quemadas, como todo lo demas, pero no era asi. Las lagrimas arrasaron su ojo y le cegaron. Su parpado provisional no daba abasto y, con mucho cuidado, se enjugo el ojo con la mano mientras todo su cuerpo temblaba.
Busco el mecanismo de cierre de la ventana. Lo giro. Le caian mocos por el agujero donde antes habia estado su nariz, goteando sobre el marco de la ventana cuando consiguio abrirla.
El aire frio inundo la habitacion. Solo era cuestion de tiempo que el vigilante se despertara. Hakan alargo su brazo y tendio su mano sana hacia Eli. Esta se subio al alfeizar de la ventana, tomo su mano entre las suyas y la beso:
– Hola, amigo mio.
Hakan asintio lentamente para confirmar que oia. Retiro su mano de las de Eli y le acaricio la mejilla. Su piel era como seda helada bajo su mano.
Todo se agolpo en su cabeza.
No iba a pudrirse en la celda de ninguna carcel rodeado de letras sin sentido. Ser vejado por otros presos porque habia cometido el que a sus ojos era el peor de los crimenes. Iba a estar con Eli. Iba a…
Eli se agacho cerca de el, acurrucada en el alfeizar de la ventana.
– ?Que quieres que haga?
Hakan retiro la mano de la mejilla de la nina y senalo su cuello. Eli meneo la cabeza.
– Entonces, tendria que… matarte. Despues.
Hakan aparto la mano del cuello, la puso sobre la cara de Eli. Poso el dedo menique un momento en los labios de la pequena. Luego volvio a llevar la mano sobre si mismo.
Senalo de nuevo el cuello.
Su aliento formaba nubes blancas de vaho, pero no tenia frio. Oskar habia bajado en diez minutos hasta la tienda. La luna le habia acompanado desde la casa de su padre, jugando al escondite detras de las copas de los abetos. Miro el reloj. Las diez y media. Habia visto en el horario que habia en la entrada que el ultimo autobus de Norrtalje salia a las doce y media.
Cruzo la explanada que habia delante de la tienda, iluminada por las luces de la gasolinera, y se dirigio hacia la calle Kappellskarsvagen. No habia hecho nunca dedo y su madre se pondria como loca si llegaba a enterarse. Entrar en el coche de una persona desconocida…
Empezo a andar mas deprisa, paso por delante de un par de chales iluminados. Alli dentro vivia gente que estaba a gusto. Los ninos dormidos en sus camas sin la preocupacion de que sus padres entraran y los despertaran para ponerse a decir bobadas.
Miro las botas que aun llevaba en la mano; las tiro a la cuneta, se paro. Ahi estaban: dos cocos oscuros en la nieve a la luz de la luna.
Su padre iba a notar que se habia ido dentro de… una hora mas o menos. Luego saldria a buscarle, llamandolo. Despues telefonearia a su madre. ?Seguro que lo haria? Probablemente. Para saber si Oskar habia llamado. Su madre se daria cuenta de que su padre estaba borracho cuando le contara que Oskar se habia ido, y se montaria una…
Cuando llegara a Norrtalje llamaria a su padre desde una cabina y le diria que se iba a Estocolmo, que iba a pasar la noche en casa de un amigo y que luego volveria a casa de su madre al dia siguiente como si no hubiera pasado nada.
De esa manera su padre iba a tener su castigo sin que supusiera una catastrofe.
Oskar bajo a la cuneta y recogio las botas, se las metio en los bolsillos de la cazadora y siguio hacia la carretera principal. Ya estaba arreglado. Ahora era Oskar el que decidia adonde iba y la luna lo miraba con carino iluminando sus pasos. Alzo la mano saludandola y empezo a cantar:
– «Aqui llega Fritiof Andersson, trae el sombrero nevado…».
Ya no se sabia mas, asi que en vez de cantarla la tarareo.
Despues de unos cientos de metros llego un coche. El ya lo habia oido cuando todavia estaba bastante lejos; se detuvo y saco el dedo. El coche paso delante de el, se paro y dio marcha atras. La puerta del copiloto se abrio, dentro habia una mujer, algo mas joven que su madre. Nada que temer.
– Hola. ?Adonde quieres ir?
– A Estocolmo. Bueno, a Norrtalje.
– Pues a Norrtalje voy yo, asi que…
– Oskar se agacho para entrar en el coche-. Se me olvidaba. ?Saben tu papa y tu mama donde estas?
– Si, claro. Pero es que el coche de papa se ha averiado
– Bueno, entonces sube.
– Gracias.
Oskar se deslizo en el asiento y cerro su puerta. Se pusieron en marcha.
– Entonces, ?te dejo en la estacion de autobuses?
– Si, por favor.
Oskar se coloco bien en el asiento disfrutando del calor que empezaba a sentir en el cuerpo, especialmente en la espalda. Debia de ser uno de esos asientos con calefaccion. Y que fuera tan sencillo. Los chales iluminados pasaban rapidamente ante las ventanillas.
Podeis quedaros ahi sentados, bobos.
– ?Vives en Estocolmo?
– Si. En Blackeberg.
– Blackeberg… esta al oeste, ?no?
– Eso creo. Se llama Vasterort, asi que sera por eso.
– Bueno. ?Te espera algo importante en casa?
– Si.
– Tiene que ser algo especial para salir a estas horas.
– Si. Lo es.
Hacia frio en la habitacion. Las articulaciones parecian rigidas despues de haber dormido tanto tiempo en una postura incomoda. El vigilante se desperezo con un crujido, echo un vistazo a la cama y se despejo totalmente.
Se levanto temblando, miro alrededor. ?A Dios gracias! El hombre no habia huido, pero ?como cojones habia conseguido llegar a la ventana? Y…
?Que es esto?
El asesino estaba inclinado sobre el antepecho de la ventana con un bulto negro en el hombro. Su culo desnudo asomaba bajo la bata del hospital. El vigilante dio un paso hacia el, se paro jadeando.
El bulto era una cabeza. Un par de ojos negros se cruzaron con los
