»?No conoces al Diablo cuando lo ves? ?No sabes que es el padre de las mentiras? Puede que haya diablos especiales para las personas como tu, Lucky, ?no se te ha ocurrido nunca?
Mi mano fue de nuevo al bolsillo en busca de la jeringuilla, pero al instante la retire.
– Diablos especiales, es muy probable -dijo el extrano-, y angeles especiales tambien. Lo sabes por tus antiguos estudios. Los hombres especiales tienen angeles especiales, y yo soy tu angel, Lucky. He venido a ofrecerte un modo de salir de esto, y no debes, de ninguna manera debes, tocar esa jeringuilla.
Yo me disponia a hablar, cuando la desesperacion se abatio sobre mi como si alguien me hubiera envuelto en un sudario, aunque nunca he visto un sudario. Fue sencillamente la imagen que se me ocurrio.
«?Es asi como quieres morir? ?Loco, en alguna celda estrecha con personas que te torturaran para sacarte informacion? Sal de aqui. Sal. Ve a donde puedas colocar el revolver debajo de tu barbilla y apretar el gatillo. Cuando viniste a este lugar y a esta habitacion sabias que despues lo harias. Siempre has sabido que este seria tu ultimo asesinato. Por eso te has traido la jeringuilla extra.»
El extrano se echo a reir como si no pudiera reprimirse.
– Esta echando el resto -dijo en voz baja-. No escuches. No habria levantado la voz de forma tan estridente de no estar yo aqui.
– ?No quiero que me hables! -estalle.
Una pareja joven se acercaba a nosotros por la galeria. Me pregunte lo que veian. Evitaron mirarnos, y sus ojos se dirigieron a la arquitectura de ladrillo y las pesadas puertas. Creo que las flores les maravillaron.
– Son los geranios -dijo el extrano mientras paseaba la vista por los tiestos que nos rodeaban-. Y quieren sentarse en esta mesa, de modo que, ?por que no nos vamos tu y yo?
– Me voy -dije, furioso-, pero no porque tu lo digas. No se quien eres. Pero una cosa te digo. Si te ha enviado el Hombre Justo, sera mejor que te prepares para una pequena batalla, porque voy a acabar contigo antes de irme.
Camine hacia la derecha y empece a bajar la escalera de caracol de la gran rotonda. Me movia deprisa, para silenciar de forma deliberada y total la voz que sonaba en mi cabeza, y asi cruce una terraza tras otra y llegue a la planta baja. Lo encontre alli.
– Angel de la guarda, dulce compania -susurro. Me esperaba apoyado en la pared, con los brazos cruzados en una actitud recogida, pero entonces se irguio y se coloco a mi lado mientras yo seguia caminando tan deprisa como podia.
– Se franco conmigo -dije entre dientes-. ?Quien eres?
– No creo que estes dispuesto a creerme -dijo, con su actitud tan amable y solicita como siempre-. Preferiria que hablaramos de camino, volviendo a Los Angeles, pero si insistes…
Senti que el sudor empezaba a brotar de todos los poros de mi cuerpo. Me quite la placa de la boca, y tambien me arranque los guantes de latex. Los meti de cualquier manera en el bolsillo.
– Con cuidado. Si destapas esa jeringuilla, te perdere -dijo, y se arrimo un poco mas. Se movia tan deprisa como yo, y ahora nos acercabamos ya a la entrada principal del hotel.
«Conoces la locura. La has visto. Ignoralo. Si dejas que te enrede, estas acabado. Entra en la camioneta y sal de aqui. Busca algun lugar a un lado de la carretera. Y ya sabes lo que has de hacer.»
La sensacion de desesperacion era casi cegadora. Me detuve junto a la camioneta. Estabamos debajo del campanario. No podia haber un lugar mas encantador. La hiedra reptaba por entre las campanas, y la gente circulaba junto a nosotros por el sendero, a izquierda y derecha. Podia oir las risas y la charla en el restaurante mexicano vecino. Podia oir gorjear a los pajaros en los arboles.
El estaba a mi lado y me miraba con intencion, me miraba del modo como habria querido que me mirase un hermano, pero no tenia hermanos, porque mi hermano menor habia muerto hacia mucho, mucho tiempo. «Por mi culpa. El pecado original.»
Perdi el aliento. Sencillamente, la respiracion me abandono. Lo mire directamente a los ojos y vi de nuevo amor, amor puro y no adulterado, y aceptacion, y entonces muy despacio, con cautela, coloco su mano en mi hombro izquierdo.
– Muy bien -susurre. Temblaba-. Has venido a matarme porque te ha enviado el. Cree que soy un chapucero y me ha tachado de la lista.
– No, no y no.
– ?Soy yo el que ha muerto? ?Me he inyectado de alguna manera ese veneno en las venas sin enterarme? ?Es eso lo que ha sucedido?
– No, no y no. Estas muy vivo, y por eso quiero que me escuches. Tu camioneta esta a cincuenta pasos de aqui. Les dijiste que la colocaran junto a la entrada. Saca el ticket del bolsillo. Haz los pocos gestos que te quedan por hacer en este lugar.
– Me estas ayudando a completar el crimen -dije, rabioso-. Aseguras ser un angel, pero estas ayudando a un asesino.
– El hombre de alla arriba se ha ido, Lucky. Sus angeles lo acompanaban. Y ahora no puedo hacer nada por el. He venido a buscarte a ti.
Habia en el una belleza indescriptible cuando dijo esas palabras y repitio su amistosa invitacion, como si de alguna manera pudiera enderezarlo todo en este mundo torcido.
Rabia.
No iba a perder la cabeza. Y no creia que el Hombre Justo pudiera dar con esa clase de asesino ni aunque lo buscara durante cien anos.
Avance con las piernas temblorosas, tendi el ticket envuelto en un billete de veinte dolares al chico que me esperaba, y salte al interior de mi camioneta.
Por supuesto, el tambien entro. Parecio ignorar el polvo y la suciedad que habia por todas partes, el abono y el periodico arrugado y las demas cosas que habia puesto para que pareciera el vehiculo de una empresa, y no de un particular.
Arranque, di un giro brusco y me dirigi hacia la carretera.
– Se lo que ha ocurrido -dije, por encima del ruido del viento caluroso que entraba por las ventanillas abiertas.
– ?Y que ha sido exactamente?
– Yo te he creado. Te he imaginado. Y esa es una forma de la locura. Y todo lo que tengo que hacer para acabar con esto es estrellar la camioneta contra un muro. Nadie saldra perjudicado excepto yo y tu, esa ilusion, esa cosa que he creado porque he llegado de alguna manera al final del camino. Ha sido en la habitacion, ?no es asi? Se que ha sido asi.
Se limito a reir sin ruido para si mismo y mantuvo los ojos fijos en la carretera. Al cabo de un momento, dijo:
– Vas a ciento ochenta kilometros por hora. Te van a parar.
– ?Aseguras o no que eres un angel?
– Claro que soy un angel -respondio, mirando todavia al frente-. Ve mas despacio.
– ?Sabes? He leido un libro sobre angeles hace poco -le dije-. ?Sabes? Me gusta esa clase de libros.
– Si, tienes una biblioteca considerable sobre temas en los que no crees y que ya no consideras sagrados. Y fuiste un buen chico cuando estabas en el colegio de los jesuitas.
De nuevo me quede sin aliento.
– Oh, eres un asesino de cuidado cuando me tiras todo eso a la cara -dije-, si, eso es lo que eres.
– No he sido nunca un asesino y nunca lo sere -dijo en tono calmado.
– ?Eres un complice post facto!
De nuevo rio sin voz.
– De haber querido impedir el crimen, lo habria hecho -dijo-. Recuerda que has leido que los angeles son en esencia mensajeros, la personificacion de la funcion que ejercen, por asi decirlo. Eso no ha debido de sorprenderte, pero lo que si es una sorpresa para ti es que me hayan enviado a ti como mensajero.
Un embotellamiento de trafico nos obligo a circular mas despacio, despues a ir a paso de tortuga, y finalmente a detenernos. Lo mire a los ojos.
La calma descendio sobre mi, pero me di cuenta de que sudaba bajo la fea chaquetilla verde que llevaba, y sentia aun inseguras mis piernas, con un temblor en el pie que apretaba el pedal del freno.
– Te dire lo que se de ese libro sobre los angeles -dije-. Tres de cada cuatro veces intervienen en incidentes
