– Parece sangre seca -sugirio-. ?Que puede significar?
– Significa -respondio Fidelma, irguiendose- que tendremos que pasar la noche en vela para vigilar las actividades de nuestro amigo, el hermano Bardan. Creo que empiezo a ver algunas pautas coincidentes.
– ?Algo que podais compartir conmigo? -pregunto Eadulf, molesto por la misteriosa actitud de su amiga.
– Ya habra ocasion para ello -le respondio Fidelma-. Antes, quiza nos siente bien descansar antes de la cena, ya que puede esperarnos una larga noche.
Al salir del huerto, Fidelma miro a su alrededor como si buscara algo. Entonces senalo una pequena hornacina.
– Ese es un buen lugar desde el que vigilar. Por la noche permaneceremos en la penumbra y ademas hay un asiento para poder observar el patio comodamente.
– Pero, ?que vamos a vigilar?
– Al hermano Bardan, por supuesto.
La campana llamaba a la ultima misa del dia. Eadulf se apresuraba por el pasillo para llegar a tiempo a la capilla. Fidelma habia decidido iniciar la guardia voluntaria, insistiendo en que Eadulf se uniera a la comunidad para que su ausencia no llamara la atencion. Si alguien le preguntaba donde estaba, debia decir que se encontraba agotada y que por ello se habia recogido temprano. Lo cierto es que a Eadulf le complacio poder asistir a la misa, porque empezaba a sentirse culpable por faltar a tantas observancias desde su llegada a la abadia.
Se unio a la fila de hermanos que entraba por la silleria de la capilla. Encontro un buen lugar en un banco frente al altar mayor; se puso de rodillas con las manos extendidas ante si para iniciar su oracion. Abrio la boca, pero las palabras no le salieron. Trago saliva.
Acababa de advertir al hermano Bardan en una hornacina algo apartada, en el lado de la capilla. El monje parecia estar hablando de algo serio, moviendo una mano como si de este modo diera enfasis a sus palabras. Se movio un poco hacia un lado, dejando ver a la persona con quien tan animadamente conversaba. Eadulf habia tragado saliva al reconocer al interlocutor.
Era el primo de Fidelma, Finguine, el principe de Cnoc Aine. No habia nada de sospechoso en que Bardan conversara con el principe de Cnoc Aine; lo extrano era el modo en que lo hacia. Ambos sonreian, como si fueran complices de una broma.
El hermano Bardan debio de advertir que la misa iba a comenzar, ya que le dijo algo a Finguine y se apresuro por la nave lateral de la capilla con las manos delante, plegadas, y la cabeza gacha, contra el pecho, en actitud reconcentrada y meditativa.
Finguine vacilo un momento, miro a su alrededor como si quisiera asegurarse de que nadie lo observaba, y salio de la capilla por una puerta lateral.
El abad Segdae empezo la misa.
Poco le falto a Eadulf para soltar un reniego. Al instante hizo una genuflexion como penitencia. Si hubiera visto al hermano Bardan y a Finguine antes de sentarse… Ahora no podia abandonar la capilla antes de concluir el oficio. Habria dado cualquier cosa por saber de que habian estado hablando.
Los rituales de la ceremonia discurrieron con una lentitud interminable. Finalmente, en cuanto pudo salir de la capilla, acudio de inmediato al patio del claustro, donde Fidelma aguardaba sentada en la penumbra de la hornacina. Echando una rapida mirada a los lados para comprobar que no habia nadie por alli, se agacho para entrar en el nicho. No tardo nada en contarle lo que habia visto.
Ella lo escucho con sosiego.
– Es la segunda vez que hemos visto al hermano Bardan y a Finguine conversando. Primero en casa de Nion, y ahora aqui. Eso y el embuste del hermano Bardan sobre Mochta dan que pensar.
– Entonces, ?que vamos a hacer? -pregunto Eadulf.
Fidelma miro hacia arriba y le sonrio en la oscuridad.
– Seguiremos con nuestro plan. Nos quedaremos aqui para ver si mi sospecha es justificada. Creo que el hermano Bardan hara una visita al huerto antes de que acabe la noche.
– Es ridiculo -se lamento Eadulf, si bien no por primera vez-. El hermano ya no vendra. Es demasiado tarde.
Todavia estaban sentados en la hornacina del patio. Refrescaba y ya hacia rato que Eadulf habia desistido de contar las horas que la campana habia dado: la medianoche y el silencio reinaban en la abadia. Habrian pasado horas. No faltaria mucho para que la campana tocara a laudes. Pronto naceria un nuevo dia.
– Callad. Debeis tener paciencia -le exhorto Fidelma.
– Es que estoy cansado, tengo frio, quiero irme a la cama, quiero dormir y…
Fidelma le hizo callar de golpe al darle un codazo en las costillas.
Alguien se acercaba. Vieron una sombra pasar por el claustro antes de cruzar el patio a la luz de la luna. Portaba una lampara, pero apagada. Fidelma vio, para su complacencia, el gran
Como ya esperaban, la figura se dirigio hacia la arcada que separaba la parte del claustro del huerto y paso por debajo. Fidelma se levanto sin perder tiempo, casi arrastrando a Eadulf con ella. Con sigilo, cruzaron los pasillos del claustro hacia la entrada del huerto. Llegaron justo en el momento en que la figura se detenia ante la puerta que daba al exterior de la abadia. Pudieron oir como descorria los cerrojos con discrecion, y luego el leve chirrido de las bisagras al abrirse y cerrarse la puerta.
Fidelma susurro enseguida:
– ?Deprisa! No debemos perderle de vista.
Eadulf la siguio, musitando una queja ronca. No estaba preparado para aventurarse por los inseguros aledanos de la abadia y tampoco llevaba el bordon, del que se habia encarinado desde el encuentro con el lobo. Sin embargo, no se le habia ocurrido llevarlo para aquella vigilia nocturna.
– ?Estais segura de que es el hermano Bardan? ?Hemos de seguirle mas alla de la abadia? ?Y los lobos?
Fidelma no se molesto en responderle, y se lanzo de inmediato a cruzar el huerto con una rapidez que asombro a Eadulf, pues se vio obligado a aligerar el paso para poder alcanzarla. Dado que la puerta tenia todos los cerrojos descorridos, no les costo nada pasar al campo que habia al otro lado.
La luna todavia estaba en lo alto, redonda y casi llena, por lo que fuera de la penumbra de la abadia no era noche cerrada, sino que habia algo de luz. El cielo aparecia sereno y el azul oscuro de la boveda celeste era un manto de luces titilantes. Tras las cumbres de las montanas del este, la claridad anunciaba la aurora. Fidelma tiro de Eadulf bajo la penumbra del muro de la abadia y senalo con el dedo.
Ahora se veia con toda claridad la figura del hermano Bardan, que avanzaba campo traviesa a cierta distancia de alli. Mantenia la cabeza adelantada e iba a paso rapido. En vano Fidelma busco algun lugar donde esconderse. El hermano Bardan se alejaba por un campo cubierto de brezo, sin arboles ni edificio alguno.
Con un suspiro, Fidelma hizo una sena indicando a Eadulf que la siguiera, y echo a andar, presurosa, tras la figura, a la que estaban perdiendo de vista. Si el hermano Bardan se hubiera dado la vuelta seguramente los habria visto, y no tenian ninguna buena razon que justificara su persecucion en pos del boticario.
Pasado un rato vieron con claridad que el hermano Bardan se dirigia hacia la oscura silueta de un edificio que quedaba en una esquina de un enorme campo, al otro lado de la hilera de tejos. Parecia una pequena capilla de piedra. En medio de la oscuridad, se apreciaba que podia medir unos cinco metros de alto y seis de largo; mas que una capilla, era un minusculo oratorio. Daba la impresion de que estaba hecha de piedra, y las paredes parecian confluir en el tejado.
El hermano Bardan desaparecio en el interior del edificio.
Fidelma se detuvo en seco y miro en derredor aprovechando la luz de la luna.
– Si sale, nos vera enseguida -observo Eadulf, afirmando algo evidente.
Fidelma senalo una arboleda que habia no muy lejos.
