un disparo cuando lo encuentre.

Tommy asintio, hizo como que estaba de acuerdo.

– Que lo cuelguen en el arbol mas cercano. El hombre se acaloro:

– Exacto. Es lo que yo he dicho todo el tiempo. Tenian que haberle puesto una inyeccion con veneno o algo ya en el hospital, como se hace con los perros rabiosos. Entonces nos habriamos librado de estar asi, constantemente aterrados, y de tener que asistir a esta busqueda desesperada pagada con el dinero de nuestros impuestos. Un helicoptero. Si, yo he pasado precisamente por alli, por Akeshov, y tienen un helicoptero arriba. Para eso si que hay dinero, pero para dar a los jubilados una pension de la que se pueda vivir despues de toda una vida de trabajo, para eso no hay. Si hay en cambio para mandar un helicoptero que zumbe alrededor y de un susto de muerte a los animales…

El monologo continuo hasta Vallingby, donde Yvonne y Tommy se bajaron mientras que el hombre siguio sentado. El tren iba a dar la vuelta, asi que lo mas probable era que pensara hacer el mismo recorrido para volver a ver el helicoptero y, quiza, repetir su monologo ante algun otro pasajero.

Staffan estaba esperandolos a la entrada del monton de tejas que parecia la iglesia de St Thomas.

Llevaba traje y una corbata de rayas palidas azules y amarillas que le recordo a Tommy aquella foto de la guerra con doble sentido: «Un tigre sueco». La cara de Staffan resplandecio al verlos y salio a su encuentro. Abrazo a Yvonne y tendio la mano a Tommy, que la estrecho y le saludo.

– Me alegro de que hayais venido. Especialmente tu, Tommy. ?Que te hizo…?

– Queria ver como era, solo eso.

– Mmm. Bueno, espero que te guste. Que podamos verte por aqui mas veces.

Yvonne puso la mano en el hombro de Tommy.

– Ha leido en la Biblia eso… eso de lo que vais a hablar.

– Que bien. Si, eso ha estado realmente… otra cosa, Tommy. No he encontrado el trofeo, pero… opino que lo mejor sera correr un tupido velo sobre el asunto, ?que me dices?

– Mmm.

Staffan esperaba que Tommy dijera algo mas, pero como no lo hizo, se volvio hacia Yvonne.

– Deberia estar ahora en Akeshov, pero… no queria perderme esto. Aunque despues, cuando terminemos, habre de irme, asi que tendremos que…

Tommy entro en la iglesia.

En las hileras de bancos habia solamente unas pocas personas mayores de espaldas a el. A juzgar por los sombreros eran mujeres.

La iglesia estaba iluminada por la luz amarilla de las lamparas situadas a lo largo de las paredes laterales. Entre las filas de bancos, una alfombra roja con figuras geometricas tejidas llegaba hasta el altar: un poyo de piedra sobre el que habian colocado jarrones con flores. Por encima de todo ello colgaba una gran cruz de madera con un Jesus modernista. La expresion de su rostro podia interpretarse facilmente como una sonrisa burlona.

En la parte de atras de la iglesia, al lado de la entrada, donde Tommy se encontraba, habia un soporte para folletos, un cepillo en el que poner el dinero y una gran pila bautismal. Tommy se acerco a la pila y la estuvo observando.

Perfecta.

Cuando la vio penso que estaba demasiado bien y que probablemente tuviera agua. Pero no. Toda ella, sacada de un unico bloque de piedra, le llegaba a Tommy a la cintura. La pila propiamente dicha era de color gris oscuro, estriada, y no contenia ni una gota de agua. Vale. Entonces seguimos adelante.

Saco de la cazadora una bolsa de plastico de dos litros, bien atada, que contenia un polvo blanco y echo un vistazo a su alrededor. Nadie miraba hacia alli. Hizo un agujero en la bolsa con el dedo y dejo caer su contenido en la pila.

Despues se guardo la bolsa vacia en el bolsillo y salio otra vez fuera mientras intentaba encontrar una buena razon para no sentarse al lado de su madre sino atras del todo, al lado de la pila bautismal.

Podia alegar que de ese modo no molestaria a nadie en caso de querer salir. Sonaba bien. Sonaba…

Perfecto.

Oskar abrio los ojos y sintio panico. No sabia donde se encontraba. El espacio a su alrededor estaba a oscuras, no reconocia aquellas paredes desnudas.

Estaba tumbado en un sofa. Tenia encima un edredon que olia bastante mal. Las paredes flotaban ante sus ojos, nadaban libremente en el aire mientras trataba de ubicarlas en el sitio correcto, colocarlas juntas de manera que formaran una habitacion que el pudiera reconocer. Pero no habia manera.

Se llevo el edredon a la nariz. Un olor a cerrado le lleno los orificios nasales e intento tranquilizarse, dejar de reconstruir la habitacion y en lugar de eso tratar de recordar.

Si. Ahora podia.

Su padre, Janne. Autoestop. Eli. El sofa. La tela de arana.

Miro al techo. Alli estaban las polvorientas telas de arana, dificiles de distinguir en la penumbra. Se habia quedado dormido junto a Eli en el sofa. ?Cuanto tiempo habria pasado desde entonces? ?Seria por la manana?

La ventana estaba tapada con mantas, pero por los bordes podia entrever debiles retazos de luz grisacea. Se quito el edredon y fue hasta la puerta del balcon, descorrio un poco la manta. Las persianas estaban bajadas. Las subio unos centimetros y si: habia amanecido ahi fuera.

Le dolia la cabeza y la luz le hacia dano en los ojos. Resoplo, solto la manta y se paso las dos manos por el cuello, por la nuca. No. Claro que no. Ella le habia dicho que ella nunca…

Pero ?y ella donde esta?

Recorrio la estancia con la vista; sus ojos se detuvieron en la puerta cerrada de la habitacion en la que Eli se habia cambiado el jersey. Dio unos pasos hacia ella, se detuvo. La puerta permanecia en la sombra. Oskar cerro los punos, se chupo uno de ellos.

Y si ella realmente… dormia en un ataud.

Que tonteria. ?Por que iba a hacer eso? ?Por que lo hacian los vampiros? Porque estan muertos. Y Eli dijo que ella no…

Pero si…

Siguio chupandose el puno, lo recorrio con la lengua. Su beso. La mesa con comida. Solo el hecho de que ella pudiera hacer eso. Y los dientes… Dientes de animales carnivoros.

Si hubiera algo mas de luz.

Al lado de la puerta estaba el interruptor de la lampara del techo. Lo pulso sin creer que fuera a ocurrir nada. Pero si. La lampara se encendio. Apreto los parpados para protegerse de aquella luz tan fuerte, dejo que los ojos se acostumbraran a la luz antes de volverse hacia la puerta; apoyo la mano en el picaporte.

La luz no le ayudaba en absoluto, mas bien lo contrario: todo parecia aun mas desagradable ahora que la puerta era solo una puerta normal y corriente. Igual que la de su propia

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