La persona en la que se convertia cuando estaba borracho no tenia nada que ver con lo que era mientras estaba sobrio. En aquellos momentos era un consuelo imaginar que su padre era un hombre lobo, que en realidad habia otro ser completamente distinto dentro de el. Asi como la luna incitaba a la fiera que habia en el hombre lobo, el alcohol incitaba a aquel ser que habia dentro de su padre.

Oskar cogio un tebeo de Bamse, intento leer pero no podia concentrarse. Se sentia… abandonado. Dentro de una hora o asi estaria solo con el Monstruo. Y lo unico que podia hacer era esperar.

Tiro el tebeo contra la pared y se levanto de la cama, busco su cartera. El abono del metro y dos notas de Eli. Puso las dos notas de Eli la una al lado de la otra en la cama.

AHORA PERMITE QUE EL DIA ENTRE POR LA VENTANA Y DEJA FUERA MI VIDA.

El corazon.

NOS VEMOS ESTA NOCHE, ELI .

Y la otra:

HUIR ES VIVIR. QUEDARSE, LA MUERTE. TUYA, ELI.

Los vampiros no existen.

La noche estaba oscura al otro lado de la ventana. Oskar cerro los ojos y se imagino el camino de vuelta a Estocolmo, las casas, las fincas y los campos pasaron a gran velocidad. Llego volando al patio de Blackeberg, atraveso su ventana y alli estaba ella.

Abrio los ojos y miro hacia el rectangulo negro de la ventana. Alli fuera. Los Hermanos Djup acababan de cantar una cancion acerca de una bicicleta pinchada. Janne y su padre se reian de algo, con risas demasiado altas. Algo cayo al suelo.

?Que monstruo eliges tu?

Oskar se volvio a guardar las notas de Eli en la cartera y se vistio. Salio con sigilo al pasillo y se puso los zapatos, la cazadora y el gorro. Permanecio quieto unos segundos, escuchando el ruido que llegaba del cuarto de estar.

Se volvio para marcharse, pero vio algo y se detuvo.

En la repisa del zapatero que habia en la entrada estaban sus viejas botas de goma, las que habia usado cuando tenia cuatro, cinco anos quiza. Recordaba que siempre habian estado alli, aunque no habia nadie que pudiera usarlas. A su lado, las enormes botas de goma de su padre de la marca Tretorn, una de ellas arreglada en el talon con uno de esos parches que se usan para los neumaticos de las bicicletas.

?Por que las habria conservado?

Oskar lo comprendio. Dos personas crecian de esas botas dandose la espalda la una a la otra. La espalda ancha de su padre al lado de la estrecha espalda de Oskar. El brazo de Oskar extendido, su mano en la de su padre. Caminaban con sus botas sobre una roca, quiza fueran a buscar frambuesas, quiza…

Oskar lanzo un suspiro. Estaba a punto de ponerse a llorar. Extendio la mano para acariciar las pequenas botas. Se oyo una salva de carcajadas en el cuarto de estar. Era la voz de Janne, distorsionada. Estaria imitando a alguien, se le daba muy bien eso.

Los dedos de Oskar se cerraron alrededor de la cana de la bota. Si. No sabia por que, pero eso le hacia sentirse bien. Abrio la puerta de la calle con cuidado y la cerro tras de si. La noche era heladora; la nieve, un mar de pequenos diamantes a la luz de la luna.

Con las botas bien agarradas en la mano empezo a caminar hacia la carretera.

El vigilante dormia. Habian mandado a un policia joven despues de que el personal del hospital se quejara de que tenian que tener a una persona ocupada todo el tiempo vigilando a Hakan. La puerta, no obstante, estaba cerrada con una llave de seguridad para la que se necesitaba un codigo. Por eso el vigilante se atrevia a dormir.

Solo habia una pequena lampara encendida y Hakan, acostado, estudiaba las borrosas sombras del techo como si fuera un hombre sano tumbado en la hierba mirando las nubes. Buscaba formas y figuras en las sombras. No sabia si podia leer, pero tenia ganas de hacerlo.

Habia perdido a Eli y lo que habia dominado su vida anterior estaba a punto de volver. Le caeria una larga condena, y ese tiempo en la carcel iba a dedicarlo a leer todo aquello que no habia leido y acerca de todo aquello que se habia prometido a si mismo leer.

Estaba entretenido repasando todos los titulos de Selma Lagerlof cuando un sonido chirriante interrumpio sus pensamientos. Presto atencion. Volvio a chirriar. Venia de la ventana.

Volvio la cabeza todo lo que pudo, mirando hacia alli. Contra el cielo negro destacaba una figura oval mas clara, iluminada por la lampara. Al lado, otra figura mas pequena que se movia de un lado para otro. Una mano. Hacia senas. La mano arano la ventana y se volvio a oir el ruido chirriante y desagradable.

Eli.

Hakan se alegro de no estar conectado a ningun electrocardiografo cuando su corazon empezo a latir a toda velocidad, a temblar como un pajaro en una red. Veia su corazon explotandole en el pecho, arrastrandose por el suelo hasta la ventana.

Entra, querida. Entra.

Pero la ventana estaba cerrada, y, aun en el caso de que no hubiera sido asi, sus labios eran incapaces de formar las palabras que dieran a Eli acceso a la habitacion. A lo mejor podia hacer un gesto que significara lo mismo, aunque nunca habia acabado de comprender aquello del todo.

?Podre?

Con gran dificultad saco una pierna de la cama, despues la otra. Apoyo los pies en el suelo, intento ponerse en pie. Las piernas se negaban a soportar su peso despues de haber estado diez dias inmoviles. Se apoyo en la cama y a punto estuvo de caerse de lado.

El tubo del goteo se tenso tanto que tiraba de la piel donde estaba la via. Habia algun tipo de alarma conectada al tubo, un fino cable electrico que corria paralelo a el. Si desconectaba alguno de los extremos del tubo, saltaria la alarma. Acerco el brazo al pie del gotero de manera que el tubo se aflojo y se volvio hacia la ventana. La pequena figura oval estaba todavia alli, esperandole.

Tengo que hacerlo.

El pie de suero tenia ruedas, la bateria de la alarma estaba sujeta debajo de la bolsa. Se alargo hacia el, consiguio agarrarlo. Apoyandose en el aparato logro levantarse despacio, muy despacio. La habitacion daba vueltas ante su unico ojo cuando intento dar el primer paso; se paro. Escucho. La respiracion del vigilante seguia siendo tranquila.

A paso de hormiga consiguio arrastrarse por la habitacion. En cuanto las ruedas del gotero hacian el menor ruido, se paraba a escuchar. Algo le decia que aquella iba a ser la ultima vez que veria a Eli, y no pensaba…

cagarla.

Su cuerpo estaba tan cansado como despues de una maraton cuando por fin llego hasta la ventana y apreto su cara contra ella, de manera que la pelicula de gelatina que cubria su piel se pego contra el cristal e hizo que su cara empezara a arder de nuevo.

Solo el par de centimetros que habia entre los dos cristales separaba su ojo de los de su amada. Eli puso su mano sobre el cristal, como para acariciarle la cara destrozada. Hakan mantenia su ojo tan cerca como podia de los de Eli y, no obstante, la imagen empezo a deformarse. Los ojos negros de la nina desaparecian, se volvieron borrosos.

Habia dado por supuesto que sus glandulas lacrimales estaban

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