– Solo podemos escondernos alli. Esperaremos tras los arboles hasta que salga.

– ?Creeis que el hermano Bardan ha venido a encontrarse con alguien? -pregunto Eadulf cuando se hubieron ocultado.

– La especulacion sin conocimiento es arriesgada -respondio Fidelma recurriendo a un axioma favorito que le encantaba repetir.

– Vos sospechais que no esta tramando nada bueno.

– Yo no lo juzgo.

– Pero alguna idea tendreis de sus intenciones, ?no? -se quejo Eadulf.

– Publio Silo escribio que un juicio precipitado es el primer paso para verse obligado a retractarlo. Esperaremos a ver que sucede.

Eadulf bufo, apoyandose contra el tronco de un arbol. El suelo estaba cada vez mas humedo por la proximidad del alba, asi que busco madera seca para sentarse. Fidelma encontro un tocon, donde se sento y desde el cual veia bien el acceso al edificio.

Eadulf se reclino y exhalo un suspiro. Cerro los ojos. Un momento despues -o eso le parecio los abrio y, sorprendido, vio la claridad plomiza del amanecer. La boca pastosa le revelo que se habia quedado dormido. Bostezo parpadeando varias veces seguidas. Se notaba agarrotado e incomodo. Miro a Fidelma.

Seguia sentada en el tocon, ligeramente inclinada con los brazos cruzados sobre las rodillas. Miro a Eadulf mientras se despertaba.

– ?Cuanto rato…? -dijo con la voz grave y la boca seca.

– ?Cuanto rato has estado durmiendo? Lo bastante para que amaneciera -dijo sin ningun tono de reproche.

– ?Que ha ocurrido?

Fidelma descruzo los brazos y se estiro sin levantarse.

– Nada. El hermano Bardan no ha vuelto a salir del edificio.

Eadulf miro hacia el edificio, que ahora se distinguia bajo la luz grisacea.

Formaba una repisa de piedra gris, y era grande y rectangular. Las paredes, de mamposteria sin mortero, estaban construidas en pendiente y hacia fuera para desviar la lluvia. Las dimensiones que habian imaginado bajo la luz de la luna eran las correctas.

– Es una pequena capilla -dijo Eadulf.

– Si que lo es -coincidio Fidelma-. Un oratorio donde recogerse para rezar.

– ?Y el hermano Bardan no ha salido? -se pregunto Eadulf-. ?Que habra estado haciendo tanto tiempo ahi dentro?

– Tal como habeis sugerido, puede que se haya encontrado con alguien. Tened paciencia.

Eadulf contuvo un resoplido. Tenia una sed inusual y su estomago empezaba a quejarse.

– Desearia haber traido algo para beber o que llevarme a la boca.

– Paciencia -repitio Fidelma, sin inmutarse lo mas minimo.

Eadulf sentia frustracion.

– ?Paciencia! -se quejo-. Puede ser una excusa para la flaqueza en los propositos disfrazada de virtud.

Fidelma no reacciono contra su irritacion, sino que se mantuvo en silencio.

Pasaba el tiempo. El sol no tardo en aparecer por el este en el horizonte; los primeros rayos sobre las llanuras tras las montanas fueron palidos y tenues. El hermano Bardan seguia sin aparecer. La campana de la abadia anunciaba ya el primer oficio del dia.

De pronto, Fidelma se puso en pie con evidente decision.

– ?Y ahora que? -pregunto Eadulf, sin saber que tenia en mente.

– Dado que el hermano Bardan no ha aparecido, entraremos para ver que trama. Diria que al final nos ha visto seguirle. Por ese motivo sigue ahi dentro.

Sin mas dilacion, Fidelma se dirigio al edificio a traves del brezal, con Eadulf a un lado.

En la entrada de la capilla solo cabia una persona a la vez, y tenia que agacharse. Como el edificio carecia de ventanas, el interior estaba totalmente a oscuras. Fidelma entro primero y espero un par de minutos para acostumbrar la vista al cambio de luz. La luz grisacea del amanecer penetro a traves de la entrada de la capilla. Eadulf venia detras.

De pie, justo delante de la puerta, contemplaron el lugar sin dar credito.

El oratorio estaba vacio.

CAPITULO XVII

En el interior no habia lugar alguno donde pudiera ocultarse una persona. El suelo estaba enlosado, y solo habia una pequena mesa en el altar y, encima, en un extremo, una cruz de madera labrada. A ambos lados de esta se veian dos velas de sebo apagadas en palmatorias de metal. Delante de la cruz se destacaba un cuenco lleno de flores secas y mustias.

No habia asomo de duda: el oratorio estaba vacio. Eadulf trato de no parecer sabiondo al decir:

– No lo habreis visto salir.

– La entrada ha estado a la vista todo el tiempo. Despues de entrar no ha vuelto a salir -dijo con firmeza a la vez que examinaba el interior, incredula.

– Los hechos contradicen lo que decis.

Fidelma lo fulmino con la mirada.

– A diferencia de vos, yo no he cerrado los ojos.

Eadulf se permitio una sonrisa de superioridad, pero no dijo nada mas.

Saltaba a la vista que Fidelma estaba perpleja. La unica explicacion que se le ocurria era que el hermano Bardan habia salido del oratorio por un lugar distinto al de la puerta. Pero no habia otra forma de salir.

Con un suspiro, decidio desistir del intento de comprender lo incomprensible.

– Regresemos a la abadia. Un estomago vacio no ayuda a pensar adecuadamente en el problema -propuso Eadulf.

El sol empezaba a calentar y el dia a levantarse. Aqui y alla crecian bancos de niebla. No tardaron mucho en regresar a la abadia a traves de los campos de brezos. La puertecilla que daba al huerto seguia abierta.

Fidelma se detuvo a mirar con detenimiento los cerrojos.

– Bueno, eso demuestra una cosa.

Eadulf la miro con extraneza y examino la barra y las armellas de los cerrojos.

– ?He pasado algo por alto?

– El que los cerrojos no esten corridos indica que el hermano Bardan no ha regresado por aqui.

– ?Como podeis estar segura?

– Porque el hermano Bardan ha salido de la abadia por esta puerta descorriendo los cerrojos. Logicamente no ha podido correrlos desde fuera. Sin embargo, si hubiera regresado por esta puerta, los habria corrido para cerrar. El hermano Bardan aun esta fuera de la abadia -dijo, dando una sacudida con la cabeza para indicar el oratorio-. Aunque sigo sin entender como nos ha esquivado.

A Eadulf no se le ocurria que responder.

Pasaron a traves del huerto y del patio y siguieron por los pasillos del claustro. La abadia habia despertado.

Ante ellos aparecio la figura taciturna y falconida del abad Segdae.

– No habeis asistido a laudes -dijo para saludarles, pero con cierto reproche en el tono.

– No -repitio Fidelma enseguida-. Teniamos muchas cosas que hacer. ?Podeis indicarnos donde se encuentra el hermano Bardan? Me gustaria hablar con el, pero por lo visto ha salido de la abadia.

El abad Segdae no parecio sorprendido al explicar:

– Su rutina consiste en salir de buena manana en busca de hierbas curativas. Seguramente ya se habra

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