bombones no se habian pegado. Siguio por la calle Bjornsonsgatan, frente al supermercado ICA, con la caja en la mano.
TOMATE TRITURADO. TRES BOTES 5 CORONAS
Lacke seguia agarrando todavia la piedra que tenia en el bolsillo. Miro el anuncio, podia imaginarse la mano de Virginia moviendose hasta hacer aparecer por arte de magia las letras rectas e iguales. ?Hoy se habria quedado en casa descansando? Claro que seria muy propio de ella ir dando tumbos al trabajo antes de que la sangre siquiera hubiera tenido tiempo de coagular.
Cuando llego hasta el portal de Virginia echo una ojeada a sus ventanas. Apagado. ?Estaria en casa de su hija? Bueno, subiria de todas formas y le dejaria los bombones en la puerta. Estaba totalmente oscuro dentro del portal. Se le erizaron los pelos de la nuca.
Permanecio unos segundos sin pestanear, luego se precipito sobre el punto rojo iluminado del interruptor de la luz, lo pulso con el reverso de la mano en la que llevaba la caja de bombones. La otra mano apretaba con fuerza la piedra que tenia en el bolsillo.
Se oyo un suave golpe seco del rele del sotano cuando se encendio la luz. Nada. El portal de Virginia. Escaleras de hormigon de color amarillo con un dibujo de salpicaduras. Respiro profundamente un par de veces y empezo a subir las escaleras.
Justo entonces se dio cuenta de lo cansado que estaba. Virginia vivia en el piso de arriba, en el tercero, y sus piernas se arrastraron escaleras arriba como dos tablas inertes unidas a las caderas. Esperaba que ella estuviera en casa, que se sintiera bien, que le permitiera hundirse en su butaca de skay y no hacer otra cosa mas que descansar en el sitio en el que preferia estar. Solto la piedra del bolsillo y llamo a la puerta. Aguardo un poco. Volvio a llamar.
Habia empezado a tratar de colocar la caja de bombones en el picaporte cuando oyo pasos sigilosos dentro del piso. Se aparto de la puerta. Dentro, dejaron de oirse pasos. Ella estaba al otro lado.
– ?Quien es?
Nunca jamas Virginia habia preguntado eso antes. Uno llamaba, pin, pin, sonaban sus pasos y se abria la puerta. Pasa, pasa. El tosio, aclarandose la garganta:
– Soy yo.
Una pausa. Podia oir la respiracion de ella, ?o eran solo figuraciones suyas?
– ?Que quieres?
– Saber como te encuentras, unicamente. Otra pausa.
– No me encuentro bien.
– ?Puedo pasar?
Espero. Con la caja de bombones ante si ridiculamente agarrada con las dos manos. Se oyo un chasquido al abrirse el cerrojo, sonido de llaves cuando giro la cerradura de seguridad. Otro chirrido mas al quitar la cadena. El picaporte se movio hacia abajo y la puerta se abrio.
El, inconscientemente, dio medio paso atras, golpeandose la espalda con el remate del pasamanos. Virginia aparecio en el quicio de la puerta abierta. Parecia moribunda.
Ademas de la mejilla hinchada tenia la cara cubierta de pequenas, muy pequenas erupciones y sus ojos parecian reflejar la resaca del siglo. Una tupida red de lineas rojas cruzaban la esclerotica y las pupilas casi habian desaparecido. Ella asintio.
– Tengo una pinta horrorosa.
– Que va. Solo… creia que quiza… ?puedo pasar?
– No. No tengo fuerzas.
– ?Has ido al medico?
– Lo hare. Manana.
– Si. Aqui, yo…
Le alargo la caja de bombones que habia tenido todo el tiempo delante de el como un escudo. Virginia la cogio.
– Gracias.
– Oye, ?hay algo que yo pueda…?
– No. Me pondre bien. Solo necesito descansar. No tengo fuerzas para estar aqui de pie. Estaremos en contacto.
– Si. Voy a…
Virginia cerro la puerta.
– … manana.
De nuevo chirrido de cerraduras y cadenas. Se quedo con los brazos caidos delante de la puerta. Luego se acerco y trato de escuchar. Oyo que se abria un armario, pasos lentos dentro del piso.
No era asunto suyo obligarla a hacer algo que no quisiera, pero de buena gana la habria cogido y se la habria llevado a un hospital
Lacke bajo los escalones de uno en uno. Estaba muy cansado. Cuando llego al ultimo tramo antes de acceder al portal, se sento en el peldano de arriba, apoyando la cabeza entre las manos.
Yo soy… el responsable.
Se apago la luz. Los tendones del cuello se le tensaron, jadeo profundamente. Era el rele. Programado de antemano. Permanecio sentado en la escalera a oscuras, saco con cuidado la piedra del bolsillo del abrigo, la cogio entre las dos manos, mirando fijamente en la oscuridad.
Virginia dejo fuera el rostro suplicante de Lacke, cerro y echo la cadena de seguridad en la puerta. No queria que el la viera. No queria que la viera nadie. Le habia costado un gran esfuerzo decir las palabras que dijo, mostrar una especie de cordura elemental.
Su estado habia empeorado vertiginosamente desde que habia vuelto del ICA. Lotte la habia ayudado y, en el estado de aturdimiento en que se encontraba, Virginia habia soportado sin mas el dolor de la luz del sol en la cara. Una vez en casa se habia mirado en el espejo y habia descubierto que tenia cientos de pequenas ampollas en el rostro y en la piel del dorso de las manos. Quemaduras.
Habia dormido un par de horas y se habia despertado al anochecer. El hambre habia cambiado entonces de expresion, se habia convertido en inquietud. Un banco de pececillos con espinas nadando freneticamente invadia su circulacion sanguinea. No podia estar ni tumbada ni sentada ni de pie. Iba dando vueltas y mas vueltas por el piso, rascandose todo el cuerpo. Se dio una ducha fria tratando de atenuar aquella sensacion de nerviosismo y de agitacion. No sirvio de nada.
No se podia describir con palabras. Le recordaba la sensacion que tuvo cuando a los veintidos anos recibio la noticia de que su padre se habia caido del tejado de la casita de verano y se habia roto la nuca. Entonces tambien habia empezado a dar vueltas y mas vueltas, como si no hubiera un solo sitio en el mundo en el que su cuerpo pudiera estar, en el que no sintiera dolor.
Lo mismo ahora, solo que peor. El nerviosismo, la angustia no paraban un momento. Eso la arrastraba a dar vueltas por el piso hasta que no podia mas, hasta que se sento en una silla y se golpeo la cabeza contra la mesa de la cocina. En medio de la desesperacion se tomo dos pastillas Rohipnol y se las trago con un poco de vino blanco que sabia a desague.
Normalmente bastaba con una para que durmiera como si le hubieran
