ido.
– ?De manera que es habitual que el hermano Bardan salga tan temprano de la abadia?
– Asi es.
Fidelma fingio cambiar de tema.
– El otro dia, no muy lejos de la abadia, vi una pequena capilla en la que no me habia fijado antes -prosiguio, reanudando el paso junto al abad Segdae por los corredores.
Eadulf los siguio de mala gana. Tenia la cabeza puesta en llegar al refectorio y saciar la sed y el hambre que lo martirizaban.
– Ah, os referis al pequeno santuario del Santisimo Ailbe.
– Un viejo oratorio con repisa de piedra.
– Ese es. Se halla en medio de un brezal -confirmo Segdae-. Es curioso.
– ?El que? -pregunto Eadulf.
– El
– ?Solam?
No parecia que el abad Segdae hubiera notado la tensa reaccion de Fidelma.
– El lugar se llama Gort na Cille -les explico el anciano.
– El «campo de la iglesia»; parece un nombre mas que apropiado -observo Fidelma recobrando la compostura-. ?Y por que preguntaba Solam por el?
– No lo se. Hay gente que cree que el agua que de alli sale tiene propiedades curativas si uno se bana en ellas antes del amanecer -les conto.
Eadulf, que queria saciar la sed, rezongo. Si hubiera sabido que alli habia un manantial, ahora no estaria sufriendo. Trato de recordar donde podria estar situada esa fuente.
– ?De donde sale, padre abad? -pregunto Eadulf inocentemente-. No recuerdo haber visto ningun arroyo en ese campo.
El abad Segdae dijo, moviendo la cabeza en senal de negacion:
– No hay ningun arroyo; solo un pozo. Se le llama Tobar na Cille… el pozo de la Iglesia. Por eso se construyo una capilla encima. El pozo esta en el propio oratorio.
Fidelma se paro de golpe.
– ?Os referis a que hay un pozo
Segdae la miro, algo extranado.
– Oh, si. Una de las losas tiene bisagras para poder levantarla. Esta detras de la mesa del altar.
Habian llegado a la puerta de la celda del abad, donde le esperaban varios miembros de la comunidad para hablar con el.
– ?Sabeis donde esta ahora el abogado Ui Fidgente? -pregunto Fidelma.
– Apenas hace unos quince minutos que le he visto, al regresar del oficio matinal. Pero no se adonde ha ido.
De pronto, el rostro de Fidelma reflejo una intencion curiosa; dio las gracias al perplejo abad y se marcho a toda prisa con Eadulf a la zaga. Este volvio a quejarse con un grunido cuando Fidelma cambio el curso.
– Por aqui no se va al refectorio, Fidelma -protesto.
Ella lo hizo callar haciendo una abrupta sena con la mano.
– ?No os dais cuenta? -le exhorto.
Movio la cabeza, desconcertado.
– ?De que?
– El misterio de la desaparicion del hermano Bardan tienen una explicacion.
– ?Me estais diciendo que el hermano Bardan se ha escondido de nosotros en la cavidad de un pozo?
– Quiza la cavidad del pozo tenga otro uso. Debemos regresar sin dilacion y averiguarlo. Lo que no me gusta nada es que Solam haya preguntado por el oratorio. ?Que sabra al respecto?
Eadulf se detuvo inesperadamente, y empezo a decir con expresion desafiante:
– Yo no pienso volver ahi…
Pero al ver el centelleo en la mirada de Fidelma, anadio:
– … a menos que me lleve algo de comida y bebida.
Fidelma lo acompano al refectorio con impaciencia. Las largas mesas estaban casi vacias, pues la mayoria de la comunidad ya habia desayunado e iniciado sus labores diarias.
– Podemos llevarnos algo de comer -sugirio Fidelma-. No hay tiempo que perder. Solam trama algo, estoy segura.
Eadulf cogio un par de barras de pan recien horneado que todavia estaban calientes. Al pan anadio varios trozos de embutidos, queso y fruta. Vio un
– Regresemos ahora a Gort na Cille -le dijo cuando Eadulf le indico que estaba listo.
Saliendo del refectorio Eadulf no pudo resistir la tentacion de tomar un pedazo de pan y otro de carne y meterselos en la boca, con tal deleite, que la boca se le hizo agua al masticar.
A su regreso al oratorio, el dia ya era mas calido. Habian vuelto a salir de la abadia por la puerta del huerto y, que ellos supieran, nadie les habia visto. A la altura del campo donde se hallaba el minusculo oratorio, Eadulf ya habia devorado casi toda la parte de comida que le correspondia. Fidelma no tenia hambre. Le basto con beber agua del recipiente que habian traido.
El oratorio seguia estando vacio y en penumbra.
Eadulf encendio una de las velas del altar para facilitar la localizacion de la losa que cubria la entrada del pozo. No les costo nada dar con ella, ahora que sabian lo que estaban buscando. En la losa habia incrustada una anilla de hierro. Eadulf se inclino para tirar de ella. Casi se cayo de espaldas, ya que la losa estaba sujeta a una suerte de mecanismo giratorio, el cual permitia levantarla sin esfuerzo.
A sus pies aparecio un profundo agujero negro.
Eadulf avanzo la vela. De poco sirvio, salvo para iluminar el primer metro.
– Oscuridad absoluta -musito-. En esa negrura nadie podria esconderse.
– Examinad la vela -le aconsejo Fidelma.
– ?Que la examine? -pregunto Eadulf sin comprenderla-. ?A que os referis?
– La vela tiembla al sostenerla sobre la boca del pozo. ?Eso nos os sugiere algo?
Eadulf contemplo en silencio la llama tremula. Luego miro el acceso al pozo. Empezo a entender lo que Fidelma queria decir.
– ?Del pozo sale una corriente de aire y vos creeis que indica que ahi abajo hay algo mas que agua?
– Eso, ademas de otro hecho -preciso Fidelma-. ?Veis eso…? Es una escalera de madera fijada a la pared del pozo. ?Para que iba a hacer falta una escalera que baje a un pozo?
Eadulf se asomo a la negrura con recelo.
– Esta oscuro. Mas vale que baje a mirar.
Le paso la vela a Fidelma, que movio la cabeza con desaprobacion.
– Yo peso menos que vos. No sabemos si la escalera es firme.
Antes de que el sajon abriera la boca, Fidelma ya estaba sobre los peldanos, descendiendo a la oscuridad.
– Parece bastante firme -le grito instantes despues.
Eadulf la perdio de vista al adentrarse en la negritud del hoyo.
– Os hara falta una vela para ver algo -le grito desde arriba.
No obtuvo respuesta.
– ?Fidelma! -grito Eadulf, preocupado.
No tardo en volverla a oir.
– Estoy bien. He encontrado un tunel con una tenue luz.
– Entonces voy a bajar.
Se paso el
