hecha anicos y la rabia se disolvio.
Oskar seguia sentado sobre el pecho de la nina, mirando desconcertado aquella cabecita que estaba de perfil contra la tapiceria negra del sofa mientras aparecia una flor grande y roja en la mejilla en la que el la habia pegado. Eli permanecia quieta, con los ojos abiertos. El se llevo las manos a la cara.
– Perdon, perdon. Yo…
De repente ella se dio la vuelta, se lo quito de encima del pecho derribandolo contra el respaldo del sofa. El intento agarrarla de los hombros pero no lo consiguio, la asio entonces por las caderas y Eli cayo con el estomago encima de la cara de Oskar. La empujo, se revolvio y cada uno intento agarrar al otro.
Rodaron por el sofa, hicieron lucha libre. Con los musculos en tension y totalmente en serio. Pero con cuidado, para no hacer dano al otro. Se retorcieron como las culebras, se golpearon contra la mesa.
Algunos trozos del huevo negro cayeron al suelo haciendo un ruido semejante al de la llovizna sobre un tejado de chapa.
No tenia ganas de subir a buscar una bata. Su turno ya habia terminado.
Podia coger una de las batas extra de los forenses que habia colgadas en la camara si estaba… manchado. Llego el ascensor y entro en el, pulso planta sotano 2. ?Que iba a hacer si era asi? Llamar y ver si alguien de urgencias podia bajar a coserlo. No habia rutinas para ese tipo de cosas.
Probablemente la hemorragia, o lo que fuera, ya se habria parado, pero tenia que comprobarlo. Si no, no iba a poder dormir en toda la noche. No iba a hacer mas que estar tumbado oyendo aquel goteo.
Se rio para sus adentros al salir del ascensor. ?Cuantas personas normales podian hacer una cosa asi sin que les temblara el pulso? No muchas. Estaba bastante satisfecho de si mismo porque el… si, cumplia con su obligacion. Asumia su responsabilidad.
Y no se podia negar: que habia algo dentro de el que
No, no soy normal. El con los cadaveres no tenia ningun problema; maquinas con el cerebro apagado. Lo que pese a todo podia ponerle un poco paranoico eran aquellos
Solo pensar en aquella red de tuneles a diez metros bajo tierra, en las salas y cuartos vacios como una especie de secciones administrativas del Infierno. Tan grande. Tan silencioso. Tan vacio.
Los
Marco el codigo, por costumbre apreto el boton que abria la puerta automaticamente y solo respondio un chasquido impotente. Abrio la puerta con la mano y penetro en la camara, se puso un par de guantes de goma.
El hombre que habia dejado tapado con una sabana estaba ahora destapado. Su pene, en ereccion, se elevaba desde la entrepierna.
La sabana estaba tirada en el suelo. Los bronquios de Benke, destrozados por fumar, emitieron un pitido cuando recupero el aliento.
El hombre no estaba muerto. No. No estaba muerto… puesto que se movia. Despacio, como en suenos, se agitaba en la camilla. Las manos se movian a tientas en el aire y Benke dio un paso atras instintivamente cuando una de ellas -que no parecia siquiera una mano- paso delante de su cara. El hombre intento levantarse, cayo de nuevo en la camilla metalica. El unico ojo miraba al frente sin parpadear.
Un sonido. El hombre emitio un sonido.
– Eeeeeeeeee…
Benke se llevo la mano al rostro. Le pasaba algo en la piel. La mano parecia… se la miro. Los guantes de goma.
Detras de su mano vio que el hombre hacia un nuevo intento para incorporarse.
El hombre volvio a caer en la camilla con un estruendo humedo. Algunas gotas de aquel liquido salpicaron la cara de Benke. Intento secarlas con los guantes de goma, pero solo las extendio mas.
Cogio una punta de la camisa y se limpio con ella.
El hombre, si no estaba muerto, al menos tenia que estar moribundo. Debia recibir asistencia.
– Eeeee…
– Yo estoy aqui y te voy a ayudar. Te voy a llevar a urgencias. Procura estar tranquilo, yo voy…
Benke se acerco y puso sus manos sobre el cuerpo que forcejeaba. La mano no deformada del hombre salto como un resorte y le agarro por la muneca. Joder, la fuerza que tenia aun. Benke tuvo que emplear las dos manos para liberarse de la presion.
Lo unico que habia para cubrirle y que entrara en calor eran las sabanas de las camillas. Benke cogio tres y las echo encima del cuerpo, que no dejaba de revolverse como una lombriz en el anzuelo mientras emitia ese ruido. Se inclino sobre el hombre, que estaba algo mas calmado despues de que Benke le hubiera tapado.
– Ahora te voy a llevar a urgencias lo mas deprisa que pueda, ?vale? Procura estar tranquilo.
Condujo la camilla hasta la puerta y, a pesar de las circunstancias, se acordo de que la apertura automatica no funcionaba. Dio la vuelta por la cabecera de la camilla y abrio mirando hacia abajo, hacia la cabeza del hombre. Deseo no haberlo hecho.
La boca, que no era una boca, estaba a punto de abrirse.
El tejido medio curado de la herida se rasgo con un sonido similar al que se produce cuando uno le quita la piel al pescado; algunas tiras de piel rosada se resistieron a rasgarse, tensandose mientras el agujero de la parte inferior de la cara se agrandaba mas y mas.
– ?Ahhhh!
El alarido retumbo a traves de los largos pasillos y el corazon de Benke empezo a latir mas deprisa.
Si en ese momento hubiera tenido un martillo a mano, probablemente habria golpeado aquella asquerosa masa temblona con el ojo abierto, en la que las tiras de piel que cruzaban el agujero de la boca estaban rompiendose como si fueran cintas de goma demasiado tensas; Benke pudo ver entonces los dientes del hombre, de un blanco reluciente en medio de aquel liquido rojo y marron que era su cara.
Benke volvio de nuevo a los pies de la camilla y empezo a empujarla
