suyos.
Busco a tientas el arma reglamentaria y se acordo de que no la llevaba. Por razones de seguridad. El arma mas proxima se encontraba en la caja fuerte del pasillo. Ademas, solo se trataba de una nina, como pudo ver entonces.
– ?Alto! ?No os movais!
Corrio los tres pasos que habia hasta la ventana y la nina levanto la cabeza del cuello del hombre.
En el mismo momento en que el vigilante llego, la nina tomo impulso desde el alfeizar y desaparecio hacia arriba. Sus pies se bambolearon un instante en el borde superior de la ventana antes de desaparecer.
El vigilante saco la cabeza por la ventana y alcanzo a ver un cuerpo que desaparecia en el tejado, fuera de su angulo de visibilidad. El hombre que tenia a su lado respiraba con dificultad.
En la tenue luz se podian apreciar unas manchas oscuras en un hombro y en la parte de atras de la bata. El hombre tenia la cabeza caida y en el cuello destacaba una herida reciente. En el tejado se oian golpes suaves de algo que se movia sobre las planchas metalicas. El vigilante se habia quedado paralizado.
Prioridades. ?Que prioridades?
No se acordaba. Lo primero, salvar vidas. Si, si, pero habia otros que podian… echo a correr hacia la puerta, marco la combinacion y se lanzo por el pasillo, gritando:
– ?Enfermera! ?Enfermera! ?Venga! ?Esto es urgente!
Se lanzo hacia la escalera de incendios mientras la enfermera de noche salia de su garita y corria en direccion a la habitacion que el acababa de dejar. Cuando se cruzaron ella, le pregunto:
– ?Que pasa?
– Urgente. Es… urgente. Pide mas personal, es… un asesinato.
No le salian las palabras. No se habia visto nunca en algo semejante. Le habian colocado en este tedioso puesto de vigilante precisamente porque
La enfermera intento prepararse para lo peor: un cuerpo tirado en el suelo en medio de un charco de sangre, o colgado con una sabana de una tuberia del agua caliente. Ya habia visto ambas cosas.
Cuando entro en la habitacion solo vio que la cama estaba vacia. Y algo al lado de la ventana. Al principio creyo que se trataba de un monton de ropa puesta en el alfeizar. Luego vio que se movia.
Corrio hacia la ventana para impedir que ocurriera, pero llego demasiado tarde. El hombre se encontraba ya colgado del marco y con la mitad del cuerpo fuera cuando ella se lanzo hacia alli. Llego a tiempo de coger una solapa de la bata del hospital antes de que el cuerpo del hombre cayera; el tubo del goteo se le desprendio del brazo. Un «rasssch» y se quedo con un trozo de tela de color azul en la mano. Un par de segundos despues oyo un golpe lejano y sordo cuando el cuerpo se estrello contra el suelo. Luego, los pitidos de la alarma del gotero.
El taxista giro ante la entrada de urgencias. El senor mayor que venia en el asiento de atras y que le habia entretenido durante todo el viaje desde Jakobsberg con anecdotas sobre sus problemas de corazon, abrio su puerta y se quedo sentado, esperando.
El conductor salio, dio la vuelta hasta la parte de atras y le ofrecio su brazo al anciano. La nieve se le colaba por el cuello de la cazadora. El viejo estaba casi apoyandose en su brazo cuando se quedo mirando fijamente hacia algun punto en el cielo, y permanecio sentado.
– Venga, vamos. Yo le sujeto.
El viejo senalaba hacia arriba.
– ?Que es eso?
El taxista miro hacia donde estaba senalando.
Habia una persona en el tejado del hospital. Una persona pequena. Desnuda de cintura para arriba, con las manos apretadas a lo largo del cuerpo.
Tendria que dar la alarma a traves de la radio, pero se quedo parado, incapaz de moverse, como si al hacerlo se fuera a alterar el equilibrio y la persona fuera a caer.
Le dolio la mano cuando el viejo se la cogio con unos dedos que parecian garras, clavandole las unas en la palma. Sin embargo, no se movio.
La nieve le caia en los ojos y parpadeo. La persona que estaba en el tejado levanto los brazos por encima de la cabeza. Algo se extendio entre los brazos y el cuerpo: una telilla… una membrana. El viejo agarro su mano, salio del coche y se puso a su lado.
Al mismo tiempo que el hombro del anciano rozaba el suyo, cayo la persona… un nino… Lanzo un resuello y los dedos del viejo se le volvieron a clavar en la palma de la mano. El nino caia justo por encima de ellos.
De forma instintiva se agacharon los dos y se pusieron las manos sobre la cabeza. No paso nada.
Cuando volvieron a mirar el nino habia desaparecido. El conductor echo una ojeada alrededor, pero todo lo que se podia ver en el aire era la nieve cayendo bajo las farolas.
El viejo se estremecio.
– El angel de la muerte. Era el angel de la muerte. No saldre nunca de aqui.
Sabado 7 de noviembre (noche)
– ?Habba-Habba soud-soud!
Una pandilla de chicos y chicas habian subido cantando en Hotorget. Serian mas o menos de la edad de Tommy. Bebidos. Los chicos soltaban de vez en cuando algun berrido, se tiraban sobre las chicas y estas se reian, les devolvian el golpe. Despues, empezaban a cantar de nuevo. La misma cancion una y otra vez. Oskar los miraba de reojo.
Por desgracia. Le habria gustado. Parecia que se divertian. Pero Oskar no podria nunca comportarse asi, hacer lo que hacian. Uno de ellos se puso de pie en el asiento cantando en voz alta:
– ?A Huleba-Huleba, A-ha-Huleba!
Un viejo que estaba sentado y medio dormido en los asientos reservados a los minusvalidos en la otra punta del vagon les increpo:
– ??No podeis tranquilizaros un poco?! Estoy tratando de dormir.
Una de las muchachas puso el dedo corazon hacia arriba y se lo mostro al viejo.
– A dormir se va uno a casa.
Todo el grupo se echo a reir y volvieron a la carga con la misma
