precisamente porque solo tienes doce anos. Eli fruncio el entrecejo.
– ?Quieres decir que soy
– No. Pero un poco dura de mollera. Como suelen ser los ninos.
– Vaya. ?Y como casa eso con lo del cubo?
Oskar dio un bufido, la miro a los ojos y recordo aquello de sus pupilas. Ahora estaban normales, pero
– Eli. Tu solo te estas inventando todo eso, ?no?
Eli acaricio el esqueleto del monstruo que tenia en el estomago y dejando la mano quieta justo sobre la boca abierta del monstruo dijo:
– ?Todavia quieres asociarte conmigo?
Oskar dio medio paso atras.
– No.
Alzo la vista hacia el. Triste, casi acusatoria.
– No,
– Si hubieras querido matarme ya lo habrias hecho hace tiempo.
Eli asintio. Oskar retrocedio otro medio paso. ?Cuanto tiempo tardaria en salir por la puerta? ?Dejaria la bolsa? Eli parecia no notar su inquietud, sus ganas de huir. Oskar se paro, con los musculos en tension.
– ?Me voy a… contagiar?
Todavia con la mirada fija en el monstruo que llevaba encima del estomago, Eli nego con la cabeza.
– No quiero contagiar a nadie. Y menos a ti.
– ?Que quieres decir entonces con lo de asociarnos?
Eli levanto la cabeza hacia el lugar donde creia que estaba Oskar, pero se habia equivocado. Vacilo. Luego fue hacia el, le cogio la cabeza entre sus manos. Oskar la dejo hacer. Eli parecia… en blanco. Ausente. Pero nada que recordara aquella cara que habia visto en el sotano. Las yemas de sus dedos le rozaron las orejas. Un sosiego inundo lentamente el cuerpo de Oskar.
Que sea lo que Dios quiera.
El rostro de Eli estaba a veinte centimetros del suyo. Su aliento olia raro, como la caseta en la que su padre guardaba chatarra. Si. Eli olia… a oxido. La punta de un dedo le acaricio la oreja. Ella susurro:
– Estoy sola. Nadie lo sabe. ?Quieres?
– Si.
Al instante pego su cara a la de el, cerro sus labios alrededor del labio superior de Oskar y lo retuvo con una presion muy, muy suave. Los tenia calientes y secos. A el se le lleno la boca de saliva y cuando la apreto contra el labio inferior de Eli lo humedecieron, suavizandolo. Cada uno probo con mimo los labios del otro, dejandolos deslizarse, y Oskar desaparecio en una oscuridad ardiente que fue aclarandose gradualmente, convirtiendose en una gran sala, en el salon de un palacio en cuyo centro habia una mesa alargada llena de comida, y Oskar…
Los labios de Eli se retiraron de los suyos, solto tambien su cabeza, dio un paso hacia atras. Aunque le daba miedo, Oskar intento volver a ver el salon del palacio otra vez, pero habia desaparecido. Eli lo miraba intrigada. Oskar se froto los ojos, asintiendo.
– O sea, que es verdad.
– Si.
Se quedaron un rato asi, callados. Luego Eli le pregunto:
– ?Quieres entrar?
Oskar no dijo nada. Eli le tiro del jersey, alzo las manos y las dejo caer de nuevo.
– No pienso hacerte dano jamas.
– Eso ya lo se.
– ?Que es lo que estas pensando?
– Ese jersey. ?Es del cuarto de las basuras?
– … Si.
– ?Lo has lavado? Eli no contesto.
– Eres un poco guarra, ?lo sabes?
– Me puedo cambiar si quieres.
– Si. Hazlo.
Habia leido algo sobre el hombre de la camilla, bajo la sabana. El asesino ritual.
Benke Edwards habia llevado a gente de todo tipo por aquellos pasillos, hasta las camaras. Hombres y mujeres de distintas edades y tamanos. Ninos. No habia ninguna camilla especial para los ninos y pocas cosas le hacian a Benke sentirse tan mal como aquellas superficies vacias que quedaban en la camilla cuando llevaba a un nino; la pequena figura bajo la sabana blanca, como apretada contra la parte delantera de la camilla. El extremo de los pies, vacio; la sabana, estirada. Aquella superficie era la muerte propiamente dicha.
Pero el que llevaba ahora era un hombre adulto y, ademas de eso, una celebridad.
Conducia la camilla a traves de pasillos silenciosos. El unico ruido que se oia era el de la goma de las ruedas que chirriaba contra el suelo de linoleo. Aqui no habia ningun tipo de senalizacion de colores en el suelo. Cuando llegaba alguna visita, venia siempre acompanada por alguien de entre el personal del hospital.
Benke habia permanecido esperando en la calle mientras la policia
