Eli se inclino hacia delante en el sofa.
– ?Que es eso?
– ?Esto? Un walkman.
– ?Es para escuchar musica?
– Si.
– ?Me dejas probarlo?
Oskar le alargo el walkman. Ella lo cogio y parecia como si no supiera que hacer con el, pero luego se coloco los auriculares en las orejas y lo miro como preguntandole. Oskar senalo los botones.
– Aprieta el que dice
Eli observo los botones y apreto
Oskar podia oir desde su butaca el rasguear susurrante de guitarra, bateria, voz. Eli habia caido en medio de una de las canciones mas duras.
Los ojos de la chiquilla se abrieron como platos, grito de dolor y Oskar se asusto tanto que cayo de espaldas en la butaca. Esta se columpio y casi se vuelca hacia atras mientras el veia como Eli se quitaba los auriculares con tanta furia que se soltaron los cables; los tiro al suelo, se llevo las manos a los oidos gimiendo.
Oskar se quedo sentado con la boca abierta, mirando como los auriculares se estrellaban contra la pared. Se levanto y los recogio. Completamente estropeados. Los dos cables se habian soltado. Los puso sobre la mesa y se volvio a hundir en la butaca.
Eli se quito las manos de los oidos.
– Perdon, yo… me hacia mucho dano.
– No importa.
– ?Era caro?
– No.
Eli alcanzo una caja de carton, metio la mano y saco unos cuantos billetes, se los dio a Oskar. -Toma.
El cogio los billetes, los conto. Tres billetes de mil y dos de cien. Sintio algo parecido al miedo, miro hacia las cajas de las que Eli habia sacado el dinero, a Eli, a los billetes.
– Yo… me costo cincuenta coronas.
– Cogelo de todas formas.
– No, pero si… solo han sido los auriculares los que se han roto, y esos…
– Te lo doy. ?Por favor?
Oskar dudo, luego arrebujo los billetes y se los metio en el bolsillo del pantalon mientras calculaba su valor en hojas de propaganda.
Aproximadamente los sabados de un ano, quiza… unas veinticinco mil hojas repartidas. Ciento cincuenta horas. Mas. Una fortuna. Los billetes le rozaban un poco en el bolsillo.
– Pues gracias.
Eli asintio, cogio de la mesa algo que parecia una complicada marana de nudos pero que probablemente seria un rompecabezas. Oskar la miraba mientras ella manipulaba los nudos. La cabeza inclinada, sus dedos largos y finos moviendose entre los extremos del hilo. El repaso todo lo que ella le habia contado. Su padre, su tia en el centro, la escuela a la que iba. Mentira, todo.
Aquella sensacion resultaba tan nueva que al principio no comprendio que era. Empezo como una especie de picor en la piel, paso a la carne, lanzo despues una flecha afilada y fria desde el estomago hasta la cabeza. Estaba… enfadado. Nada de desesperado o asustado. Enfadado.
Porque ella le habia mentido y luego… ?a
– Tu matas a la gente.
– Oskar…
– Si lo que me has dicho es cierto, tienes que matar a gente. Robarle el dinero.
– El dinero me lo han
– No haces mas que mentir. Todo el tiempo.
– Es verdad.
– ?Que es lo que es verdad? ?Que mientes?
Eli dejo la marana de nudos sobre la mesa, lo miro con cara de sufrimiento, extendio las manos.
– ?Que quieres que haga?
– Que me des una prueba.
– ?De que?
– De que eres… eso que dices.
Eli se quedo mirandolo fijamente. Luego meneo la cabeza.
– No quiero.
– ?Por que no?
– Adivinalo.
Oskar se hundio mas aun en la butaca. Sentia bajo la palma de la mano el pequeno rebujo que los billetes formaban en su bolsillo. Vio ante si los montones de hojas de propaganda. Que habrian llegado
por la manana. Que tenian que estar repartidos antes del martes. Un cansancio gris en el cuerpo. Gris en la cabeza. Rabia. «Adivinalo». Mas juegos. Mas mentiras. Queria largarse de alli. Dormir.
Se levanto de la butaca, saco el monton de papel arrugado que tenia en el bolsillo, puso todo menos un billete de cien sobre la mesa. Se volvio a guardar el billete de cien y dijo:
– Me voy a casa.
Eli se estiro hacia delante y le cogio de la muneca.
– Quedate, por favor.
– ?Para que? No haces mas que mentir.
Intento zafarse, pero la presion se hizo mas fuerte.
– ?Sueltame!
– No soy ningun monstruo de circo.
Oskar apreto los dientes y dijo con tranquilidad:
– Sueltame.
Ella no cedio. La fria flecha de furia empezo a vibrar en el pecho de Oskar, estallo y se lanzo sobre ella. Se echo encima de Eli y la empujo hacia atras en el sofa. No pesaba casi nada y la derribo contra el reposabrazos, se sento sobre su pecho mientras la flecha se arqueaba, se movia, echaba chispas negras por los ojos cuando levanto el brazo y la pego en la cara tan fuerte como pudo.
Un nitido ?zas! volo entre las paredes y la cabeza de Eli se fue para un lado, de su boca salieron despedidas unas gotas de saliva y a el le ardio la mano cuando la flecha se partio, cayo
