dado un golpe en la cabeza. Ahora, el unico efecto fue que sintio un terrible malestar y a los cinco minutos vomito una flema verde y las dos pastillas medio deshechas.
Siguio dando vueltas, rasgo un periodico en trozos diminutos, gateo por el suelo gimiendo de angustia. Fue gateando hasta la cocina, tiro la botella de vino de la mesa de forma que cayo al suelo y se rompio ante sus ojos.
Tomo uno de los cristales puntiagudos.
No lo penso. Solo apreto la punta contra la palma de la mano y el dolor le hizo bien, parecia de verdad. El banco de pececillos que tenia en el cuerpo se apresuro hacia el punto donde le dolia. Broto la sangre. Se llevo la mano a los labios y la lamio, chupo y la angustia ceso. Lloraba de alivio mientras se cortaba la mano por otro sitio y seguia chupando. El sabor de la sangre se mezclo con el de las lagrimas.
Acurrucada en el suelo de la cocina, con la mano apretada contra la boca, chupando con ansiedad como un nino recien nacido que mamara por primera vez del pecho de su madre, se sintio tranquila por segunda vez durante aquel dia terrible.
Despues de algo mas de media hora, tras levantarse del suelo, limpiar los cristales y ponerse una tirita en la palma de la mano, la inquietud empezo a aumentar de nuevo. Fue entonces cuando Lacke llamo a la puerta.
Una vez que lo hubo despachado, entro en la cocina y dejo la caja de bombones en la despensa. Se sento en una silla e intento entender algo. La inquietud se lo impidio. Enseguida tuvo que ponerse de pie. Lo unico que sabia era que nadie podia estar aqui con ella. Y menos Lacke. Le haria dano. La inquietud la obligaria a ello.
Habia contraido alguna enfermedad. Para las enfermedades habia medicinas.
Manana iria a visitar a algun medico, un medico que le hiciera una revision y le dijera: si, no es mas que un ataque de esto y esto. Tendremos que ponerte un poco de esto y esto durante unas semanas. Y despues estaras bien.
Paseo de un extremo a otro del piso. Empezaba a volverse insoportable de nuevo.
Se golpeo los brazos, las piernas, pero los pececillos se habian vuelto a despertar, no habia remedio. Ella sabia lo que tenia que hacer. Sollozo de miedo al dolor. Pero el dolor era tan corto y el alivio tan grande.
Entro en la cocina y busco un cuchillo pequeno de pelar fruta, bien afilado, luego se sento en el sofa del cuarto de estar, apoyo el filo del cuchillo en la parte interna del antebrazo.
Solo para poder pasar la noche. Manana iria a buscar ayuda. Se decia a si misma que no podia continuar de aquella manera. Bebiendo su propia sangre. Se decia a si misma: esto tiene que cambiar. Pero ahora y hasta que…
Se le lleno la boca de saliva, humeda, expectante. Se corto. Profundamente.
Sabado 7 de Noviembre (tarde)
Oskar quito la mesa y su padre frego. El eider estaba, por supuesto, muy bueno. Sin perdigones. No quedo mucho que fregar en los platos. Despues de comerse la mayor parte del ave y casi todas las patatas, limpiaron los platos rebanandolos con pan blanco. Era lo mas rico de todo. Echar solo salsa en el plato y mojarla con trozos de pan blanco esponjoso que casi se deshacian y luego se fundian en la boca.
Su padre no era precisamente «bueno cocinando», pero habia tres platos: el revuelto de sobras, los arenques fritos y las aves lacustres, que le salian bordados a fuerza de hacerlos. Al dia siguiente seguro que comian revuelto con las patatas y la carne de ave que habia sobrado.
Oskar habia pasado la hora antes de la comida en su cuarto. Tenia habitacion propia en casa de su padre; estaba un poco desangelada en comparacion con la de la ciudad, pero a el le gustaba. En su otro dormitorio tenia laminas y posters, un monton de cosas que cambiaba todo el tiempo.
Este sin embargo no cambiaba nunca, y eso era precisamente lo que le gustaba.
Se mantenia igual que cuando tenia siete anos. Cuando entraba alli, con su peculiar olor a humedad flotando en el aire tras el rapido calentamiento anterior a su llegada, era como si nada hubiera ocurrido desde… hacia mucho tiempo.
Aqui habia todavia tebeos del Pato Donald y de Bamse comprados durante los veranos de varios anos. Ya no leia aquellos tebeos en la ciudad, pero aqui si lo hacia. Se sabia las historias de memoria, pero las volvia a leer.
Mientras los olores de la cocina se fueron colando en la habitacion, habia estado tumbado en su cama leyendo un viejo tebeo del Pato Donald. El Pato Donald, los sobrinos y el Tio Gilito viajaban a un pais lejano donde no existia el dinero y las capsulas de los frascos de tranquilizantes del Tio Gilito se convertian en moneda fuerte.
Cuando dejo de leer se entretuvo un rato con los senuelos, anzuelos y plomos que tenia guardados en un viejo costurero que le habia dado su padre. Preparo un nuevo sedal con anzuelos sueltos, cinco, y ato el senuelo en el extremo para la pesca de arenques del proximo verano.
Despues cenaron, y cuando su padre termino de fregar jugaron a las cinco en raya.
A Oskar le gustaba estar sentado asi con su padre, con el papel cuadriculado sobre la mesa estrecha, con las cabezas inclinadas sobre el papel, cerca el uno del otro. El fuego crepitando en la cocina.
Oskar tenia cruces y su padre circulos, como de costumbre. Su padre no le dejaba ganar y hasta hacia unos anos habia sido mucho mejor que el, aunque Oskar ganara alguna partida de vez en cuando. Pero ahora la cosa estaba mas igualada. Quiza tuviera que ver con lo mucho que el habia trabajado con el cubo de Rubik.
Las partidas podian extenderse sobre la mitad del papel, lo que redundaba en beneficio de Oskar. Tenia buena memoria para acordarse de los casilleros en blanco que podian ocuparse dependiendo de lo que su padre hiciera, disimular un avance como si fuera una defensa.
Aquella noche era Oskar el que ganaba.
Tres partidas seguidas habian quedado ya cerradas y marcadas con una O encima. Solo una partida pequena, en la que Oskar se distrajo pensando en otras cosas, llevaba una P. Oskar puso una cruz, dejando dos lineas de tres abiertas en el centro de las que su padre solo podia cerrar una.
– Bueno, parece que he encontrado a mi contrincante.
– Eso parece.
Por respeto a las reglas, su padre cerro una de las lineas y Oskar completo la otra para tener cuatro. Su padre cerro un lado y Oskar puso su quinta cruz, hizo un circulo alrededor de todo y puso una bonita O. Su padre se rasco la barba de dos dias y echo mano a otro papel, amenazandolo con el lapiz.
– Esta vez voy a ganar yo sea como sea.
– Siempre se puede sonar. Tu empiezas.
Cuando llevaban cuatro cruces y tres circulos llamaron a la puerta. Al momento se abrio y se oyeron ruidos de alguien sacudiendose la nieve de los pies.
– Hola, ?hay alguien en casa?
Su padre levanto la vista del papel, se echo para atras en la silla y
