fotografiaba el cuerpo sin vida. Algunos representantes de la prensa que estaban con sus camaras fuera del cordon policial tomaban fotos del hospital con potentes flashes. Manana saldria la imagen en el periodico, completada con una linea de puntos que marcara como habia caido el hombre.

Una celebridad.

El bulto bajo la sabana no sugeria nada de eso. Un bulto como los demas. Sabia que el hombre parecia un monstruo, que su cuerpo se habia reventado como un globo de agua al chocar contra el suelo helado; agradecia que estuviera cubierto. Bajo la sabana, somos todos iguales.

Sin embargo, seguro que muchas personas se sentirian aliviadas al saber que precisamente aquel bulto de carne ya sin vida era conducido a la camara frigorifica para una posterior incineracion cuando los forenses terminaran su trabajo. El hombre presentaba una herida en el cuello que llamo poderosamente la atencion del fotografo de la policia

Pero ?que importancia podia tener aquello?

Benke se consideraba a si mismo como una especie de filosofo, lo cual tenia que ver con su profesion. Habia visto tanto de lo que en realidad somos las personas que habia desarrollado una teoria, y era bastante simple:

«Todo esta en el cerebro».

El eco de su voz retumbo en los pasillos desiertos cuando paro la camilla delante de la puerta de la camara frigorifica, marco el codigo y la puerta se abrio.

Si. Todo en el cerebro. Desde el principio. El cuerpo no es mas que una especie de unidad de servicio que el cerebro se ve obligado a arrastrar para mantenerse vivo. Pero todo esta alli desde el principio, en el cerebro. Y la unica manera de cambiar a un tipo como el que estaba debajo de la sabana seria operandole el cerebro.

O encerrandolo.

La cerradura automatica, que debia mantener la puerta abierta durante diez segundos despues de que se hubiera introducido el codigo, aun no habia sido arreglada y Benke tuvo que sujetar la puerta con una mano mientras con la otra agarraba la camilla por el extremo de la cabeza y la metia en la camara. La camilla golpeo contra el quicio de la puerta y Benke solto un juramento.

Si hubiera sido en cirugia la habrian arreglado en cinco segundos.

Entonces vio algo extrano.

Justo debajo y a la izquierda del bulto que era la cabeza del hombre habia una mancha de color marron en la sabana. La puerta se cerro tras ellos cuando Benke se agacho para mirar. La mancha crecia lentamente.

Esta sangrando.

Benke no era de los que se amedrentaba facilmente. Ademas, algo asi ya habia ocurrido antes. Probablemente alguna acumulacion de sangre dentro del craneo que se habria derramado cuando la camilla choco contra el quicio de la puerta.

La mancha de la sabana crecia.

Benke fue hasta el armario de primeros auxilios y busco esparadrapo quirurgico y gasa. Siempre le habia parecido comica la presencia de un armario asi en un sitio como este, pero claro, estaba previsto para el caso de que alguna persona viva resultara herida alli dentro; que se pillara el dedo con una camilla o algo asi.

Con la mano sobre la sabana justo encima de la mancha hizo acopio de fuerzas. Logicamente no le daban miedo los cadaveres, pero aquel parecia que era la hostia. Y Benke se veia obligado a ponerle un esparadrapo. Seria a el a quien echarian la bronca si caia un monton de sangre en la camara.

Asi que trago, y aparto la sabana.

La cara del hombre desafiaba toda descripcion. Imposible comprender que hubiera vivido una semana con un rostro asi. Alli no habia nada que pudiera ser reconocido como humano, mas que una oreja y un… ojo.

?Es que no habian podido… volver a ponerle los esparadrapos?

El ojo estaba abierto. Logicamente. Apenas tenia parpado con el que cerrarlo. Y estaba tan destrozado que parecia como si se hubiera producido una cicatrizacion dentro de la propia esclerotica.

Benke se desentendio de la mirada muerta y se concentro en lo que tenia que hacer. Parecia que el origen de la mancha era aquella herida del cuello.

Se oyo un suave goteo y Benke miro rapidamente alrededor. Joder. Seguro que estaba algo nervioso. Otra gota. Venia de sus pies. Miro hacia abajo. Una gota de agua cayo de la camilla y aterrizo en su zapato. Plop.

?Agua?

Observo la herida que el hombre tenia en el cuello. Se habia formado un charco debajo de ella y chorreaba por el borde de la placa. Plop.

Movio el pie. Una gota cayo sobre el suelo de ceramica. Plip.

Metio el dedo indice en el charco, se froto el dedo indice con el pulgar. No era agua. Era algun liquido viscoso, denso y transparente. Nada que el pudiera reconocer.

Cuando volvio a mirar al suelo blanco, se habia empezado a formar alli un pequeno charco. El liquido no era transparente, sino de color rosa palido. Parecia como cuando separan la sangre en bolsas para las transfusiones. Lo que queda cuando los globulos rojos se van al fondo.

Plasma.

El hombre sangraba plasma.

Como podia ocurrir aquello, eso tendrian que explicarlo manana los expertos, o, mejor dicho, hoy. Su trabajo era pararlo, de manera que no manchara el deposito. Tenia ganas de irse a casa ya. Meterse en la cama al lado de su mujer dormida, leer unas paginas de Un ser abominable y luego dormir.

Benke doblo la gasa hasta hacer una gruesa compresa y la puso sobre la herida. ?Como cojones iba a pegar el esparadrapo? El hombre tambien tenia el resto del cuello destrozado y era dificil encontrar trozos de piel no danados en los que sujetarlo. Le importaba un bledo. Se queria ir a casa ya. Cogio largas tiras de esparadrapo e hizo un remiendo de aca para alla en el cuello, un remiendo del que probablemente tendria que dar explicaciones, pero que, joder.

Soy celador, no cirujano.

Cuando hubo colocado la compresa en su sitio, limpio la camilla y el suelo. Luego condujo el cadaver a la habitacion numero cuatro, se froto las manos. Listo. Un trabajo bien hecho y una historia para contar en el futuro. Mientras echaba un ultimo vistazo y apagaba, empezo a pulir las frases.

?Os acordais de aquel asesino que se tiro desde el ultimo piso? Yo me tuve que ocupar de el despues de aquello, y cuando lo conduje a la camara frigorifica note algo raro…

Cogio el ascensor hasta su sala, se lavo las manos con esmero, se cambio y, al salir, echo la bata a lavar. Bajo hasta el aparcamiento, se sento en el coche y se fumo un cigarrillo con tranquilidad antes de arrancar. Cuando hubo apagado la colilla en el cenicero, que buena falta hacia vaciar, giro la llave y arranco el coche.

El coche bramo, como solia ocurrir cuando hacia frio o habia humedad. Pero siempre arrancaba. Solo necesitaba montar algo de bronca antes. Cuando el brrrum, brrrum del tercer intento se transformo en un ruido restallante de motor, se acordo de ello.

No coagula.

No. Lo que fluia del cuello del hombre no iba a coagular bajo la compresa. Iba a empaparla y luego seguiria chorreando hasta el suelo, y cuando abrieran la puerta dentro de unas horas…

?Joder!

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