Saco la llave del coche y se la guardo cabreado en el bolsillo mientras se dirigia de vuelta al hospital.
El cuarto de estar no estaba tan vacio como la entrada y la cocina. Aqui habia un sofa, una butaca y una mesa grande con un monton de cosas pequenas encima. Habia tres cajas de carton apiladas una encima de otra al lado del sofa. Una lampara de pie solitaria esparcia una luz debil y amarillenta sobre la mesa. Y eso era todo. Nada de alfombras, ni cuadros, ni tele. Delante de las ventanas colgaban unas mantas gruesas.
Oskar silbo, para probar. Pues si. Habia eco, pero no tanto. Probablemente por las mantas. Dejo su bolsa al lado de la butaca. El chasquido, cuando el herraje metalico de la parte inferior choco contra el duro suelo de linoleo, resono desolado.
Habia empezado a mirar los objetos dispuestos sobre la mesa cuando Eli salio de la habitacion de al lado, ahora vestida con una camisa de cuadros que le estaba demasiado grande. Oskar, abarcando con la mano el cuarto de estar, le pregunto:
– ?Os vais a mudar?
– No. ?Por que?
– No, lo suponia.
Como no lo habia pensado antes. Oskar recorrio con la mirada las cosas que habia encima de la mesa. Parecian juguetes, todos. Juguetes viejos.
– Ese viejo que vivia antes aqui, no
– No.
– ?El era tambien…?
– No.
Oskar asintio, volvio a recorrer el cuarto con la mirada. Era dificil imaginarse que alguien pudiera
– ?Eres… pobre?
Eli se acerco a la mesa, cogio una cosa que parecia un huevo negro y se lo dio a Oskar. El se inclino hacia delante, lo puso bajo la lampara para poder verlo mejor.
La superficie era rugosa, y cuando Oskar lo observo mas de cerca vio que la recorrian cientos de complicadas guirnaldas de hilos de oro. El huevo era pesado, como si todo el estuviera hecho de algun metal. Oskar le dio vueltas y vio que los hilos de oro estaban incrustados en hendiduras poco profundas de la superficie. Eli se coloco a su lado y el volvio a sentir aquel olor… el olor a oxido.
– ?Cuanto crees que vale?
– No se. ?Mucho?
– Solo hay dos. Si alguien tuviera los dos podria venderlos y comprar… una central nuclear, tal vez.
– ?Noo…?
– Si, no se. ?Cuanto cuesta una central nuclear? ?Cincuenta millones?
– Creo que cuestan… miles de millones.
– Bueno, no, entonces no se podria comprar eso.
– ?Y tu para que quieres una central nuclear? Eli se echo a reir.
– Cogelo entre las manos. Asi. Cerradas. Y dale vueltas.
Oskar hizo como Eli le habia dicho. Dio vueltas con cuidado al huevo entre las dos manos y noto como este… explotaba y se desperdigaba en la palma de su mano. Resoplo y aparto la mano que tenia encima. El huevo ya no era mas que un monton de anicos en su mano.
– ?Perdon! Lo he hecho con cuidado, yo…
– ?Chist! Tiene que ser asi. Trata de no perder ningun trozo. Ponlos aqui.
Eli senalo un papel blanco que habia sobre la mesa del sofa. Oskar contuvo la respiracion mientras echaba con cuidado los pedacitos brillantes que tenia en la mano. Cada trozo era mas pequeno que una gota de agua y tuvo que frotarse la palma de la mano con los dedos de la otra para que cayeran todos.
– Se ha roto.
– Aqui. Mira.
Eli acerco la lampara a la mesa y concentro su debil luz sobre el monton de fragmentos de metal. Oskar se agacho y miro. Un trozo, no mayor que una garrapata, estaba solo en el monton, y cuando lo observo de cerca pudo ver que tenia muescas y hendiduras en algunas aristas y casi microscopicas convexidades en forma de bombilla en otras. Entonces comprendio.
– Es un rompecabezas.
– Si.
– ?Pero… puedes volver a juntarlo de nuevo?
– Eso creo.
– Debe de llevar una eternidad.
– Si.
Oskar contemplo otros trozos que estaban esparcidos al lado del monton. Parecian identicos al primero, pero cuando los miro mas detenidamente vio que habia pequenas variaciones. Las hendiduras no estaban exactamente en el mismo sitio, las convexidades tenian otro angulo. Vio tambien un fragmento que tenia
Se desplomo en la butaca.
– Yo me volveria completamente loco.
– Imaginate el que lo
Eli arqueo los ojos y saco la lengua como si fuera Mudito, el enanito. Oskar se echo a reir. ?Ja, ja! El sonido permanecio, vibrando en las paredes. Vacio. Eli se sento en el sofa con las piernas cruzadas, mirandolo… expectante. El aparto la vista y la dirigio a lo que habia sobre la mesa, un paisaje de juguetes en ruinas.
Desolado.
De pronto volvio a sentirse tremendamente cansado. Ella no era «su chica», no podia serlo. Era… otra cosa. Habia una gran distancia entre ellos que no se podia… cerro los ojos, se echo hacia atras en la butaca y lo negro que aparecio tras sus parpados era el espacio que los separaba.
Se adormecio, se deslizo en un sueno que duro un abrir y cerrar de ojos.
El espacio que los separaba se lleno de insectos feos y pegajosos que volaban hacia el, y cuando se acercaron vio que tenian dientes. Los espanto con la mano y se desperto. Eli estaba sentada en el sofa, mirandole.
– Oskar. Yo soy una persona, igual que tu. Piensa que tengo… una enfermedad muy poco comun. Oskar asintio.
Una idea queria abrirse paso. Algo. Una situacion. No acababa de pillarlo. Lo dejo. Pero entonces aparecio aquel otro pensamiento, el desagradable: que Eli solo
No puede ser.
Por hacer algo rebusco y saco de su bolso el walkman, luego la cinta, leyo el texto: «Kiss:
