cerebro independiente. Este nuevo cerebro, durante su formacion, ha dependido del cerebro grande. Ahora es autosuficiente, y lo que Virginia sintio durante un terrible instante es totalmente cierto: que viviria aunque su cuerpo muriera.

Virginia abrio los ojos y supo que estaba despierta. Lo supo aunque el hecho de abrir los parpados no supusiera ninguna diferencia. Estaba igual de oscuro que antes, pero se desperto su consciencia. Si. Su consciencia le hacia guinos a la vida al tiempo que otra cosa se escondia.

Como…

Como llegar a una casita de verano que ha estado deshabitada durante el invierno. Uno abre la puerta, alarga la mano buscando el interruptor de la luz y en el mismo instante en que esta se enciende se oye el rapido chasquido, los aranazos de pequenas patas en el suelo; uno capta el rastro de una rata que desaparece bajo el fregadero.

Uno se siente molesto. Sabe que ha vivido alli mientras el estaba fuera. Que considera la casa como suya. Y que va a salir de nuevo tan pronto como apague la luz.

No estoy sola.

Sentia la boca como papel. No tenia tacto en la lengua. Siguio tumbada, pensando en la casita que ella y Per, el padre de Lena, alquilaron durante algunos veranos cuando Lena era pequena.

El nido que habian encontrado debajo del fregadero. Habian roido en trozos pequenos algunos cartones vacios de leche y un paquete de cereales y construido una casita, una construccion fantastica de trozos de papel de distintos colores.

Virginia sintio una especie de remordimiento cuando aspiro la casita. No, mas que eso. Un sentimiento supersticioso de transgresion. Cuando paso la trompa fria y metalica de la aspiradora sobre aquella edificacion tan fragil y delicada, a la que la rata habia dedicado todo el invierno, sintio como si estuviera expulsando de alli a un espiritu bueno.

Y asi fue. Como la rata no caia en las ratoneras y seguia alimentandose de la comida de ellos, Per puso raticida. Discutieron a causa de ello. Habian discutido por otras cosas. Por todo. A principios de julio la rata murio, en algun sitio dentro de la pared.

A medida que el olor del cuerpo muerto y putrefacto de la rata se extendia por todas partes, tambien su matrimonio fue descomponiendose aquel verano. Habian vuelto a casa una semana antes de lo previsto, puesto que no soportaban ni el hedor ni el uno al otro. El espiritu bueno los habia abandonado.

?Que habra sido de la casa? ?Vivira alguien alli ahora?

Oyo un chillido, agitacion.

?Es una rata! ?Entre las mantas!

Sintio panico.

Aun envuelta se echo hacia un lado, dio contra las puertas del armario de manera que estas se abrieron y cayo rodando al suelo. Dio patadas y agito los brazos hasta que consiguio liberarse.

Asqueada se arrastro hasta la cama, hacia el rincon, puso las rodillas debajo de la barbilla y se quedo mirando fijamente el monton de edredones y mantas esperando algun movimiento. Cuando llegara, iba a gritar. Gritaria tanto que vendrian todos los vecinos con martillos, con hachas y darian golpes en el monton hasta que la rata muriera.

El edredon que estaba encima era verde con lunares azules. ?No se movia algo alli? Tomo aire antes de gritar y el chillido, la agitacion se oyo de nuevo.

Yo… respiro.

Si. Habia sido la ultima constatacion que hizo antes de quedarse dormida: que no respiraba. Entonces volvio a respirar. Para comprobarlo tomo aire de nuevo y volvio a oir otra vez el chillido, la agitacion. Venia de sus pulmones. Se habian resecado mientras ella dormia, hacian ruido. Tosio, y sintio en la boca un sabor a podrido.

Recordo. Todo.

Se miro los brazos. Estaban cubiertos de estrias de sangre reseca, pero no se veia ninguna herida o cicatriz. Se concentro en la zona del pliegue del codo, donde sabia que se habia cortado por lo menos dos veces. Puede que se viera una estria de piel rosada. Si. Posiblemente. Todo lo demas se habia curado.

Se froto los ojos y miro el reloj. Las seis y cuarto. Era por la tarde. Oscuro. Volvio a mirar hacia el edredon azul, los lunares azules.

?De donde viene la luz?

La lampara del techo estaba apagada, fuera era de noche, las persianas estaban bajadas. ?Como era posible que ella viera todos los contornos y los matices de los colores con tanta nitidez? Dentro del armario estaba oscuro como boca de lobo. Alli no veia nada, pero ahora… era como a la luz del dia.

Algo de luz siempre se filtra.

?Respiraba?

No habia manera de comprobarlo. En cuanto empezaba a pensar en la respiracion comenzaba tambien a controlarla. Tal vez solo respirara cuando pensaba en ello.

Pero aquella primera respiracion, la que confundio con una rata… no habia sido algo voluntario. Aunque puede que solo hubiera sido como un… como un…

Cerro los ojos.

Ted.

Lo habia visto nacer. Al hombre que era el padre de Ted, Lena no lo habia vuelto a ver desde la noche en que se quedo embarazada de Ted. Algun hombre de negocios finlandes que se encontraba en Estocolmo en una conferencia y esas cosas. Asi que Virginia habia presenciado el parto. No dejo de dar la lata hasta que lo consiguio.

Y entonces se le vino a la cabeza. Las primeras inspiraciones cuando Ted empezo a respirar.

Como habia nacido. Aquel cuerpecillo sucio, amoratado, apenas humano. El vuelco de alegria que sintio en su pecho se torno en un mar de inquietud al ver que el nino no respiraba. La comadrona que con calma habia cogido en sus manos a aquel pequeno ser. Virginia habia creido que lo sujetaria boca abajo y le daria un azote en el culo, pero justo cuando la comadrona lo tomo en sus brazos se le formo una pompa de saliva en la boca. Una pompa que crecia, crecia… y exploto. Y despues vino el llanto, el primer llanto. El nino respiraba. ?Entonces?

?La primera respiracion chillona de Virginia habia sido eso? ?El llanto de… un nacimiento?

Se estiro, se puso boca arriba en la cama. Siguio pasando su pelicula personal del parto. Como habia sido ella quien habia lavado a Ted porque Lena estaba muy debil, habia perdido mucha sangre. Si. Despues de que Ted saliera habia corrido la sangre por la camilla del parto, y las enfermeras alli, con papel, un monton de papel… Poco a poco habia dejado de sangrar.

El monton de papel ensangrentado, las manos rojas de la comadrona. Calma, eficacia pese a toda… la sangre. Toda la sangre.

Sentia sed.

Tenia la boca pastosa y pasaba la cinta una y otra vez, hacia zoom en todo lo que estuviera cubierto de sangre: las manos de la comadrona para deslizar la lengua por aquellas manos, las pelotillas empapadas del suelo para meterselas en la boca y chuparlas, el cono de Lena del que salia un hilillo de sangre que…

Se puso de pie de un salto, corrio hasta el cuarto de bano, levanto la tapa de un golpe, puso la cabeza en la taza. No salio nada. Solo arcadas secas, nauseas. Apoyo la frente en el borde de la taza. Las imagenes del parto volvieron a pasar en tropel una vez mas.

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