Y entonces mi malestar interior se agravo, como solia ocurrirme en los ultimos tiempos. Solo que en esta ocasion era mas fuerte, mucho mas fuerte, y hablaba dentro de mi cabeza de un modo inesperado para mi.
«?Por que no te reunes con el? Sabes que deberias ir a donde va el. Deberias tomar ese pequeno revolver que llevas debajo del sobaco derecho y colocarte el canon debajo de la barbilla. Dispara hacia arriba. Tus sesos volaran tal vez hacia el techo, pero tu habras muerto por fin y todo estara oscuro, mas oscuro incluso de como esta ahora, y te habras separado para siempre de todos ellos, todos ellos: mama, Emily, Jacob, tu padre, tu innombrable padre, y todos los que son como el, como el que acabas de asesinar con tus manos y sin piedad. Hazlo. No esperes mas. Hazlo.»
No habia nada nuevo en aquella depresion profunda, me recorde a mi mismo, en ese deseo acuciante de acabar de una vez, esa aguda y paralizante obsesion por alzar el revolver y hacer exactamente lo que la voz decia. Lo inusual era la claridad de la voz. La sentia como si estuviera a mi lado, en lugar de dentro de mi. Lucky le hablaba a Lucky, como tantas otras veces.
Fuera, el extrano se levanto de la mesa, y vi con frio asombro que entraba por la puerta abierta. Se detuvo en medio de la habitacion, debajo de la cupula, mirandome mientras yo seguia en pie detras del moribundo.
El extrano tenia una figura bastante notable: alto y esbelto, con una mata de cabello negro suave y ondulado y ojos azules de una expresion extranamente amistosa.
– Este hombre esta enfermo, senor -dije de inmediato, apretando lo mas que pude la lengua contra la placa-. Creo que necesita un medico.
– Esta muerto, Lucky -dijo el extrano-. Y no escuches la voz que suena dentro de tu cabeza.
Aquello me resulto tan absolutamente inesperado que no supe que hacer ni que decir. Pero tan pronto como hubo pronunciado esas palabras, la voz de mi cabeza insistio:
«Acaba con todo. Olvida el revolver y las inevitables salpicaduras. Tienes otra jeringuilla en el bolsillo. ?Vas a dejar que te atrapen? Tu vida es ya un infierno. Piensa lo que sera cuando estes en prision. La jeringuilla. Hazlo ahora.»
– No le hagas caso, Lucky -dijo el extrano. Parecia emanar de el una inmensa generosidad. Me miro con tanta intensidad que era casi devocion, y tuve la sensacion inexplicable de que me amaba.
La luz vario. Una nube debia de haber destapado el sol porque la habitacion se ilumino y lo vi a el con una claridad rara, aunque estaba muy acostumbrado a fijarme en la gente y memorizar sus rasgos. Tenia mi misma estatura, y me miraba con evidente ternura e incluso preocupacion.
Imposible.
Cuando sabes que algo es desde todo punto imposible, ?que haces? ?Que habia de hacer yo ahora?
Meti la mano en el bolsillo y palpe la jeringuilla.
«Eso es. No desperdicies los ultimos preciosos minutos de tu odiosa existencia en entender a este tipo. ?No ves que el Hombre Justo ha hecho un doble juego?»
»No es eso -dijo el extrano. Miro al hombre muerto y su rostro cambio hasta adoptar una expresion de pena perfecta, y entonces se dirigio de nuevo a mi.
»Es hora de que salgas de aqui conmigo, Lucky. Hora de que escuches lo que tengo que decirte.
No pude pensar de forma coherente. El pulso me atronaba los oidos, y con el dedo empuje, aunque solo un poco, la caperuza de plastico de la jeringuilla.
«Si, salta fuera de sus contradicciones, y sus trampas y sus mentiras, y su inacabable capacidad para utilizarte. Derrotales. Ven ahora.»
– ?Ven ahora? -susurre. Las palabras se apartaban del tema de la rabia que invadia por lo general mi mente. ?Por que habia pensado eso, «ven ahora»?
– No lo has pensado -dijo el extrano-. ?No ves que el esta haciendo todo lo que abominablemente puede para derrotarnos? Deja en paz la jeringuilla.
Parecia joven y atento, y casi irresistiblemente afectuoso al mirarme, pero no tenia nada de joven y a la luz del sol aparecia resplandecientemente bello, y todo en el resultaba atractivo de una manera no forzada. Solo ahora me di cuenta, con algun sobresalto, de que llevaba un traje gris sencillo, y una preciosa corbata de seda azul.
No habia en el nada notable, salvo su rostro y sus manos. Y su expresion revelaba amistad y perdon.
«Perdon.»
?Por que razon alguien, quienquiera que fuese, habia de mirarme de esa manera? Con todo, tuve la sensacion de que me conocia, de que me conocia mejor que yo mismo. Parecia saberlo todo acerca de mi, y solo ahora cai en la cuenta de que me habia llamado tres veces por mi nombre.
Sin duda era el Hombre Justo quien lo enviaba. Sin duda la razon era que yo habia sido traicionado. Era mi ultimo trabajo para el Hombre Justo, y tenia delante de mi al asesino superior que acabaria con el viejo asesino que ahora se empenaba en ser mas misterioso de lo que valia.
«Entonces dales un chasco, hazlo ahora.»
– Te conozco -dijo el extrano-. Te he conocido toda tu vida. Y no vengo de parte del Hombre Justo. -Al decirlo, rio levemente-. Bueno, no del que tu llamas el Hombre Justo, Lucky, sino de otro que sies el Hombre Justo, deberia decir.
– ?Que quieres?
– Que salgas de este lugar conmigo. Que hagas oidos sordos a la voz que te esta intoxicando. Ya llevas demasiado tiempo escuchando esa voz.
Calcule. ?Como podia explicarse todo esto? No era solo el estres de estar en mi habitacion de la Posada de la Mision, no, eso no era suficiente. Tenia que ser el veneno, lo habia absorbido cuando lo preparaba, a pesar de los guantes dobles. No habia hecho las cosas exactamente como debia.
– Eres demasiado listo para eso -dijo el extrano.
«?Y ahora vas a hundirte en la locura…, cuando tienes el poder de darles la espalda a todos ellos?»
Mire a mi alrededor. Mire la cama de baldaquin; mire la ropa de cama familiar, de color marron oscuro. Mire la enorme chimenea, ahora a la espalda del extrano. Mire todo el mobiliario y los objetos de la habitacion que tan bien conocia. ?Como podia presentarse la locura de un modo tan repentino? ?Como podia crear una ilusion tan completa? Pero sin duda el extrano no estaba alli, y yo no estaba hablando con el, y la mirada calida e invitadora de su rostro solo era algun tipo de mecanismo de mi mente enferma.
Rio de nuevo, muy suavemente. Pero la otra voz seguia.
«No le des la oportunidad de quitarte la jeringuilla. Si no quieres morir en esta habitacion, maldita sea, sal fuera. Encuentra algun rincon de este hotel, los conoces todos, y acaba alli de una vez y para siempre con todo.»
Durante un segundo precioso, estuve seguro de que la figura se desvaneceria si me acercaba a ella. Lo hice. El extrano era tan solido y palpable como antes. Se aparto y me hizo el gesto de dejarme paso para salir delante de el.
Y de pronto me encontre a mi mismo en la galeria, a la luz del sol, y los colores que me rodeaban eran maravillosamente vivos y tranquilizadores, y no senti ninguna urgencia de nada, de consultar ningun reloj.
Le oi cerrar la puerta de la suite, y un instante despues lo vi a mi lado.
– No me hables -dije, de mal humor-. No se quien eres ni lo que quieres ni de donde vienes.
– Me has llamado tu -dijo con su voz siempre tranquila y agradable-. Me has llamado otras veces, pero nunca con tanta desesperacion como ahora.
De nuevo tuve la sensacion de que el amor fluia de el, de un conocimiento infinito y una aceptacion inexplicable de quien y que era yo.
– ?Te he llamado?
– Has rezado, Lucky. Has rezado a tu angel custodio, y tu angel custodio me ha transmitido a mi tu suplica.
Sencillamente, no habia forma humana de que yo pudiera aceptar una cosa asi. Pero lo que me impresiono mas fue que el Hombre Justo no tenia forma de saber que yo habia rezado, y posiblemente tampoco podia saber lo que pasaba por mi cerebro.
– Se lo que pasa por tu cerebro -dijo el extrano. Su rostro era tan atractivo y confiado como antes. Si, era confiado, como si no tuviese nada que temer de mi, de ninguna de las armas que llevaba, de ningun acto desesperado al que pudiera entregarme-. Te equivocas -dijo en voz baja, y se acerco mas a mi-. Hay actos de desesperacion que no quiero que cometas.
