Los endemoniados de Dostoievski, pero olvidaba lo que habia pasado en la pagina anterior, en la frase anterior, lo dejo.

Una cosa buena, a pesar de todo, habia traido consigo la noche: habia tomado una decision.

El domingo por la manana habia ido a casa de Virginia, habia llamado a la puerta. Nadie le abrio y se habia marchado de alli con la esperanza de que Virginia hubiera ido al hospital. De vuelta hacia su casa paso al lado de dos mujeres que estaban hablando, pillo algo acerca de un asesino al que la policia andaba buscando en el bosque de Judarn.

Santo Cielo, hay asesinos en cada puta esquina. Ya tienen los periodicos algo nuevo con que entretenerse.

Habian transcurrido ya algo mas de diez dias desde que cogieron al asesino de Vallingby y los periodicos empezaban a cansarse de especular acerca de quien podia ser, por que habia hecho lo que habia hecho.

En los articulos que se le dedicaron habia existido un tono exagerado de… si, regocijo ante el mal ajeno. Habian descrito con penoso esmero el estado actual en que se encontraba el asesino, asegurando que no podria abandonar el hospital al menos en seis meses. Al lado, un recuadro con datos sobre las consecuencias del acido clorhidrico, de manera que uno pudiera regodearse pensando en el dano que podia ocasionar.

No, a Lacke aquello no le producia ninguna satisfaccion. Solo le parecia que era espantosa la manera en que la gente se echaba encima de alguien que «habia recibido su castigo» y cosas por el estilo. Estaba totalmente en contra de la pena de muerte. No porque tuviera ningun concepto «moderno» de la justicia, no. Mas bien, uno antiquisimo.

Pensaba: si alguien mata a mi hijo, entonces yo mato a esa persona. Dostoievski hablaba mucho de perdon, de clemencia. Naturalmente. Por parte de la sociedad, totalmente de acuerdo. Pero yo, como padre del nino asesinado, estoy en mi absoluto derecho moral de matar al que lo ha hecho. Que luego la sociedad me condene a ocho anos o lo que sea en el talego, eso ya es otra cosa.

No era eso lo que Dostoievski queria decir, Lacke lo sabia. Pero el y Fedor tenian distintas opiniones a ese respecto, sencillamente.

Lacke iba pensando en esas cosas mientras se dirigia a su casa en la calle Ibsengatan. Una vez alli se dio cuenta de que tenia hambre, asi que cocio unos macarrones y se los comio con una cuchara directamente de la cazuela, con ketchup. Mientras vertia agua en la cazuela para que resultara mas facil fregarla despues, oyo un ruido sordo procedente del buzon.

Propaganda. No hacia caso de ella; ademas, no tenia un duro.

No. De eso se trataba precisamente.

Paso la bayeta por la mesa de la cocina y fue a buscar la coleccion de sellos de su padre, que guardaba en el aparador tambien heredado y cuyo transporte hasta Blackeberg habia constituido una pequena odisea.

Alli estaban. Cuatro ejemplares no timbrados de los primeros sellos que se emitieron en Noruega. Se agacho sobre el album, entorno los ojos fijandose en el leon que aparecia erguido sobre las patas traseras contra un fondo de color azul claro.

Genial.

Habian costado cuatro chelines cuando se emitieron en 1855. Ahora estaban valorados en… mas. El que estuvieran emparejados los hacia aun mas valiosos.

Eso era lo que habia decidido por la noche, mientras estaba acostado dando vueltas entre las sabanas: que habia llegado la hora. Lo sucedido con Virginia habia colmado el vaso. Y luego, encima, la incapacidad de los colegas para comprender, el darse cuenta de que no, no valia la pena codearse con personas asi.

Se iba a largar de aqui, y Virginia iba a hacer lo mismo.

Estuviera mal o no el mercado, algo mas de trescientos papeles le darian por los sellos, y otros doscientos por el piso. Despues se compraria una casa en el campo. Bueno, vale: dos casas. Una granja pequena. El dinero seria suficiente para eso y seguro que iba a funcionar. Tan pronto como Virginia se pusiera bien se lo iba a proponer, y el creia… bueno, estaba casi seguro de que ella lo iba a aceptar; mejor dicho, le iba a encantar.

Eso es lo que iba a ocurrir.

Lacke se sentia ahora mas tranquilo. Lo tenia todo bien claro. Lo que iba a hacer entonces y lo que iba a hacer en el futuro. Todo iba a salir bien.

Lleno de pensamientos agradables entro en el dormitorio, se echo sobre la cama para descansar cinco minutos y se quedo dormido.

– Los vemos en las calles y en las plazas y ante ellos nos preguntamos, nos decimos a nosotros mismos: ?que podemos hacer?

Tommy no se habia aburrido tanto en toda su vida. Ni siquiera hacia media hora que habia empezado la misa y ya pensaba que habria sido mas divertido sentarse en una silla mirando a la pared.

«Alabado seas, Senor» y «Canto de Gloria», y «Hosanna», si, pero ?por que permanecian todos ahi sentados sin quitar ojo como si estuvieran viendo un partido de clasificacion entre Bulgaria y Rumania? Eso no significaba nada para ellos, ni lo que leian en el libro ni lo que cantaban. Y parecia que tampoco significaba nada para el cura. Solo algo que tenia que hacer para ganarse el sueldo.

Ahora al menos habia empezado el sermon.

Si el cura sacaba a relucir justamente ese pasaje de la Biblia que Tommy habia leido, entonces lo haria. Si no, no.

El curita decide.

Tommy busco en el bolsillo. Las cosas estaban preparadas y la pila bautismal solo a tres metros de el, sentado en la ultima fila. Su madre estaba delante, probablemente para poder hacer chiribitas con los ojos a Staffan mientras este cantaba sus absurdas canciones con las manos entrelazadas sobre su polla de policia.

Tommy se mordio los labios. Esperaba que el cura dijera aquello.

– Vemos una inquietud en sus ojos, la inquietud de quien esta perdido y no encuentra el camino. Cuando veo a una de esas personas jovenes siempre me viene a la memoria la salida del pueblo de Israel de Egipto.

Tommy se quedo paralizado. Pero el cura tal vez no se centrara precisamente en eso. Tal vez seria algo del mar Rojo. De todas formas, saco las cosas del bolsillo: un encendedor y una briqueta. Le temblaban las manos.

– Porque asi es como debemos ver a esas personas jovenes que a veces nos dejan consternados. Caminan por un desierto de preguntas sin respuesta y con unas perspectivas de futuro poco precisas. Pero hay una gran diferencia entre el pueblo de Israel y la juventud de nuestros dias…

Vamos, dilo ya…

– El pueblo de Israel tenia alguien que lo guiaba. Seguro que recordais lo que dicen las Escrituras: «El Senor iba al frente de ellos, de dia en una columna de nube para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego, para iluminarlos». Esa columna de nube, esa columna de fuego es lo que les falta a los jovenes de nuestros dias y…

El cura bajo la vista buscando en sus papeles. Tommy ya habia prendido la briqueta, sujetandola entre el dedo pulgar y el indice. El extremo ardia con una llama azul y limpia que bajaba buscando sus dedos. Entonces aprovecho la ocasion: se agacho, dio un paso largo desde el banco y, echando la briqueta en la pila, se retiro rapidamente y volvio a sentarse. Nadie habia notado nada.

El cura volvio a levantar la vista.

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