola del pis en los calzoncillos. Ya no se la ponia, no la necesitaba.
Abrio la puerta del sotano de su portal y por el pasillo llego ante el portal de Eli, no se paro a mirar si quedaba alguna mancha en el suelo. Solamente paso. Ya no existia. No tenia una madre, ni un padre, ni una vida anterior, el solo estaba… alli. Abrio la puerta y subio las escaleras.
De pie en el descansillo se quedo mirando la deteriorada puerta de madera, la placa del nombre sin nombre.
Se habia imaginado que iba a subir corriendo las escaleras e iba a llamar, sin mas. Pero en vez de eso se sento en los ultimos escalones, al lado de la puerta.
?Y si no queria que el viniera?
Despues de todo era ella la que se habia alejado. A lo mejor le decia que se marchara, que queria estar tranquila, que…
Podia dormir alli, en el sofa, porque no estarian alli por la noche. De esa manera podria ver a Eli al dia siguiente por la tarde, como de costumbre.
Se quedo mirando fijamente al timbre. Nada iba a ser como antes. Habia que hacer algo grande. Como escaparse, hacer dedo, volver a casa a media noche para demostrar que se es… importante. Lo que mas miedo le daba
Toco el timbre de la puerta.
Se oyo un zumbido dentro del piso que ceso cuando solto el timbre.
