por tanto nunca dormiria en una de sus camas antiguas de baldaquin.

Nueva Orleans era el lugar donde estaban enterrados los cuerpos importantes, no los de los hombres que despache para el Hombre Justo.

Cuando hablo de los cuerpos importantes, me refiero a los de mis padres y los de mi hermano pequeno Jacob y de mi hermana pequena Emily, todos ellos muertos alli, y no tenia la menor idea de donde podian haber colocado ninguno de esos cuerpos.

Recorde algunas conversaciones sobre una trama referida al viejo cementerio de Saint Joseph, en Washington Avenue, en el barrio peligroso. Mi abuela habia sido enterrada alli. Pero nunca fui a aquel lugar, que yo recuerde. A mi padre debieron de enterrarlo junto a la prision en la que fue acuchillado.

Mi padre era un policia desastroso, un marido desastroso, un progenitor desastroso. Lo mataron cuando habia cumplido dos meses de una condena a cadena perpetua. No. No sabia donde encontrar una tumba en la que colocar flores para ninguno de ellos, y de hacer una cosa asi, no las colocaria en la tumba de el.

Muy bien. Asi pues, podeis imaginar como me senti cuando el Hombre Justo me dijo que tenia que dar el golpe en la Posada de la Mision.

Un sucio crimen iba a manchar mi consuelo, mi diversion, mi delirio controlado, mi santuario. Puede que fuera Nueva Orleans lo que buscara en su regazo, solo porque era antiguo e inestable y sin sentido y deliberada y accidentalmente pintoresco.

Dadme sus glorietas sombreadas por emparrados, sus innumerables tiestos toscanos desbordantes de geranios de pensamiento y naranjos, sus largos porches de tejas rojas. Dadme sus interminables barandillas de hierro con su dibujo de cruces y campanas. Dadme sus abundantes fuentes, sus pequenas estatuas de angeles de piedra gris sobre los dinteles de las suites, incluso sus nichos vacios y sus campanarios caprichosos. Dadme sus contrafuertes en saledizo que rodean las tres ventanas de aquella habitacion en alto.

Y dadme las campanas que tocaban alli a todas horas. Dadme la vista desde las ventanas de las montanas lejanas, a veces visiblemente cubiertas de nieve resplandeciente.

Y dadme el oscuro y comodo asador que sirve las mejores comidas fuera de Nueva York.

Bueno, podia haberse tratado de un golpe en la mision de San Juan Capistrano (eso habria sido peor), pero aun asi no seria el lugar al que me apetece ir cuando quiero dormir en paz.

El Hombre Justo siempre me hablaba con carino y supongo que tambien yo le hablaba del mismo modo. Me dijo:

– El hombre es un suizo, un banquero, un hombre que lava dinero, a partir un pinon con los rusos, no te creerias las mafias que han montado esos tipos, y ha de hacerse en su habitacion del hotel.

«Y era… mi habitacion.»

No respondi nada.

Pero sin decir palabra hice un juramento, rece una oracion. «Dios, ayudame. En ese sitio, no.»

Para decirlo de modo mas sencillo, me invadio una sensacion mala, la sensacion de una caida.

La oracion mas boba de mi antiguo repertorio vino a mi mente, la que me ponia mas furioso:

Angel de la guarda, dulce compania,

no me desampares de noche ni de dia,

no me dejes solo, que me perderia.

Me senti desfallecer al escuchar al Hombre Justo. Me senti fatal. No importa. Conviertelo en dolor. Conviertelo en presion, y te hara bien.

Despues de todo, me recorde a mi mismo, una de las ideas de las que parte tu jefe es que crees que el mundo seria mejor si tu murieras. Buena cosa para cualquier individuo al que todavia habia de destruir.

?Que es lo que hace seguir a la gente como yo, dia tras dia? ?Que dice Dostoievsky sobre el tema cuando habla el Gran Inquisidor? «Sin una nocion firme del objeto de la vida, el hombre no se resignaria a seguir viviendo.»

Como el infierno. Pero todos sabemos que el Gran Inquisidor es malvado y esta equivocado.

La gente continua viviendo incluso en circunstancias insoportables, como yo sabia muy bien.

– Este tiene que parecer un ataque al corazon -dijo el jefe-. Ningun mensaje…, solo un pequeno robo. De modo que deja los telefonos moviles y los ordenadores portatiles. Dejalo todo como lo encuentres, asegurate solo de que el hombre esta muerto. Desde luego, hay una mujer que no debe verte. Si la haces desaparecer, desaparece la coartada. La mujer es una zorra cara.

– ?Que hace el con ella en la suite nupcial? -pregunte. Porque eso era la suite Amistad, la suite nupcial.

– Ella quiere casarse. Lo intento en Las Vegas, fracaso y ahora lo esta presionando para hacerlo en la capilla de ese sitio absurdo al que va la gente a casarse. Es una especie de mito, ese lugar. No tendras ningun problema en encontrarlo ni en encontrar la suite nupcial. Esta situada debajo de una cupula techada con tejas. Podras verla desde la calle antes de examinar el lugar. Ya sabes lo que has de hacer.

«Ya sabes lo que has de hacer.»

Eso significaba el disfraz, el metodo de aproximacion, la eleccion del veneno para la jeringuilla, y la salida en las mismas condiciones creadas para la entrada.

– Veamos: lo que se es lo siguiente -dijo el jefe-. El hombre se queda y la mujer sale de compras. En todo caso esa fue la pauta en Las Vegas. Ella se va a eso de las diez de la manana, despues de chillarle durante hora y media mas o menos. Puede que ella almuerce fuera. Puede que beba tambien, pero no debes contar con eso. Entra tan pronto como ella se haya marchado de la habitacion. El tendra encendidos dos ordenadores, y puede que tambien ponga en funcionamiento dos telefonos moviles. Hazlo bien. Recuerda. Ataque al corazon. No importa que apagues todo el equipo.

– Puedo bajar todo lo que haya en los moviles y los ordenadores -dije. Estaba orgulloso de mis habilidades en ese terreno. Habian sido mi tarjeta de presentacion al Hombre Justo diez anos atras, eso y una deslumbrante falta de escrupulos. Pero entonces yo solo tenia dieciocho anos. Todavia no me habia dado cuenta de mi falta de escrupulos.

Ahora vivia con ella.

– Demasiado facil que alguien se de cuenta -dijo-. Y entonces sabran que ha sido un golpe. No puedo arriesgarme. Dejalo, Lucky. Haz lo que digo. Es un banquero. Si no lo eliminas, tomara un avion a Zurich y nos metera en un apuro.

No dije nada.

A veces dejamos un mensaje en esas cosas, y otras veces entramos y salimos como un gato en un callejon, y asi es como tenia que ser ahora.

Puede que fuera una bendicion a fin de cuentas, me dije. No habria rumores de un asesinato entre los empleados del unico lugar en el que me sentia relativamente a gusto, siquiera un poco por encima del nivel del polvo.

Rio con su risa habitual.

– ?Y bien? ?No vas a preguntarme nada?

Y yo le di mi respuesta habitual:

– No.

Se referia al hecho de que no me importaba por que razon queria matar a aquel hombre en particular. No me importaba quien era el hombre. No me importaba conocer su nombre.

Lo que me importaba era que elqueria que se hiciera.

Pero siempre formulaba esa pregunta, y yo siempre le contestaba con un no. Rusos, banqueros, lavado de dinero…, era el trasfondo habitual, pero no un motivo. Era un juego al que habiamos estado jugando desde la primera noche en que lo vi, o fui vendido a el, o me ofreci a el, o comoquiera que pueda describirse aquella notable serie de acontecimientos.

– No hay guardaespaldas, ni ayudantes -dijo entonces-. Esta solo. Pero incluso si hay alguien mas, sabes como manejarlo. Sabes lo que hay que hacer.

– Ya estoy pensando en ello. No te preocupes.

Colgo sin despedirse.

Me fastidio todo aquello. Me parecio mal. No os riais. No estoy diciendo que todos los demas asesinatos que he cometido me parecieran bien. Digo que en este habia algo peligroso para mi equilibrio, y en consecuencia que algo podia ir mal.

?Y si nunca podia volver alli y dormir de nuevo en paz bajo aquella cupula? Con toda probabilidad, eso es lo

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